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lunes, 14 de noviembre de 2016

Resumiendo el misterioso libro "El Cantar de los Vampiros" - Artículos



Eres un apasionado de los vampiros? Amas a esos seres sedientos de sangre que tanto imaginario colectivo despertaron en el mundo entero? Crees que realmente existen? o solo sientes curiosidad por conocer sus secretos? Los invito querido lectores a repasar algunos de los capítulos que más se destacan del grandioso libro en cuestión:

Domus et Genus Noctuabundus

El primer capítulo de El cantar de los vampiros se titula: Domus et Genus Noctuabundus, frase en latín que significa «casa y clan de los caminantes nocturnos».

Allí se discute una raza de vampiros conocida como Noctuabundus, o «caminantes nocturnos»; seres que se diferencian de los vampiros conocemos a través de la literatura y el cine, salvo uno o dos casos que valen la pena repasar.

Drácula, personaje central de la novela de Bram Stoker, es el ejemplo típico de un Noctuabundus: un vampiro que opera en soledad, sin clanes de pertenencia. Su personalidad es contradictoria. Por un lado, conserva los hábitos mencionados en las viejas leyendas de vampiros, entre ellas, dormir en ataúdes y fortalecerse con la tierra natal; por el otro, logra representar cierto glamour nocturno que le permite introducirse entre los humanos sin levantar sospechas, al menos durante un tiempo, ya que sus incursiones en la sociedad rara vez persiguen otro motivo que alimentarse de sangre.

Los Noctuabundus son seres horripilantes que vagan por los cementerios y rara vez viven lo suficiente como para desarrollar habilidades. Sin embargo, cuando son instruidos por un vampiro de mayor categoría consiguen suprimir sus instintos primarios y ejercer aquella dualidad perversa de la que hablábamos anteriormente.

Uno de sus ejemplos principales puede hallarse en el vampiro del cementerio de Highgate.

Los vampiros que normalmente se encargan de la instrucción de los recién convertidos pertenecen al clan de los Natus Cainum, o «hijos de Caín». El cantar de los vampiros es reacio a brindar definiciones precisas, pero se supone que son los encargados de rastrear, perseguir y matar a los Noctuabundus que no pueden valerse por sí mismos, y a educar a los que manifiesten algún tipo de inteligencia.

Recordemos que, después de convertirse en vampiro, la criatura se encuentra huérfana de emociones humanas, incluso de las más elementales, comportándose como un Ghoul o un Grobnik, esto es, un ser necrófago que se dedica a saquear tumbas, alimentarse de cadáveres, y que debido a ese comportamiento audaz es rápidamente identificado y exterminado por los cazadores de vampiros.

Entre los encargados de perseguir a otros de su misma estirpe se encuentran los Glog: el cazador de monstruos de la Edad Media. También hay otros especímenes extraños dedicados a la labor de rastreo, como los vampiros que se alimentan de vampiros.

Mors Principium Est

El Mors Principium Est, «la muerte es el principio», es uno de los capítulos más interesantes de El cantar de los vampiros.

Allí se discute la presencia de vampiros en los asuntos humanos. Contrariamente a lo que uno podría suponer, los vampiros de mayor jerarquía prefieren conservar sus tradiciones, dejando a los más jóvenes e inexpertos la posibilidad de mezclarse en la población humana.

Una de las estrategias principales de caza que aparecen en El cantar de los vampiros intenta estimular los prejuicios humanos. Al menos hasta finales del siglo XIX, los vampiros se introducían en la sociedad y formaban pequeños nichos o clanes en zonas habitadas por extranjeros, casi siempre barrios pobres y guetos. La desidia frente al aumento en la tasa de crímenes en estas áreas los ponía a resguardo de sospechas, que normalmente recaían sobre los extranjeros.

Si bien El cantar de los vampiros no lo menciona directamente, en ciertos pasajes del Mors Principium Est se sugiere que los crímenes del barrio londinense de Whitechapel, atribuidos a Jack el destripador, en realidad corresponden a los Sanguis Tremereides, o «descendientes de la sangre»; es decir, personas que han sido convertidas en vampiros sin adquirir ninguna de sus habilidades, solo el deseo insaciable de beber sangre.

