lunes, 27 de junio de 2016

El Muroi, un demonio poseedor de cadáveres - Artículos



El Muroï, originalmente considerado un demonio, integra también la desmejorada raza de vampiros proveniente de lo que actualmente es la República Checa. Su nombre, evocador como casi todos los demonios, significa literalmente «destino», en un sentido más cercano a la fatalidad que a la buena ventura.

Se dice que este demonio sólo es capaz de tomar posesión del cadáver corrupto de una persona maligna, particularidad que lo ubica como uno de los réprobos más populares entre políticos y banqueros.

Sus primeras leyendas medievales aclaran que el Muroï está ferozmente enfrentado contra todos los símbolos de la fe, incluso aquellos que orbitan en la periferia de la ortodoxia, como el Golem, según los mitos hebreos, una especie de homúnculo o autómata que puede ser creado por un rabino.

Su nacimiento, de hecho, es precedido por una serie de signos inconfundibles; uno de ellos, consiste en la aparición de lágrimas de sangre en todas las imágenes de la Virgen María cercanas a su cubil, que probablemente expresa dolor y ofensa frente a lo abominable de su presencia.

La única forma de que el Muroï no articule sus ataques es identificando el cadáver del poseso y removiendo su corazón. Si esta precaución es pasada por alto se debe solicitar la ayuda de un rabino o un sacerdote católico para que se enfrente con el engendro. Esta batalla no se desarrolla en el terreno filosófico, sino directamente a los garrotazos.

Cuando su presencia es denunciada por las imágenes de la Virgen María que lloran sangre, el rostro del Muroï adquiere un tinte rojo bastante característico. Su voz desaparece; en cambio, es reemplazada por prolongados llantos que paralizan a los incautos que tienen la mala fortuna de cruzarse con él.

Ciertos demonólogos sostienen que su lamento no es escuchado por todos sino únicamente por quienes están destinados a ser sus víctimas.

Si bien este demonio-vampiro resiste la luz del sol, el ajo y los crucifijos, durante el día prefiere ocultarse en su ataúd o en cualquier otra guarida que le permita recuperar sus fuerzas. Para descubrir la ubicación precisa de su escondite se debe trasladar una imagen de la Virgen María y aguardar el brote lacrimógeno, cuya frecuencia e intensidad son directamente proporcionales a su cercanía con el réprobo.

Estas precauciones tienen que ver con la idea de que el Muroï sólo puede ser vencido dentro de su guarida, durante el día, y siempre bajo el patrocinio de la Virgen María. Una vez extirpado el corazón, se le debe arrancar la piel entre el dedo pulgar y el dedo índice de las manos con unas tijeras de acero.

Nadie, hasta ahora, ha logrado interpretar satisfactoriamente la importancia de esta mutilación, aunque algunos eruditos conjeturan que el Muroï utiliza la piel interdactilar a modo de megáfono, es decir, para aumentar la intensidad de su llanto y dirigirlo hacia la víctima que previamente ha seleccionado.

Todo parece indicar que cuando este sistema falla, el Muroï puede morir nuevamente si se lo reduce a cenizas.

Su muerte, sin embargo, no trae consuelo a sus víctimas. Quienes han escuchado el llanto de este demonio lo sentirán durante el resto de sus vidas como un zumbido lejano, persistente y aterrador que palpita en lo profundo de los oídos.

Las imágenes de la Virgen María que han llorado sangre para denunciar su aparición continuarán vertiendo lágrimas incesantemente, hasta que sus siluetas sean ya indistinguibles de la costra sanguinolenta que las recubre.



FUENTE: elespejogotico.blogspot.com.ar

martes, 21 de junio de 2016

El espejo (Microrelato) por Mauro Croche - Historias de terror



Se miraba todos los días al espejo, esperando encontrarse más hermosa. Pero el reflejo le devolvía, burlón, el atroz paso del tiempo, que suele recrudecerse con el correr de los inviernos.
Convocó entonces al Señor de las Tinieblas, e hizo un pacto con él.
"Tu eterna belleza y juventud, a cambio de las almas de tus hijos".
"Pero, señor mío, yo no tengo hijos..."
"Los tendrás a partir de ahora. Uno cada año, hasta que tu conciencia diga basta".
Y la mujer tuvo 666 hijos, durante 666 años, y a cada uno de ellos los amó y perdió, y los amó y los volvió a perder, hasta que, asqueada de sí misma, en un arranque de furia rompió la superficie oscura del espejo, y con uno de sus fragmentos se arrancó la piel aún radiante del rostro.


Autor: Mauro Croche (www.666cuentosdeterror.com/)