El ataque de estas criaturas no es precisamente organizado. Se mueven al amparo de la noche, enceguecidos por la sed, aunque en muchos casos aún preservan ciertos niveles rudimentarios de inteligencia, al menos los necesarios para lograr escapar de sus perseguidores durante un tiempo.

El Mors Principium Est declara que, justamente, la muerte es el principio de la vida como vampiro, un nacimiento, por así decir, de lo cual podemos deducir que todo vampiro recién nacido a su existencia nocturna necesita el acompañamiento y la educación de sus mayores; algo que no siempre consiguen ya que no todas las transformaciones en vampiros ocurren a través de métodos tradicionales.

Nox Nunc Est

Nox Nunc Est, que podría traducirse como «la noche es ahora» describe el comportamiento de los humanos, su horror y fascinación por la sangre, y de qué forma los vampiros se aprovechan de él para cometer sus crímenes.

El acto de vampirismo puro, es decir, el beber sangre para satisfacer la sed, corresponde únicamente a las razas menores de vampiros. De hecho, los Bestiae, vampiros instintivos, no poseen sed de sangre, sino algo que en El cantar de los vampiros se denomina como Ultio Sanguinus Cujus: «venganza de la sangre», especie de impulso animal imposible de satisfacer.

Los vampiros de mayor jerarquía manifiestan una total indiferencia por las emociones humanas. A veces las observan, las estudian, pero sólo por curiosidad. Vistos desde una perspectiva humana, su comportamiento representa la perversión y la criminalidad, pero esas categorías pertenecen a una valoración ética y moral del mundo que los vampiros no comparten.

El cantar de los vampiros explica de qué forma los vampiros deben controlar sus instintos primarios para sobrevivir. Para ello pasan largos años de privaciones, de resistencia a los placeres de la sangre, hasta que finalmente alcanzan el primer grado en la escala de jerarquía: Sub Umbra Sumus, «bajo las sombras existimos», lo cual hace referencia a los hábitos que el nuevo vampiro debe observar en secreto para trascender su instinto depredador.

Si esos instintos gobiernan al vampiro, éste no puede existir en términos de individualidad; pertenecerá, en todo caso, a una gran mente colectiva de torpes bebedores de sangre. Para existir en las sombras, el vampiro debe controlar sus deseos, sus instintos, y en especial sus impulsos humanos.

Al parecer, aprender a ser un vampiro tiene sus riesgos.

Sanguis Malus

¿Por qué los vampiros necesitan beber sangre?

Las razones son muchas, y El cantar de los vampiros hace todo por ocultarlas.

De todas formas, no toda la sangre es buena para alimentarse. Existe también la Sanguis Malus, o «Sangre del mal», la cual está desaconsejada para cualquier vampiro, salvo que se trate de un noctámbulo de la más alta jerarquía, un In Fidelitate Ab Aeternitate, es decir, un vampiro «en lealtad con la eternidad»; seres con intereses tan extraños que resultan totalmente ajenos a la humanidad.

La Sanguis Malus es la sangre de los inocentes, es decir, la de aquellos que no han cometido ningún crimen; básicamente niños, o bien la sangre de una persona muerta. Si un vampiro comete este error padecerá horribles tormentos, ya que la Sanguis Malus Est Ignem Et Aquam, es decir, la «sangre mala es fuego y agua» en el cuerpo del vampiro.

Los únicos vampiros que de hecho pueden alimentarse de cualquier cosa, incluso de alimentos comunes y corrientes, son los llamados Dhampiros, hijos de una mujer mortal y un vampiro. Esto no es una rareza, de hecho, existen muchas historias de amor entre vampiros y humanos, como el caso de Fear Liath Mor: el vampiro que se enamoró de una mujer mortal.

Ya al final de este capítulo, El cantar de los vampiros revela buena parte del folklore humano y las leyendas que se tejen en torno a ellos, básicamente una recopilación de mitos falsos sobre los vampiros.

No Invoces Expellere Non Posis

Uno de los fragmentos más interesantes del El cantar de los vampiros se titula: No Invoces Expellere Non Possis («No invoques lo que no puedes rechazar»), haciendo referencia a los peligros de invocar a las Mater Arcanum, o «madre de los secretos», las vampiresas más antiguas del mundo.