miércoles, 15 de junio de 2016

"Muerte a los Testigos de Jehova" por Mauro Croche - Historias de terror



-Perdóneme padre, porque he pecado. Mi última confesión fue hace dos años. Desde entonces he cometido varios pecados, pero ninguno como el que me tiene a maltraer desde hace cuatro días. El padre, con leve curiosidad, dirigió una mirada a través de la celosía. Alcanzó a ver a un hombre corpulento, arrodillado frente al confesionario con la cabeza gacha. Sus manos colgaban a ambos lados de su cuerpo. Parecía alguien dispuesto a recibir la plegaria de absolución… o un hachazo en la cabeza. El padre volvió a dirigir la mirada hacia sus propias manos, donde un rosario descansaba entre sus dedos. -Continúa, hijo, continúa.
-¿Por dónde empezar? Creo que sería mejor contarle lo de la muerte de mi esposa.
-Te escucho.
-Ella falleció hace unos quince meses. Cáncer de mama. Ella… ella luchó contra su enfermedad hasta el último momento. Al final, de mi querida Mary sólo quedaba un saco de huesos y piel… pero ella seguía luchando. Creo que fue la lucha más conmovedora que vi en mi vida. Pero Dios no se apiadó de ella. Falleció el nueve de Julio del año 2014, a los treinta y cuatro años de edad. Y una parte de mí, qué le voy a contar, murió con ella. Sobre todo la parte de mí que creía. Que pensaba que las cosas que uno vive en esta vida sirven para algo. O que, al menos, tienen un significado. Durante un tiempo lo seguí pensando… hasta que ocurrió lo de hace cuatro días atrás.
-¿Qué ocurrió?
-Primero, debería contarle lo de la muerte de Mary. O mejor dicho, lo que ocurrió después.
-¿Y qué ocurrió después?
-Hubo un funeral. Y mucha gente que iba a visitarme. Familiares. Amigos. Personas que hacía años no veía. Trataron de darme consuelo, pero uno no puede encontrar consuelo en las palabras vacías que se les dicen a los deudos. ¿Cómo se supone que puede ayudar una frase como: “Ya dejó de sufrir”? ¿Qué se supone que quiere decir eso? ¿Que es preferible la muerte al sufrimiento? Si es por eso, entonces ya todos podemos dejarnos morir, porque el sufrimiento forma parte de la vida, nadie está exento de él. Y no me venga con que son pruebas que Dios nos pone en el camino. Yo sé que no es así. Son, simplemente… cosas que suceden. Como cuando una piedra se desprende de un acantilado. No significa nada. Es sólo eso: una piedra que se desprende del acantilado. No tiene sentido buscar significados allí donde no hay nada más que una casualidad.
-¿Y entonces?
-De todas esas personas que vinieron a visitarme durante del velorio, hubo una en especial… Una chica. Luciana, vivía a la vuelta de mi casa. Se notaba que era muy tímida y que le costaba acercarse para ofrecerme su pésame. No era la primera vez que la veía, pero sí la primera que me fijaba en ella. Vestía muy sencillo y su andar era cauto, como si temiera tropezarse con alguien en el camino. Parecía una gacela olfateando el peligro… Se acercó por fin y me dijo algo así como que Dios acogería a Mary en su seno. Textuales palabras. Fue ahí que caí en la cuenta. Debí haberme dado cuenta antes, por su forma de vestir pacata y su mirada huidiza. Luciana era Testigo de Jehová. Yo no tengo mucha simpatía por las religiones, pero la de los Testigos es una de las que más rechazo me da. No sé si habrá leído usted, Padre, alguno de esos folletos que dejan en las puertas de las casas, realmente son patéticos. La forma en que consideran a la mujer, poco más que figurita de porcelana que debe quedarse en la casa para cuidar a los hijos. Los hombres no deben estudiar en las Universidades, porque corren el peligro de caer en soberbia ante los ojos de Dios. Y qué se yo cuántas tonterías más. Eso en cuanto a la ideología. Porque con respecto al fanatismo… son únicos. No hay nadie más cerrado, ciego, fanático y obtuso que un Testigo de Jehová. Discutir de religión con uno de ellos es una completa pérdida de tiempo, es embarcarse en una discusión que nunca tendrá final, pero tampoco principio. En fin. La vi a esa chica y me di cuenta de que era Testigo de Jehová y una lucecita de malicia se despertó en mí. Porque ésa fue otra consecuencia de la muerte de Mary: que yo me volví un ser indigno. Había mucho rencor acumulado en mi alma. Quería que a todos les fuera tan mal como a mí. Que todo el mundo se sintiera tan solo como yo. Y al ver a esa chica angelical, de mirada tan ingenua y pura, que aún no había sido tocada por el mal del mundo… No pude resistirlo. No hay peor cosa para un miserable que ver a un ser lleno de luz caminando a su encuentro con los brazos abiertos. Créame, Padre: ésa es la peor ofensa que en ese momento de mi vida podían hacerme.
Así que lo hice. Comencé mi plan para corromper a la chica. La invité a hablar a mi casa. Le dije que yo había perdido la fe y que ella era la única que podía devolvérmela, a través de sus mensajes y sus revistas de colores. Qué excusa barata, ¿no? Y sin embargo, ella lo creyó de pies a cabeza. Gustosa, quizá pensando que cumplía una misión evangelizadora, comenzó a leerme la Biblia y me hablaba de la palabra de Jesús, de los Apóstoles, del mensaje que dejaba Dios en cada milagro del mundo. Y yo fingía interesarme en sus falaces argumentos, pero en el medio dejaba caer ideas que la incomodaban. Por ejemplo, citaba el famoso acertijo de Epicuro, aquel que sostiene la imposibilidad de un Dios a través de la simple existencia del Mal. O comenzaba a torcerle las preguntas hasta llevarla hasta un punto en que sólo obtenía un azorado silencio de su parte. Ella al final se recomponía y regresaba a su zona segura, pero yo sé que meditaba en mis palabras durante la noche, dando vueltas sobre la cama y preguntándose cómo era que yo la había confundido con tanta facilidad.
Podía ver cómo su fe tambaleaba día tras día, como un árbol de raíces demasiado superficiales hostigado por un viento poderoso. Yo, por mi parte, me sentía dichoso. Por primera vez desde la muerte de Mary, sentía una especie de oscuro regocijo que se me clavaba en el corazón y me hacía desear más. Hasta que un día… bueno, sucedió algo que nunca preví.
Porque yo sólo deseaba quitarle la fe, ¿entiende? Mi plan no iba más allá de ver cómo su alma se marchitaba y quedaba tan negra y devastada como la mía. Pero entonces comencé a percibirlo. Dije anteriormente que nunca lo preví, y es cierto, pero también debí haberlo imaginado, porque son cosas que suceden a diario. Y es que el mal… el mal ejerce una influencia poderosa sobre la gente bondadosa, pero débil. Y eso fue lo que le ocurrió a la pobre Luciana. Ella comenzó, lenta pero inevitablemente, a enamorarse de mí.
Creo que fue ahí donde debí interrumpir el proceso de corrupción. Hacerme a un lado antes de que fuera demasiado tarde. Pero es que Luciana era tan débil, tan dulce, tan tentadora… No pude resistirme. Fingí que su amor se correspondía, y durante los primeros días de diciembre del año anterior decidimos casarnos.
Demás está decir que la verdadera pesadilla de Luciana comenzó allí. Yo, incapaz ya de contenerme, investido en mi papel de marido contenedor y omnipotente, me dediqué a humillarla, de todas las maneras posibles. Ella resistió con verdadero estoicismo y me ofreció la mejilla siempre que pudo, pero era evidente que yo estaba acabando con ella. Enflaqueció de manera notoria y su piel se volvió traslúcida, como la de una medusa. Dejó de rezar por las noches y lentamente, casi en forma imperceptible, fue entregándose a mi paciente oscuridad.
¿Le dije que los Testigos de Jehová son cerrados y fanáticos? Son tan cerrados que discutir con ellos es como discutir con un muro de piedra… Pero a veces también reaccionan. Supongo que lo hacen cuando ya no tienen remedio… una especie de último y desesperado recurso.
Aún me pregunto de qué parte de su ser Luciana sacó las fuerzas necesarias para alzarse ante mí y darme aquel veneno en la comida. Eso fue hace cuatro días atrás… ¿o cinco? No importa. Lo que importa es que yo me comí ese veneno disfrazado. Desde la primera hasta la última miga. Y los retorcijones empezaron a la noche. Mi cuerpo se dobló en dos y expulsó una sorprendente cantidad de sangre. Pedí ayuda a Luciana, pero ella se había hincado para rezar, quizá por última vez. Sentí que me faltaba la respiración y entonces… bueno, ahora estoy aquí, ¿no?
-¿Qué pasó con Luciana?
-No lo sé.
-¿Cómo no lo sabe? ¿Cómo puede no saberlo?
-¿Usted cree en la efectividad del Sacramento de la Reconciliación, Padre? Es decir, si yo realmente me arrepiento de mis pecados, ¿mi alma estará a salvo del Infierno?
-Veo que ahora sí cree en Dios.
-No respondió a mi pregunta. ¿Lo cree, o no?
-Claro que lo creo. De lo contrario, no estaría aquí, escuchándolo.
-Se supone que usted debe otorgarme una penitencia, y luego la absolución, ¿verdad?
-Exacto. Pero de nada sirve si usted no realiza la contrición, el arrepentimiento real del alma.
-Créame que estoy totalmente arrepentido de lo que hecho, Padre.
-Yo le diría que rece el padrenuestro. Durante todo el día, cada vez que tenga un rato libre. Que lo haga durante una semana, un mes, un año si es necesario. Y pida perdón a Luciana por todo lo que ha hecho. Si logra hacer esto desde su corazón, entonces logrará acercarse a la misericordia de Dios. -Lo haré, Padre, juro que lo haré.
-Yo te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
-Amén. Gracias, Padre.
-Ve con Dios, hijo. Y no olvides lo que te dije.
-No, Padre.
El Padre volvió a mirar a través de la celosía. El tipo seguía allí, arrodillado. Su cabeza seguía gacha y las manos en la misma posición que antes. ¿Y no había algo que salía de su cabeza? ¿Algo parecido al humo?
-¿Hijo? ¿Sucede algo malo? Ya puedes retirarte si quieres.
-No funciona.
-¿Qué cosa no funciona?
-La absolución. Vienen a buscarme.
-¿Quiénes?
-Aquellos que moran en el sitio de donde escapé.
-¿El sit… ¿De qué sitio estás habland…
El tipo de repente alzó la cabeza. Su boca se encontraba abierta, y de ella salía humo y fuego. Sus ojos eran dos círculos oscuros enmarcados por lágrimas de sangre. Alzó un brazo en dirección al Padre y comenzó a temblar y a sacudirse. Su cuerpo se dobló hacia atrás y se sintió el crujido de las vértebras al superar el ángulo de torsión permitido por la naturaleza. El hombre comenzó a gritar.
-El veneno funcionó… Estoy muerto, Padre. Escapé del Infierno para tratar de salvar mi alma con la confesión, pero no funciona… ¡No funciona! ¿Por qué no funciona? ¿Por qué no funciona?
Las luces del recinto sagrado se apagaron. Comenzó a escucharse una risa… la risa más enloquecida que el Padre había escuchado jamás. Y gruñidos. Y voces que susurraban obscenidades en la completa oscuridad. El Padre salió del confesionario y entonces sintió que unas manos le rozaban la mejilla, jugaban con su sotana, fingían apretarle el cuello. Se hizo atrás de un salto y las velas del altar se encendieron con un chispazo. En la penumbra del atrio, vio que unas sombras deformadas se movían entre los bancos del púlpito. Y alguien que gritaba y trataba de escapar. Con manos temblorosas el Padre apretó el rosario y preguntó quién se encontraba allí: unas voces le respondieron con aullidos y risas burlonas.
-¡No se atrevan a irrumpir en la Casa de Dios!- vociferó el Padre apretando aún más el rosario-. ¡No se atrevan…
Las luces volvieron a encenderse.
En la iglesia no había nadie.
Nadie a excepción del sacerdote, que temblando se acercó al lugar donde el pecador había intentado su desesperada Reconciliación.

Tampoco allí halló a nadie, a excepción de una marca de fuego, perfectamente cilíndrica, que parecía haber carcomido la madera del piso y se adentraba hacia una profunda, imposible oscuridad.


Autor: Mauro Croche
Todos los derechos reservados. Prohibida su copia o reproducción sin el consentimiento del autor

lunes, 6 de junio de 2016

Diecinueve y treinta - Historias de terror y Creepypastas



Eran las diecinueve y treinta horas y el mucamo corrió presuroso para atender el teléfono.

Es que ya hacia tres días, que no tenía noticias de su patrón el señor Arregui. Levantó el auricular y se produjo el siguiente dialogo:

< Hola Rogelio, habla Juan José.>

< Ah… por fin señor. Ya estaba preocupado. ¿Está usted bien?>

< Si Rogelio no te preocupes, es que tuve que emprender un viaje inesperado y me ausentaré no sé bien por cuanto tiempo.

Todos los días me voy a comunicar con vos para pedirte que hagas algunas cosas que quedaron pendientes.