Entre estas vampiresas antiguas se encuentran: Aisha Qandisha, Alouqua, Ardat Lili, Dearg Diliat, Empusa, Lamashtu y Lilith, madre de los vampiros. Todas ellas han perdido la voluntad de manifestarse en el mundo, aunque pueden ser invocadas por un vampiro nigromante, con todos los riesgos que ello conlleva.

El cantar de los vampiros sugiere que fueron estas vampiresas las primeras en aparecer. Los vampiros masculinos eran apenas hombres mortales convertidos para ejercer el cargo de consortes, sin mayor poder ni influencia en los asuntos de la noche.

El libro no lo menciona, pero podemos pensar que existió una conspiración para que las antiguas diosas de los vampiros se alejaran del plano material y durmieran el inquieto sueño de los inmortales.

Y más aún, El cantar de los vampiros aclara que aquellas vampiresas de antaño eran criaturas diurnas, y que los vampiros, para protegerse de ellas, poco a poco se convirtieron en seres de la noche. De ahí que en casi todas las casas seguras de vampiros, en cualquier lugar del mundo, puede leerse la frase en latín: Nox Praesidium Nostri: «la noche es nuestra protección».

No obstante el temor que estas diosas de la antigüedad infunden en los vampiros, todos ellos observan el riguroso culto de Algol, la estrella de los vampiros, que simboliza la herencia femenina en la sangre de todos los hematófagos puros.

Arcanum Arcanissimum

El Arcanum Arcanissimum, o «secreto de los secretos», es el último fragmento que comentaremos de El cantar de los vampiros, ya que justamente habla de la relación entre estas criaturas y la raza humana. El resto, al menos de nuestra parte, continuará en el más prudente de los silencios.

En definitiva, hay libros que pueden buscarse, y otros que encuentran a sus lectores. El cantar de los vampiros es uno de ellos: una obra que puede perseguirse durante toda la vida sin encontrar otra cosa que la locura. Es él, en todo caso, el que encuentra a los lectores preparados para estudiar sus conocimientos.

No en vano El cantar de los vampiros advierte una y otra vez: Quid Vesper Ferat, Incertum Est: «lo que trae el anochecer es incierto».

Es justo suponer que El cantar de los vampiros es una obra de menor importancia para las criaturas de la noche, y que buena parte de sus conocimientos fueron vertidos para el uso de los Discipulus, esto es, humanos que aspiran a convertirse en vampiros, comenzando por la ingrata labor de ejercer como vampiros energéticos; o bien como seguidoras femeninas, las odiosas Hexe: brujas que se convierten en vampiros siguiendo ritos abominables que la prudencia exige omitir.

La mayor prueba en favor de esta hipótesis es que El cantar de los vampiros está escrito en latín, lengua erudita pero humana. Los verdaderos libros de las criaturas de la noche están escritos en el lenguaje de los vampiros, idioma que admite construcciones insólitas y un cifrado imposible de interpretar sin no se posee la clave.

El Arcanum Arcanissimum explica de qué forma una persona puede convertirse en vampiro, y también los métodos que este debe seguir si desea sobrevivir en la noche.

El ritual es demasiado largo y complejo como para describirlo en unos pocos párrafos; y no es nuestra intención brindar este tipo de información de manera negligente, ya que podría caer en manos inescrupulosas, en el peor de los casos, o conducir a la locura y la alienación en aquellos que se arriesguen a practicarlo sin la instrucción correspondiente en temas como el ocultismo y el esoterismo.

Baste decir que el rito aclara lo siguiente: durante los primeros años como vampiro, estas criaturas sí están sometidas a una enorme variedad de peligros, tales como la luz del sol, los crucifijos, los espejos y el ajo; elementos que poco a poco dejan de afectarlos a medida su poder aumenta.

Esta primera etapa no es fácil de superar, ya que el vampiro recién convertido se siente obnubilado por sus nuevos sentidos, en realidad, los mismos que poseen los humanos pero extremadamente más agudos.

Al despertar a su nueva existencia, el vampiro siente que Omne ignotum pro magnifico est, es decir, que «cada cosa desconocida es espléndida»; pero también sugiere: Frontis nulla fides: «no confíes en las apariencias».