Detrás del cuadro que está en mi oficina, escrita en el marco, vas a encontrar la clave de la caja fuerte, allí tendrás suficiente dinero para unos meses.

Podrás disponer de él para las cosas de la casa, y por supuesto para tu sueldo.

En el Banco Nación que está en la esquina de casa, tengo una caja de seguridad. Las llaves, el número y una credencial que te autoriza abrirla, también las encontraras en la caja fuerte.

Menos mal que hace ya bastante tiempo, se me ocurrió hacerte este poder, por si se presentaba alguna vez una situación como esta.

En la caja de seguridad, hay acciones de distintas empresas importantes, bastante dinero y algo de oro, vas a manejar todo esto según mis instrucciones.

Siempre confié en vos.

Bueno por hoy es bastante y no quiero atolondrarte con más recomendaciones.

Por ultimo te encargo que les avises a mis amigos, los muchachos del club; que no voy a poder ir más por un tiempo todos los martes y jueves, a jugar tenis como de costumbre.>

< Bueno señor, muchas gracias por su confianza y espero no defraudarlo.>

< Mañana te llamo nuevamente. Chau Rogelio cuidate y gracias.>

Todos los días, a las 19:30 en punto, Arregui se comunicaba con su sirviente, para que le pasara el parte de novedades diarias, y darle las directivas pertinentes a estas.

Nunca mencionaba dónde se encontraba, solo decía que aún no había llegado a destino y que quizás lo haría en pocos días más… "Es que el camino es muy malo e intrincado…" – Decía Arregui. – ­

Así pasaron seis meses, hasta que el patrón por fin dijo haber llegado. Aunque, como era ya habitual, no dijo dónde.

Habiendo ya concluido todos los asuntos pendientes que había dejado en Buenos Aires, con la colaboración de Rogelio, dejó de hacer su llamada rutinaria a la hora establecida.

A estas alturas el asistente era virtualmente el dueño de casa haciendo y deshaciendo a su antojo.

Luego de varias semanas, a la hora exacta de las 19.30 suena el teléfono.

El criado atendió sorprendido:

< Hola Rogelio. ¿Cómo estas? >

< Bien señor. Hacía mucho que no llamaba. ¿Qué pasó?>

< Nada. Sólo estuve tratando de conseguir donde instalarme, me llevó un tiempo.

Allá en Buenos Aires, queda poco y nada por hacer, yo te necesitaría acá conmigo, me serías de gran ayuda.

¿Te parece bien si te mando a buscar en un par de semanas? >

< Si señor, como usted diga. Pero… ¿Dónde se encuentra? >

< Mirá Rogelio, no sé como explicarte. Pero es lejos, prepárate para un viaje largo.

< Hasta luego. Nos vemos pronto. >

< Adios señor. >


El mucamo fue preparando su equipaje en el transcurrir de dos semanas.

Al finalizar la segunda, enciende el televisor casualmente faltando pocos minutos para las diecinueve y treinta.

En el informativo, dan la noticia de un campesino que, caminando por la orilla de la ruta, ve en el fondo de un precipicio tapado por unos arbustos, un automóvil en cuyo interior, se hallaba el cadáver de un hombre en avanzado estado de descomposición.

La noticia capturó su atención de inmediato y se paró frente al aparato para escuchar bien de qué se trataba.

Mientras mostraban las imágenes del sitio, el locutor seguía leyendo:

“Fuentes policiales informan que al parecer, el cuerpo habría estado allí por más de seis meses. Los documentos encontrados en él, pertenecerían a un tal Juan José Arregui importante empresario de Buenos Aires. Quién habría caído al precipicio, por causa de un reventón en uno de los neumáticos del rodado.”

Al escuchar semejante crónica, el mucamo invadido por una mezcla de pánico y estupor, siente una puntada aguda en su pecho, mientras su corazón late a una velocidad inusual y frenética.

Su respiración se hace cada vez más dificultosa, y tomándose con ambas manos el costado izquierdo, e intentando desesperadamente tomar algunas bocanadas de aire cae muerto sobre el sillón que tenía a su espalda, exactamente a las 19.30 horas.

Tal como le dijo Arregui… Puntualmente en dos semanas lo mandó a buscar.

miércoles, 1 de junio de 2016

El hospital psiquiátrico de Aradele - Artículos



El hospital psiquiátrico de Aradele aún continúa en pie y de hecho es uno de los puntos turísticos en Australia, para aquellos que desean ver cómo era una clínica de rehabilitación mental en el pasado.

Sin embargo, en su interior aún se pueden escuchar los alaridos que quedaron atrapados entre los muros acolchonados. Hay un relato de terror que cuenta que el director del hospital a veces aceptaba encerrar a personas completamente cuerdas, si los familiares de la víctima aceptaban pagarle una gran suma de dinero, luego de cobrar la herencia.

Precisamente se dice que uno de esos potentados fue llevado contra su voluntad hasta las puertas de Aradele, para ser tratado como un interno más. A pesar de que ese individuo luchó con fuerza, con el único fin de escapar, siempre era encontrado por los vigilantes del hospital quienes no solamente lo encerraban sin comer en su cuarto, sino que a veces lo llevaban al sótano junto a la morgue, para practicarle sesiones de electrochoques.

En uno de sus últimos intentos, dicho paciente logró coger un bisturí y amenazar a uno de los doctores con cortarle la garganta, si éste no lo ayudaba a escapar de allí. Sin embargo, el director de Aradele colocó a cinco de sus guardias mejor entrenados en las salidas de emergencia y aunque con un poco de trabajo, lograron neutralizarlo.

Al día siguiente, se les anunció a sus familiares, que se le practicaría un procedimiento quirúrgico en el cual se llevaría a cabo una lobotomía, la misma se haría para bloquear las funciones nerviosas de su cerebro y así dejarlo prácticamente en un estado de animación suspendida.

Aquella noche los ingresados lunáticos de la clínica psiquiátrica Aradele estaban haciendo demasiado ruido en sus cuartos, como previendo que un frenesí de venganza estaba por desatarse.

Luego de la operación, salió el cirujano y les comunicó a los familiares del acaudalado paciente que el procedimiento había sido todo un éxito y que ya no deberían preocuparse de sus locuras, pues lo único que él podría hacer de ahora en adelante sería beber sus alimentos a través de una pajilla.

Adicionalmente, dos horas más tarde el paciente falleció y su cuerpo fue llevado al depósito de cadáveres, en donde el patólogo le practicaría la autopsia de rutina. No obstante, cuando llegó el médico se dio cuenta de que en la sala no había restos que examinar.

Subió a la oficina del director a comentarle lo que había observado y al entrar a su despacho, se encontró con que la autoridad del psiquiátrico yacía moribunda sobre el escritorio.

Espeluznado el médico forense gritó:

– ¿quién fue, quién fue? Cuestionamiento que el director del hospital no pudo contestar, pues le faltaban tanto la lengua como sus dientes.

No transcurrieron ni dos meses, cuando la gente de esa localidad se enteró que uno a uno los familiares de aquel inocente paciente habían muerto en circunstancias poco claras.

Dato curioso:

Durante 140 años fue operativo, hasta que fue cerrado en 1998. Actualmente forma parte de un campus universitario.

Precisamente, debido a esto último, muchos estudiantes han testificado escuchar gritos y lamentos de los edificios que aun están en pie. Aparte, al momento de su demolición, se encontraron anexos a la morgue, donde se hallaron varios cadáveres. Se dice que Aradele fue un centro importante donde se practicaron cientos de lobotomías, generalmente con malos resultados.

martes, 31 de mayo de 2016

La Hermandad de Los Usuarios Rojos - Historias de terror y Creepypastas



Soria67 se unió al chat

Bienvenido a La_Hermandad!

Usa /j para enviar mensajes.

<<<Chat para miembros exclusivos>>>


Leo24@ se ha desconectado.

Galord12: Te digo que es cierto.

Jose90: Enserio debes verla

Sebaqwerty: Galord, no insistas no te creo.

Rauel3: De veras? Es tan buena José?

Jose90: Sii yo lo flipe tio!

Galord12: Tú te lo pierdes

Fask24: Me agotan, chicos.

Diane00: Ustedes acaban con la magia de todo.

Por un momento no estoy seguro si realmente una persona coherente como yo debería seguir visitando este chat. A pesar de tanto tiempo que me tomó tener acceso, dudo si era cierto todo aquel «rumor» que fue propagándose por la web oficial. Chismes. Aquello que uno inventa, el resto dispersa. El mito de que un día incierto, cada seis meses, un usuario en especial vaga por uno de estos chatrooms, para finalmente acabar en este tipo de charlas virtuales, a las que se conoce con el nombre de «chats rojos». Se les llama así a los tipos de comunicación digital que son «exclusivas» y a las cuales solo los «usuarios rojos» pueden acceder. Únicamente las personas que llevan en esta página más de veinticuatro meses activos pueden llegar a ser considerados «rojos», aquellos que son adictos, no tienen vida misma o simplemente entran con el fin de sentirse superiores a los demás usuarios comunes. Aquellos con aires de grandeza y delirios de esnobismo que son capaces de aguantarse la tediosa tarea de entrar y soportar dos largos años de tormento 
a cada troll, attention whore y demás usuarios de la red. Y luego estoy yo.

Me conocen con el nickname de Soria67 en este chat
, por Raúl en la vida real. Vivo en una mísera parte de los alrededores de Connecticut. No soy nuevo, ni tampoco viejo por la zona; me cuesta aprender los nombres de las calles, aunque no me he perdido jamás. A pesar de no recordarlos, podría decirse aprecio mucho el publo, y sobre todo desde que mi familia murió, quedando solo, sin otra alternativa que seguir adelante y vivir. En estos últimos años, no me ha faltado de nada, poseo el suficiente dinero para sobrevivir y darme varios gustos, de vez en cuando. Todo se lo debo a Sam. Que quede claro, es el apelativo cariñoso que uso para llamar a mi madre, que en paz descanse. Samantha E. Dliber.

En fin. Rasco mi barbilla y, volviendo al tema inicial, intento encontrarle sentido a las conversaciones que hay en este chat; he intentado encontrar cómo introducirme en él, escribo lo único que podría convencer a todos aquellos que están activos de mi presencia:

Soria67: Hey, que hay?

Galord12: Oh miren, llego Soria.

Rauel3: Hey Soria, estamos bien, ¿tú?

Jose90: Soria! Cuánto tiempo!

Si ajá, "mucho tiempo". Es una broma que suelen hacer en este canal de chat. Todos aquí sabemos perfectamente que para poder conservar el rango de usuario rojo debemos entrar todos los días para que nuestro contador no resetee, y volvamos a ser usuarios normales. 

No es algo confirmado, pero sacado cuentas hemos llegado a la conclusión de que todos aquellos rojos que no se conectaban diariamente desaparecían por unas semanas y volvían como usuarios comunes y corrientes.

Soria67: Estoy bien gracias a todos, y José, Jajaja. Agradezco tu buen humor.

Jose90: De nada, sabes que estoy aquí para hacerte feliz ^_^

Falso, falso, falso. Todos aquí estamos por la misma razón, esperamos al sujeto del cual todos hablan; hoy es el día. Falta una hora para su aparición. Llega a las 23:00, se va a la 1:00. Limpio, sin pruebas. Abre chat, aparece, borra conversación, cierra chat. Nadie conoce su nombre, ni siquiera estamos seguros de la hora. Solo sabemos que él manda.

Soria67: Sí, José y lo agradezco.

Fask24: Soria, tienes todo preparado? Falta poco ya. Llevas mucho tiempo esperando este momento al igual que todos nosotros.

Sí, todos los que estamos en este chat somos los «siguientes». A ver si me explico. Supuestamente a quien esperamos aparece en esta sala cada seis meses. La misma cuenta con un total de seis usuarios rojos, que tienen el privilegio de conocerlo y de preguntarle lo que quieran.


Supuestamente, responderá todas nuestras preguntas mientras esté activo. Pero como dije anteriormente, es solo un rumor. Se desconoce si es un gurú o un simple admin, si viene a responder preguntas o a hacernos perder el tiempo. Los que estamos aquí ascendimos a la categoría de rojos y tuvimos la suerte de caer en este chatroom, por eso acordamos mantenernos unidos para recibirlo cuando llegue. La condición de mito se le da por la ignorancia con respecto al tema. Los afortunados que se reúnen con él no vuelven al chat oficial, se quedan por otras salas exclusivas, y siempre que alguien intenta sacar el asunto en cuestión, contestan algo como: «Me va bien, gracias», o se desconectan y vuelven al día siguiente simulando no recordar que les hablaste. ¿Raro? Sí. ¿Qué esto pruebe que la leyenda de él es cierto? No, bien podrían ser un grupo de idiotas que se pusieron de acuerdo para burlarse de nosotros.

Soria67: Si Fask, está todo listo para cuando llegue y ustedes?

Fask24: Todo en orden.

Galord12: Perfectamenteee

Diane00: Si, mi queridito Soria, te parece si mañana me pasas tu MSN?

Otra vez, Diane siempre con lo mismo. No es que no me gusten las chicas, pero daba la extraña sensación que me acosaban, es como si algo dentro de mí se retorciera en mi interior; me pasaba cada vez que Diane o alguien de este chat intentaba de manera forzosa conocerme más. Todas han intentado alguna vez eso. Un «Qué tal si vamos a tomar algo?», o un «Me pareces lindo, salgamos a divertirnos», o el típico «Quiero conocerte mejor, pasas MSN?». De entre todas, la única usuario que no ha intentado congeniar conmigo de esa manera ha sido Fask24, creo que por eso es que me cae un poco mejor que las demás, y el misterioso sentimiento de innaturalidad en las personas que están tras la pantalla suele desvanecerse cuando hablo con ella. Sé poco sobre Fask24. Según me ha mencionado, proviene de Missouri y reside actualmente en el centro de Nueva York. No sé qué edad tiene exactamente, pero juraría que tiene entre dieciocho y veinte años, ya que según han comentado, cursa su segundo año de carrera.

Soria67: Gracias Diane, tu oferta es tentadora pero me temo que tendré que rechazarla, además hoy sería mi último día aquí.

Diane00: que pena!! No queremos que te vayas!

Garlord12: cierto, por que te vas?

Sebaqwerty: Hasta a mí me intriga. Cuenta.

Jose90: Eso eso! Suelta la sopa!!

Rauel3 ha sido expulsado del chat (Exceso de Datos e.eicvajd.susjz7592)

Fask24: Seba, reviviste.

Soria67: Bueno chicos, se debe a que quiero comprobar si es cierto que el vaya a venir.

Jose90: Pues claro que vendrá!

Sebaqwerty: Que te hace dudar?

Soria67: Es que… es todo taaan… ficticio…

Garlord12: Oigan. Qué hora es?

Fask24: 22:56

Diane: se nos va…. *Snif,snif*

Jose90: ya casi…

Soria67: verán que tengo razón al final.

No sé, pero ni yo estoy seguro de mis palabras.

Mi reloj marca las 23:00. Todos hacemos el supuesto ritual de bienvenida. Se apagan luces. Enciendes cuatro velas alrededor de ti. Con una mano en el mouse y otra en el pecho, pronuncias a todo pulmón: «¡La Hermandad!». Las palabras casi flotan de mi boca al pronunciarlas. La temperatura descendió seis grados mínimo. Estoy convencido. La luz de las velas parpadea, todo está más oscuro de lo normal. Siento como si de repen… ¿Soy yo o vi una sombra que no me pertenece? No, creo que estoy siendo muy dramático. Solo es ficción, ficción. Nada más.

Garlord12: Seguís ahí?

Jose90: Siiiii

Diane00: sí:3

Fask24: Sí.

Me inclino hacia delante después de suspirar suspicazmente, agitar un poco la cabeza hacia ambos lados y burlarme de mí mismo por creer que de veras iba a ser secuestrado por alguien o que algo aparecería detrás de mí y acabaría con mi preciada vida.

Soria67: Aquí estoy a salvo y a punto de irme a dormir por ver que esto era falso.

Galord12: Oye! No te burles, quizás se ha retrasado o algo así!

Fask24: Cómo podría retrasarse un espectro?

Ciertamente, eso último me desconcierta. Fask no suele ser la típica Diane o José que andan soltando tonterías.

Jose90: Venga ya Fask. No nos tomes el pelo.

Sebaqwerty: cierto fask, no hace gracia.

Diane00: Fask, no me asustes T.T

Galord12: 23:04

Soria67: Pff, miren, yo paso, me voy.

(6) se unió al Chat

<<A partir de ahora nadie puede unirse>>

Galord12: Wtf!?! Como hizo eso?? En esta sala no hay Admins!!

Diane00: D: Hacker!

Fask24:

Jose90: Y este?

Sebaqwerty: OmG, que tipo!

Bien, debo admitir que el que inventó esto se lo ha montado bastante bien. Esto ya me desconcierta a mí, y a cualquiera.

(6): Saludos, Usuarios Rojos de la Hermandad. Están todos aquí reunidos por una simple razón, son los usuarios más activos de la red, ahora tendrán que ser promovidos.

Galord12: Bien

Diane00: :DD

Soria67: Y te podemos hacer todas las preguntas que queramos?

(6): No. Yo los vengo a promover al mayor cargo de la web al que pueden aspirar. Solo sigan mis instrucciones y todo saldrá como lo planeado, ahora, enciendan sus cámaras web para que puedan conocerse.

Aunque por un momento lo dude, no puede encontrar una razón por la cual no encender mi cámara, mi cuarto no tiene nada que pudiera darles una pista de dónde vivo, así que no importaba. La enciendo y, justo después, las webcams de los demás también aparecen. Una chica risueña muy bonita con cara de niña en la primera, me imagino por como es que debe de ser Diane. Un joven con más o menos mi edad, con cabello castaño, pecas en la cara y un poco rellenito, sin duda es Garland. Un niño, sí, un niño de no más de trece años con cabello negro, ese es José. También está un pelirrojo de ojos verdes, me imagino que es Seba. Y, por último, una chica con el cabello moreno largo que deja reposar sobre sus hombros; sin exagerar, es H E R M O S A, aunque su belleza no le quita aquella mirada gélida de la cara. No hay que pensarlo mucho, es Fask.

(6): ahora que se han visto todos, procederemos con la promoción pero antes de coronar al vencedor, las pruebas.

¿Pruebas? ¿Vencedor?

(6): Ahora, deben abrir el archivo que le voy a enviar, está vacío, ustedes lo llenaran. Sin mentiras. Tienen 20 minutos.

Esto a medida se pone más raro por segundos, todos los demás tienen cara de perplejos; no los culpo, yo también. Champion.doc, nos lo envió a nuestro email sin siquiera tenerlo. ¿Y cómo se llena? No nos dijo nada. «Sin mentiras».

Ahora caigo. Quería nuestros datos. ¿Por qué? En la web nunca nos preguntaron nuestros datos oficiales. ¿Por qué él sí? Me preocupa llenar esto con mis datos, pero también me preocupa no hacerlo, así que miro las cámaras de mis compañeros en busca de ayuda, pero si quería alguna complicidad, no la iba a encontrar en ellos, estaban absortos en su escritura. Así que me puse a eso yo también, total, no hay mucho que ganar, y tampoco que perder. Una Promoción. Genial.

Casi cuando estoy terminando de escribir mis datos personales —nombre, dirección, ciudad…—, veo que varios de los demás parecen haber terminado, porque están ya tranquilos y relajados, recostados sobre su butaca.

Excepto José, el pobre chaval lleva un rato inquieto, parece que el terror se visualiza en su rostro. En un momento entiendo. No sabe qué poner. Justo cuando estoy a punto de escribirle un mensaje preguntándole qué le pasaba, me detuve un momento y pensé: «vencedor». Claro. Ahora no importa qué tan amigos éramos, era un todos contra todos. Solo quedaría uno. Considero seriamente enviarle el por qué del documento, pues era claro que el pobre niño no tenía mucha brillantez. «Solo es una competición». Sí. Tampoco queremos que el campeón sea un niño de trece años. Pasan los veinte minutos. (6) vuelve a hablar.

(6): Se acabó, guarden los documentos. Pasaremos a la ronda de cualificación.


(6): Fask24>Listo.
Galard12>Listo.
Diane00>Listo.
Sebaqwerty>Listo.
Soria67>Listo.

Me alivio al leer esa última línea.

(6): Jose90>Descalificado.

Lo que me suponía, el chaval llegó bastante lejos, fue mucho para él; haberse pasado dos años aquí es una hazaña, pero no creo querer de campeón a un niño. En ese momento examino su cámara, fue extraño observar algo que no era tristeza, ni angustia, se lleva la mano al pecho apretándosela fuertemente y abre la boca para proferir un último grito ahogado de dolor.

Colapsa. Su cuerpo cae inmóvil en algún punto de su cuarto, el cual la cámara web no puede divisar. Siento una oleada de emociones: cólera, decepción, angustia, tristeza, miedo ¿Acaso esto me puede pasar sencillamente a mí? ¿Moriré tirado en mi cuarto si no hago lo que él dice? Diviso las caras de mis compañeros, encuentro múltiples expresiones diferentes. Alegría, emoción, felicidad. Me doy cuenta de que no son las mismas personas con las cuales yo chateaba. Me angustia y sorprende ver los rostros sonrientes debido al ataque de José. Por un instante, me inunda el terror de saber que mis compañeros conocen mis verdaderos sentimientos hacia esto, así que, rápidamente, profiero una falsa sonrisa que me dolerá en el alma por el resto de mi vida. Si es que me queda.

(6): Ahora que tengo sus datos. Habrá una tanda de preguntas personales.

Oh, no. Todo menos eso.

(6): Empezaré con Fask24, y terminare contigo Soria67.

Menos mal. Podré prepararme una estrateg… no. Tengo que ser real. No quiero acabar como José.

(6): Empecemos

A medida que avanza la conversación advierto un malestar in crescendo, cada minuto en esa sala de chat me pone histérico. Experimento una agonía incalculable. Pero no me malinterpreten. Lo que mis compañeros de chat decían era de lo más común. Cada quien datos de su vida cotidiana aburrida a más no poder. La intranquilidad que apreciaba se debía a la llegada de
 mi turno, ¿Qué preguntas me haría?

(6): Soria67 te toca a ti.

Soria67: Sí.

(6): ¿Dónde están tus padres?

Ya está. Esa es la pregunta clave que acabaría conmigo. Así que miento.

Soria67: De viaje a Irlanda.

(6): Volveré al plantearlo.

En ese preciso momento, al terminar de leer lo que escribió, percibí un dolor cegador similar a cuando una 
enorme piedra cae sobre alguna parte de tu cuerpo, aplastándola, destruyendo cada nervio existente; aquella sucesión tortuosa tan repentina que pareciera que contemplas la herida incluso segundos antes de que sangre. Eso es exactamente lo que palpé en mi pierna izquierda. A simple vista no había daño alguno. Sin embargo por dentro se quebró inconfundiblemente como un bastoncillo.

(6): ¿Donde están tus padres?

Algo en mi cabeza, quizás la vena de la sensatez, como le digo yo, me hizo entrar en razón: -la próxima vez no podré aguantarlo-.

Soria67: Están muertos.

(6): ¿Que les paso?

Basta. Basta. BASTA.

Soria67: No es asunto tuyo!

(6): Repito. ¿Que les paso?

Soria67: Los asaltaron, y les dispararon a sangre fría.

(6): La verdad.

Soria67: Te estoy diciendo la verdad, Joder!

Mi mano izquierda giró en un ángulo imposible. Grité todo lo que puede. No fue culminante, sabía que soy diestro y seguiría escribiendo. Inevitablemente pensé ¿Por qué simplemente no me retiraba? No, de ninguna manera, apuesto a que un terrible dolor me acribillaría nuevamente antes de llegar a la puerta principal.

(6): Dime la verdad o seguirás sufriendo, te arrancaremos los ojos y no te dejaremos morir.

Tragé saliva al escuchar esto, sea quien sea, no estaba jugando.

Soria67: Tuvieron un accidente de auto, mi padre conducía borracho y dobló bruscamente para esquivar a un camión. Cayó por un acantilado.

No tuvieron tanta suerte, pasaron 3 horas antes de que mi padre muriera desangrado, y 5 para que mi madre lo hiciera de un paro cardíaco, producido por ver la imagen del rostro de mi padre demacrado.

(6): ¿Cómo sabes todo eso?

Me derrumbo.

Soria67: Yo…estaba presente…
Mis piernas se rompieron aquella vez. Aunque mis padres se llevaron la peor parte, las heridas que sufrí eran insignificantes comparadas con las de ellos.

Estuve atrapado casi 10 horas viéndolos morir, sin poder hacer absolutamente nada. Después de ver a mi madre expirar, padecí tal shock que caí en coma. Desperté a las 2 semanas en el hospital.

Ya está. Me libré de ese peso.

Poco más tendrá para romper mi cordura.

(6): Gracias por su colaboración, ahora, el último paso para declarar un vencedor.

¿Ya? Pero si todavía quedamos cinco, ¿cómo pretende descalificar cuatro de golpe? A menos que…

(6): Para declarar al campeón, descalifiquen a 4. 1 Vive.

Esto resulta tan obvio, que casi me siento estúpido por no darme cuenta antes.

(6): Por cierto, uno de ustedes será descalificado 
ahora mismo, solo para que recuerden que cualquier intento de contactar con alguien que no sea de este chat puede matarlos. Suerte.

Aprieto los ojos y espero… Lo que me hace abrir los ojos no es mi desagradable sentencia, sino la de otro, para ser exacto la de Galard12; adiós compañero. Quedamos cuatro. Recién caigo en cuenta de algo, así que escribo frenéticamente y mando el mensaje lo más rápido posible.

Soria67: Como se supone que nos vamos a matar entre nosotros?

(6): De la manera que quieran.

Soria67: Pero…. como llegamos hasta donde están los demás?

(6): Eso es Fácil,

(6): Pues

(6): Todos

(6): Viven

(6): en la

(6): misma

(6): calle.

(6) cambió su estado a “Ausente“

Bien. Aquí hay cosas que son positivas y otras negativas. Tengo la pierna y la mano rotas. Negativo. Estoy cerca de otras tres personas que para sobrevivir deben matarme. Negativo. No conozco a nadie de esta calle, pero quizás los demás a mi sí, y ya me están buscando. Negativo. A quién engaño, no hay nada positivo. Una cosa sí tengo en claro… yo… yo voy a ser Rey.

EPÍLOGO

Acusado del sangriento asesinato de tres civiles, dos de sexo femenino y uno masculino, se arrestó a un chico de diecisiete años en la escena del crimen. El jefe detective encargado de cerrar el caso, Kevin J. McCollins, fue el responsable de esposar al muchacho. Los tres jóvenes asesinados eran sus compañeros de escuela.

Se conoce que desde hacía veinticuatro meses el autor del delito no salía de casa y solo subsistía a base de lo que sus padres le llevaban una vez por mes. Tales circunstancias lo condujeron a un estado de delirio en la cual el joven, llamado Lorenzo Casillas, asumió una segunda identidad: Raúl Dliber.

Sus padres, recientemente mudados a una casa en los alrededores, se han sorprendido al enterarse la aterradora historia en la que se expone cómo Raúl Dliber 
supuestamente pierde a sus padres. El matrimonio afirma nunca haber tenido un auto, pues el pueblo en el que viven es pequeño y nunca sintieron la necesidad de salir.

Lorenzo ha sido sentenciado, y se ha determinado que, debido a su pésimo estado de salud mental, tendría que ser internado en un manicomio para su observación y tratamiento. El adolescente nunca dejó de insistir que su nombre es Raúl, y que debía matarlos para sobrevivir.

Hace unos días, el manicomio Pilgrim State Hospital informó que el pasado lunes un paquete rojo escarlata apareció encima del mostrador de la recepción sin dirección de remitente ni destinatario, solo se lograba leer en él: «Raúl Dliber». La caja fue entregada al joven Lorenzo luego que su contenido fue examinado y después de cerciorarse que no pondría en riesgo su salud física o mental. Como parte de su tratamiento y para estudio médico se observó el comportamiento del paciente ante aquel obsequio: felizmente se colocó en la cabeza la corona que contenía.

jueves, 26 de mayo de 2016

El ascensor - Historias de terror y Creepypastas



Todo ocurrió una cálida noche de verano, de ésas en las que, aunque la temperatura es agradable e invita a dar un largo paseo bajo la luz de las farolas, da la sensación de que todo el mundo se ha puesto de acuerdo para encerrarse en casa.

Eran, más o menos, las dos de la madrugada. Había pasado varias horas vagueando ante el ordenador, así que decidí que era momento de tomar un poco de aire.

Me calcé mis zapatillas deportivas, me dirigí a la cocina, saqué la bolsa del cubo y le hice un par de nudos. Tras cerciorarme de que no olvidaba llaves, mechero, ni tabaco, cerré la puerta del piso y me encamine escaleras abajo. Podía tomar el ascensor, pero, teniendo en cuenta que a esos cacharros les suele dar por pararse de golpe, habría sido un error quedarme encerrado dentro con la única compañía de una bolsa de basura maloliente.

Recorrí los pocos metros que separaban el ingreso del departamento de los contenedores, disfrutando del ambiente de soledad que reinaba en la calle, unido a la tenue iluminación y la invisible caricia procedente del asfalto caliente bajo mis pies. Tras meter la bolsa en uno de los cubos, volví a mi portal y, antes de entrar, encendí un cigarrillo, disfrutando de cada calada, mientras oía en la distancia el sonido de ambulancias y coches acelerando: la banda sonora que suena de fondo cada noche en la gran ciudad de Madrid.

Mientras terminaba mi cigarro, eché un ojo al gran edificio de viviendas que esperaba mi regreso: Un bloque levantado a finales de los años sesenta, con paredes de ladrillo rojizo, seis alturas y una planta de garaje bajo sus cimientos, similar a los cientos de edificios que, en aquella época, el Ministerio de Vivienda construyó en toda España. Junto al portal, aún se conservaba la placa que daba fe de ello.

Mis padres fueron los primeros dueños de la casa. Tras el paso de los años, su afán ahorrador les permitió hacerse con un chalet en las afueras, por lo que yo, siendo hijo único, tuve la suerte de pasar a ser el dueño (y único habitante), de la vivienda.

Cuando acabé el cigarrillo, tiré la colilla al suelo y entré en el portal. Por un momento, pensé en subir andando hasta el quinto piso, donde vivo, pero la vagancia pudo más, así que llamé al ascensor. Cuando éste llegó a la planta baja, ingresé en el habitáculo.

Una de las curiosidades que tenía aquel edificio era dicho ascensor. No todos los bloques de viviendas de la época contaban con uno, y se consideraba una mezcla de lujo y suerte el poder llegar a casa en uno de estos chismes. Esto hacía que la estructura fuese algo vieja: sus paredes, sus espejos y su cuadro de botones tenían más de cincuenta años. Lo que más me llamaba la atención de este último detalle era el correspondiente al garaje. Había un botón para cada piso como es obvio, excepto para el sótano, en cuyo lugar había una cerradura. Todos los vecinos teníamos copia de la llave. El motivo era, según los constructores, evitar que el cálido garaje se llenase de mendigos por las noches.

Miré aquella vieja abertura con curiosidad. Entonces, una idea se me pasó por la cabeza. En lugar de pulsar el botón del quinto piso, eché mano al manojo de llaves que había en mi bolsillo e introduje la llave correspondiente. Para acceder al sótano, había que girar la llave hacia la izquierda, pero, ¿qué ocurriría si la giraba hacia la derecha?

Hice la prueba. Nada. La cerradura hacía tope, como era de esperar. Cabezota de mí, volví a intentarlo, girando con más fuerza. Con mucha más fuerza.

En ese momento, de forma inesperada, la cerradura cedió, poniendo el ascensor en marcha. Sorprendido ante aquello, fijé los ojos en el indicador luminoso. Mientras el ascensor descendía paso de mostrar un 0 a un -1. Pero llegado a este piso, el ascensor no frenó.

Durante casi un minuto, el trasto continuó bajando, traqueteando y rugiendo como de costumbre. El indicador luminoso mostraba dos guiones intermitentes. Entonces, de repente, el ascensor se detuvo y su puerta se abrió.

Ante mis ojos se extendía un largo y estrecho pasillo, apenas más ancho que el propio ascensor. La iluminación procedente del interior no bastaba para alumbrar aquel corredor, que era engullido por una tenebrosa negrura, y no se apreciaban escaleras que llegasen allí desde un piso superior.

-¿Hola? Mi voz retumbó por las paredes y desapareció en el oscuro espacio.

A pesar de que la situación me imponía algo de respeto, la curiosidad ante el nuevo sótano recién descubierto pudo más. Decidido a investigar aquel lugar, encendí mi mechero y abandoné la protectora luz del ascensor.

Me giré por un momento, y vi que, en aquella planta, no había botón para llamar al ascensor, sino una cerradura. Mosqueado, continué avanzando hacia la tiniebla.

El ambiente era denso y húmedo, acompañado de una ligera fetidez. A unos veinte metros, el pasillo torcía hacia la derecha, desembocando en una galería a la que daban varias puertas similares a las que tiene cualquier cárcel. Algunas de ellas permanecían cerradas y otras abiertas, el suelo estaba repleto de polvo, cristales rotos y otros objetos.

La mugre que invadía el lugar me disuadió de palpar la pared en busca de interruptores de luz, por lo que confié en la pequeña llama que portaba en mi mano. Al internarme en la galería, me agaché y acerqué el mechero al suelo para examinar con más detalle qué eran aquellos pequeños bultos que pisaba irremediablemente a cada paso. Descubrí jeringuillas, trozos de probetas, piezas de rompecabezas infantiles, muñecas… Aquello resultaba de lo más tétrico. Me incorporé nuevamente, disponiéndome a analizar las pequeñas dependencias que rodeaban la galería.

Uno de los detalles que percibí fue la falta de ventilación o iluminación exterior. Aunque era noche cerrada, no había rastro de salidas al exterior por las que se colase la luz de las farolas, ni ninguna corriente de aire que hiciese vibrar a la llama de mi mechero. Aquel era un lugar completamente cerrado, y a saber a cuántos metros bajo tierra me encontraba en aquel momento.

Recorrí varias de las salitas, y vi que todas tenían elementos en común: pequeños, anticuados y oxidados camastros, mesitas y sillas. Y material médico. El lugar estaba infestado de gasas, correas, pastillas desperdigadas por el suelo… Aquello parecía un hospital en miniatura. Un hospital antiguo y fantasmagórico, detenido en una época pasada, en el que la acumulación de polvo es el único indicador del paso del tiempo.

Aún me arrepiento de entrar en una de aquellas dependencias. La luz del mechero mostraba, sobre el mugriento colchón, un bulto del tamaño de un ser humano, envuelto en ropa de hospital. Me acerqué sigilosamente, temiendo lo peor, y arrimé el mechero al gran objeto.

El aumento de luz mostró una escena horripilante: rodeado de heces y manchas de orina, se mostraba ante mí un cadáver humano en posición fetal que me daba la espalda. El hedor era insoportable. Reprimí una arcada mientras permanecía en cuclillas, ante aquella dantesca escena.

De repente, el terror invadió mi cuerpo. Aquel cuerpo se giró de forma brusca y, lo que en principio había clasificado como “humano”, mostró ser algo diferente, indefinido e indescriptible.

El cuerpo de aquel ser estaba cubierto de llagas y heridas; en lugar de manos y pies, sus extremidades se encontraban rematadas por muñones violáceos, poseía extrañas deformidades y diversos bultos recorrían su tronco, dándole un aspecto monstruoso.

Pero lo peor era su rostro: sus ojos, grandes e inyectados en sangre, estaban protegidos por unos párpados abultados y sin pestañas. En lugar de pelo, su cabeza contenía infinidad de cicatrices y grapas que partían desde sus pobladas cejas y sienes y se perdían hacia su nuca. Sus orejas, irregulares y enormes, no mostraban pliegue alguno, dotando al ser de un aspecto simiesco. Tampoco poseía nariz, y de sus orificios nasales surgían dos hilos de sangre reseca. Rematando aquel cuadro tan desagradable, se encontraba su “boca”: un orificio de comisuras agrietadas, sin labios, de cuyo interior carente de dientes y lengua, provenía el peor olor a podrido que he percibido en mi vida.

Sus ojos se fijaron en los míos, y de su garganta surgió un bramido gutural, ronco y a la vez potente.

Grité. Grité con todas mis fuerzas y mi voz se entremezcló con la del mostruo. Teniendo en cuenta la postura en la que me encontraba, caí de espaldas sobre el mugriento suelo, y el mechero se escapó de mi mano, dejando al lugar en la más absoluta oscuridad.

Mientras palpaba el suelo en busca del encendedor, oí cómo crujían los muelles del colchón y, antes de que pudiese reaccionar, aquel despojo se me echó encima, lanzando una vez más su aterrador alarido. Sentí su aliento contra mi rostro, mientras apestosa saliva caía sobre mi frente. Un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Cejé en mi empeño de hacerme con el chisquero y pataleé con todas mis fuerzas, tratando de zafarme del horripilante ser.

Me arrastré unos metros hacia atrás, me levanté y salí de la estancia, a oscuras, tratando de recordar la disposición de aquella planta, temiendo tropezar o dar de bruces con alguna de las paredes. Mientras huía en dirección al ascensor, pude oír cómo aquello se arrastraba entre los cristales rotos del suelo, siguiendo mis pasos. Llegué al pasillo y sentí que volvía a la vida cuando me invadió la luz encendida del elevador abierto. Entré, pulsé el botón del quinto piso y, lleno de impaciencia y pavor, esperé a que la puerta se cerrase y el ascensor se pusiese en marcha.

Sin embargo, el aparato no obedecía mis órdenes. Aunque el botón del quinto piso estaba encendido, la puerta no cerraba. Y el crujir de cristales se oía cada vez más cerca.

Me di media vuelta. Ante mí, el pasillo se extendía una vez más, engullendo la luz del ascensor. Sin embargo, ahora no sentía curiosidad ante aquella escena. Sentía verdadero horror. Quería huir de allí. Y el ascensor no se movía.

De repente, se hizo el silencio. Estaba tan aterrorizado que todos mis músculos se agarrotaron. En ese momento, la criatura surgió del corredor ennegrecido, arrastrándose con una velocidad y pericia insólitas. Venía hacia mí, mientras gruñía, jadeaba y chillaba como ningún ser de este mundo. Apreté repetidamente el botón del quinto piso, con pulso tembloroso, mientras el miedo me hacía llorar y la monstruosidad se aproximaba rápidamente. Cuando estuvo a punto de entrar en aquel espacio cerrado, agité mi pierna ante él, haciéndolo retroceder atemorizado, sin que apartase la vista de mis ojos en ningún momento. En ese instante, las puertas cedieron cerrándose y el elevador comenzó su ascenso.

Concentré la vista en el indicador luminoso: los dos guiones parpadeantes dieron paso a un -1, luego a un 0, un 1, etcétera. Algo más calmado, me miré en el espejo y fui consciente de mi aspecto. Mi rostro estaba cubierto de una combinación de baba y mucosa sanguinolenta, mezclada con mis propias lágrimas. Cuando quise pasar el dorso de la mano por mi frente, descubrí que mis ensangrentadas palmas estaban llenas de cristales rotos. Inmediatamente comencé a sentir su dolor; minutos antes, en aquel segundo sótano, el miedo no me había permitido ser consciente de cómo se habían clavado en mi piel.

Llegué a casa y entré corriendo al baño. Los recientes recuerdos de todo lo que había ocurrido allí abajo se agolparon en mi mente, y no pude evitar arrodillarme ante el inodoro y vomitar la cena. Me di una ducha más larga de lo habitual, aún invadido por el asco, curé las heridas de mis manos, y esperé a que llegase el día, incapaz de dormir.

A la mañana siguiente, cuando la luz se llevó todos mis miedos, llamé a un amigo que vivía en uno de los edificios cercanos. Dicho inmueble era similar al mío: construido en la misma época, con la misma planta, y con su respectivo ascensor. Tras contarle la historia y soportar sus burlas, me aseguró que haría la prueba en su elevador, y que me avisaría qué había ocurrido en su caso.

Esperé su llamada intranquilo y, a los pocos minutos, sonó el teléfono. Era él, su voz sonaba entrecortada y temblorosa. Bajo su casa también había un segundo sótano, húmedo y maloliente. Sin embargo, no se había atrevido a adentrarse, y no tenía intención de hacerlo.

-No pienso volver a coger ese ascensor en mi puta vida. Eso fue lo que me dijo y la verdad es que su opinión coincidía al cien por cien con la mía.

A pesar de nuestros temores, nos decidimos a investigar sobre el asunto. Así, dimos con el que fue por aquel entonces presidente de la constructora encargada de levantar los edificios; hoy en día un ajado anciano con un pie en el cementerio. Tras varias reticencias, nos explicó el por qué de aquellos sótanos secretos: en 1966, la recién inaugurada central nuclear de Zorita, en Guadalajara, había sufrido una grave fuga en uno de sus reactores, provocando una nube radiactiva que se extendió por los pueblos de los alrededores. El régimen franquista no podía permitir que la opinión pública tuviese noticia de un fallo en su primera instalación nuclear, por lo que contactó con las parejas jóvenes del lugar, ofreciéndoles trasladarse a Madrid, a los inmuebles en los que mi amigo y yo vivíamos, pues a pocos metros se encontraba un hospital que podría seguir la evolución de dichas parejas y los hijos que pudiesen tener en el futuro. Para disimular aún más la situación, vendieron algunas de las viviendas a gente corriente que no tenía nada que ver con el incidente (como mis padres, o los padres de mi amigo, por ejemplo).

Sin embargo, la intención del régimen era muy distinta: conocedores de las secuelas que la nube radiactiva tendría en esta gente, vigilaron cada nuevo embarazo que se produjo entre ellos, supervisando su evolución y haciendo “desaparecer” a todos aquellos recién nacidos que sufriesen graves malformaciones.

Aprovechaban la tranquilidad de la noche, para, haciéndose pasar por encargados de mudanzas, llevar a los bebés a su nuevo “hogar”. Aquellos sótanos, por otra parte, eran el lugar perfecto para realizar investigaciones sobre los niños, pues nadie sabía de su existencia. El propio mecanismo de los ascensores se había mantenido en absoluto secreto, recayendo la tarea de llevar a cabo revisiones y reparaciones entre técnicos elegidos por el propio régimen; y una trampilla que sólo se abría cuando el ascensor sobrepasaba el garaje, ocultaba el segundo sótano a quien hubiese podido asomarse al hueco.

Sin embargo, tras la muerte del dictador Francisco Franco, se canceló el proyecto. Tratando de arrojar tierra sobre el asunto, los sujetos en experimentación fueron sacrificados, y toda documentación relativa al proyecto fue destruida. Casi todos los cabos quedaron atados.

-¿Cómo que casi todos los cabos? Preguntamos mi amigo y yo a aquel hombre.

-Sí -dijo él-. Resulta que, una vez, aprovechando el revuelo de los últimos días, mientras todo el mundo corría de arriba a abajo tratando de eliminar evidencias, uno de los niños desapareció sin dejar rastro, y nadie más volvió a saber de él.

Mi amigo y yo nos miramos, aterrados. Nos despedimos del viejo y volvimos a nuestras casas.

Desde entonces no he vuelto a subirme a un ascensor.
Por si a alguien le interesa, vendo mi casa. Es un quinto piso, muy luminoso. Y además, tiene elevador y garaje.

lunes, 23 de mayo de 2016

Mi abuelo lo sabía - Historias de terror y Creepypastas


Todo comenzó cuando mi abuelo se mudó a nuestra casa, aquel día dijo unas palabras que aún hoy no logro olvidar “Siento a la muerte muy cerca, pero estando aquí incluso la puedo ver”. En ese momento no le di mucha importancia, pensé que era una forma de quejarse por haberlo obligado a vivir con nosotros. Siempre le había gustado la soledad y no quería dejar la casa dónde paso sus mejores años.

Mis padres decidieron que compartiría mi recamara con él, acepte sin protestar y colocaron su cama junto a la mía separadas apenas por una pequeña mesita de luz.

Al ser la primera vez que dormía con alguien me sentía un poco incomodo, así que tuve que batallar bastante para conciliar el sueño. Justo cuando lo estaba por conseguir un quejido me asusto y encendí inmediatamente la lampara creyendo que había sido mi querido familiar. Él dormía profundamente por lo que apague la luz y me acomodé entre las sabanas. Al cabo de unos minutos volví a escuchar el quejido aunque esta vez fue más largo y me provocó escalofríos. Estaba determinado a no reaccionar sin estar seguro de lo que ocurría por lo que no hice absolutamente nada. Ni cuenta me di cuándo el sueño me inundó.

La noche siguiente fue peor, al gemido lo acompañaba la impresión de que alguien jalaba suavemente la sábana de mi cama, específicamente de la parte de los pies. Al encender la luz no vi más nada que la absoluta tranquilidad imponente de cualquier cuarto por la madrugada. Sin más intenté descansar y dejar de pensar en cosas absurdas.

No obstante todo cambio la tercer noche, ya ni siquiera podía dormir de lo aterrado que estaba. Luego de un rato de esperar y esperar me convencí de que ya había acabado el tormento, accione el interruptor de la luz para apagarla y me acurruque en las almohadas. Aquel siniestro lamento regreso agregándose la sensación de alguien subiendo por mis piernas. No era mucho el peso pero percibí la forma de una persona, quería gritar pero no salia nada de mi boca, estiré la mano sobre la mesita de noche para despertar a mi abuelo pero el velador parecía no acabar nunca. No podía alcanzarlo, y cuando advertí unas manos muy delgadas por mi abdomen no se cómo saque fuerzas para salir corriendo a la recamara de mis padres, les conté todo y supongo que al ver mi cara supieron que no iba en broma. Acto seguido me acompañaron a mi cuarto donde lo único que encontramos fue el cadáver de mi abuelo, había muerto esa misma noche.

jueves, 19 de mayo de 2016

Interferencia - Historias de terror y Creepypastas



Permítanme comenzar diciendo que esta es una historia real de mi infancia, si visitan la gran biblioteca en el centro de la ciudad de Nottingham y echan un vistazo a los registros de periódicos, encontrarán información acerca de los eventos que aquí se detallan.

Esta historia tuvo lugar hace unos quince o dieciséis años. En ese entonces solo tenía siete años de edad, y mi primo David nueve. Él se había quedado conmigo mientras su madre estaba de viaje asistiendo a un familiar enfermo. Como era hijo único yo no tenía muchos juguetes, y mi Sega Genesis estaba averiado, así que no teníamos muchas cosas entretenidas que hacer.

Nuestra rutina consistía en ver dibujos animados en la televisión por cable, seguido de David contándome historias de terror cuando se hacía de noche. Mi madre, queriendo que hiciéramos algo más activo, decidió comprar un par de walkie-talkies para que jugáramos con ellos. Nos lo pasamos muy bien ocultándonos en el bosque mientras que uno trataba de encontrar al otro mediante aquellos pequeños aparatos de comunicación. Sin embargo como eramos pequeños, no nos daban permiso de estar fuera hasta muy tarde, así que teníamos que regresar a las seis. Al llegar cenábamos y guardábamos los juguetes, excepto por los transmisores.

David dormía en la habitación para huéspedes y yo en la mía, por lo que se nos ocurrió mantenernos en contacto por los radioteléfonos hasta quedarnos dormidos. Fue entonces cuando lo escuchamos, alrededor de las once de la noche. Habíamos estado contándonos historias de terror por horas. De repente, mientras David me narraba el cuento de un monstruo que supuestamente rondaba el mismo bosque de aquí cerca, su voz se cortó y fue sustituida por el sonido de estática que los walkie-talkies usualmente producen cuando la persona que está transmitiendo suelta el botón que se utiliza para hablar. Esperé unos segundos a que David reanudara su historia, cuando oí un débil murmullo procedente del pequeño altavoz. «Qué raro», pensé. Se seguía emitiendo interferencia, pero definitivamente podía escuchar algún tipo de movimiento y voz del otro lado.

A continuación se pudo percibir un sollozo entre la estática. Esto era muy escalofriante para mí, así que me bajé de la cama y corrí al cuarto de David. Se encontraba sentado en la cama escuchando su transmisor también. El llanto se hizo más fuerte. «¿Qué es eso? —me preguntó —. Pensé que me estabas jugando una broma». Cuando le dije que no era así, su rostro se puso pálido. Apagó el suyo. El sonido aún se emitía por el radiotransmisor que sostenía en mi mano, por lo que era imposible que estuviera recibiendo aquel sonido del suyo. «Esto da miedo», dijo David. El llanto y los murmullos  parecieron escucharse más claramente entre la estática. Apagué el mío también y regresé a mi habitación.

Ideas de todo tipo se me cruzaron por la cabeza. ¿Tal vez estábamos recibiendo sonidos del más allá? ¿Tal vez mi walkie-talkie simplemente se había averiado y produjo sonidos extraños que parecían llantos y murmullos? Traté de no pensar en ello y me fui a dormir.

Fui despertado al día siguiente por un estallido que parecía provenir de la planta baja.
Bajé rápido por las escaleras, encontrándome con mi madre y mi primo mirando por la ventana del living hacia la casa de al lado. Una camioneta de policía estaba estacionada afuera y nuestra vecina, Jessie, era escoltada por varios oficiales. Iba gritando insultos e incluso trató de escapar en un momento, antes de ser esposada e introducida en la parte trasera de la furgoneta. Estábamos atónitos por lo que habíamos visto, y en general bastante confundidos. Jessie, nuestra nueva vecina, se había mudado recientemente con su bebé luego de que el anterior inquilino de la casa muriera por su avanzada edad. Había sido muy reservada, y ​​hasta donde sabíamos era muy tranquila, no parecía ser el tipo de persona que sería arrestada por algún motivo.

No fue hasta el día siguiente que nos enteramos de lo que había pasado cuando leímos el periódico. Jessie había asesinado a su pequeño niño, apenas un bebé, luego de ser supuestamente víctima de las horribles apariciones de un anciano que la había estado atormentado por semanas. Finalmente  perdió la razón. De todas formas esto no fue lo que más nos impactó. Lo verdaderamente escalofriante fue el hecho de que el walkie talkie para bebés, que se encontraba en la sala donde ocurrió el asesinato, estuvo encendido.

Mi primo y yo lo escuchamos todo.

martes, 17 de mayo de 2016

The Holder of the Present (El Portador del Presente) - Historias de terror y Creepypastas



En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a una institución mental o centro de reinserción social donde puedas ir por ti mismo. Cuando llegues al escritorio principal, pregunta por visitar a aquel que se hace llamar The Holder of the Present. El trabajador te mirará vagamente; tendrás que preguntar de nuevo. Una vez el empleado comprenda tu pedido, te llevará por una puerta a un pasillo que parece una extensión del infierno mismo.

En ese espacio no encontrarás nada más que la oscuridad y el sentimiento de un terror inimaginable. Si llegas a oír un chillido venir de tu derecha, corre hacia la puerta por la que viniste o serás devorado por demonios que gritan en lenguas incomprensibles con bocas llenas de venenos mortales.

Si no escuchas el chillido, sólo tienes que seguir al recepcionista hasta que abra la puerta en el otro extremo del pasillo. Ahora te dirá que entres, y se irá.

En este cuarto sólo encontrarás dos cosas: una niña desnuda cuya mano izquierda es un muñón lacerado, aparentemente rasgado por una mordida de otro mundo, y la cerradura que ella cuida. Tendrás que mirar el cerrojo y no quitar tus ojos del mismo.
No debes decir más nada, a excepción de la siguiente pregunta: ¿Por qué están unidos?

Ahora, observa lentamente la cara de la niña. Ella te mirará y te relatará la historia más repugnante del presente, de cómo ha llegado a ser como es, en qué se ha convertido y como será eventualmente. La pequeña se desplazará hacia ti pausadamente, no te muevas, y quédate quieto hasta que esté a un paso de distancia. Pondrá en tu hombro lo que fue alguna vez su mano, un pedazo desgarrado de carne en estado putrefacto. Te susurrará en el oído: “La hora ha llegado, y ahora debes morir”. No reacciones a esta declaración. Sólo sigue mirándola a los ojos y eventualmente sentirás algo siendo presionado en tu mano.

El llavero es el Objeto 17 de 538. Sólo las llaves que fueron hechas para él pueden ser adicionadas, las demás serán repelidas.

 
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