Scientia est potentia, aclara El cantar de los vampiros, es decir, «el conocimiento es poder»; pero también que Exercitato Artem Parat, «el ejercicio genera destreza», dándole igual importancia tanto al estudio como a la aplicación de esas enseñanzas.

Aquellos que posean el conocimiento para hallar El cantar de los vampiros no necesitarán de nuestras advertencias. Sanguis vitam est («la sangre es la vida»), declara el libro, y no sin razón, pero la vida tiene muchos matices, muchas formas, y algunas de ellas jamás deberían buscarse impunemente.



FUENTE: Extraído en su totalidad de elespejogotico.blogspot.com.ar

miércoles, 2 de marzo de 2016

Hannya: una criatura extraña del folclore japones - Artículos y Leyendas urbanas



Existe una leyenda de vampiros del Japón con cualidades realmente inauditas.

Se trata de la historia de Hannya; una especie de íncubo o vampiro masculino con gustos muy particulares.

Hannya significa «vacío de formas»; nombre asombroso habida cuenta de que la silueta de esta criatura ha sido minuciosamente detallada por los especialistas nipones. Se lo describe como un hombre de epidermis verdosa, pequeños cuernos a los costados de la cabeza, mentón alargado, lengua bífida y ojos que destellan un tinte ambarino.

Otras veces, en cambio, se lo retrata como una sombra incierta que habita en los rincones más oscuros de la casa, donde aguarda la llegada de la noche.

Hannya es intransigente en todo lo que se refiere a su dieta: se alimenta exclusivamente de mujeres hermosas.

Habita en las alcantarillas, o en cualquier sitio húmedo y oscuro, y desde allí organiza la logística de sus excursiones. Cuando selecciona a su víctima, Hannya se asegura que ésta viva sola, y únicamente la atacará cuando ella se encuentre durmiendo, ya que teme el brillo de los ojos humanos cuando están inyectados de horror.

Justo antes de atacar, Hannya emite un espantoso chillido con propiedades paralizantes. Este detalle, según algunos, lo vincula con la Gente Sombra y otras criaturas nocturnas del folklore onírico.

La víctima, que segundos antes de oír el grito se encontraba profundamente dormida, no tendrá tiempo de abrir los ojos.

En un estado de parálisis, aunque consciente de todo lo que la rodea, la mujer experimentará las primeras mordidas del vampiro en los hombros y el cuello.

Si bien el Hannya sólo se ceba en mujeres hermosas, cuando encuentra una especialmente atractiva le reserva una variedad exclusiva de tormentos.

En estos casos el Hannya se alimenta lentamente, noche a noche, sin ningún tipo de apuro; buscando enloquecerla paulatinamente a medida que su propia saliva infecta a la víctima, vaciando su belleza hasta transformarla en una especie de híbrido casi irreconciliable con la fisionomía humana.

Finalmente, cuando la belleza de la mujer es totalmente drenada, el Hannya devora la carne y los huesos de su víctima.

La leyenda del vampiro Hannya no acentúa ninguna debilidad que el cazador de vampiros o el investigador paranormal puedan explotar.

Al parecer, sus ataques son esporádicos, uno cada cuatro o cinco años, y nunca en la misma región, de modo que suele pasar desapercibido.

Los budistas señalan que existe una oración sagrada que ahuyenta al Hannya, y por tal caso a todos los íncubos, súcubos y criaturas no humanas del plano astral: una oración que habla de la mirada de las hembras orientales; justamente lo que este vampiro aborrece con cada hebra de su ser.

Se sabe que encontrarse en la mirada del otro puede ser peligroso, sobre todo si nos devuelve un rastro de vacío, un esquema fronterizo, ausente, como el reflejo de una sombra.



FUENTE: elespejogotico.blogspot.com.ar

martes, 1 de marzo de 2016

Los Lampijerovic curiosos vampiros de los Balcanes - Artículos



Los Lampijerovic integran una raza de vampiros de los Balcanes, región en la que abundan sus leyendas, sobre todo entre la comunidad gitana.

Su nombre significa literalmente: «pequeño vampiro», ya que los Lampijerovic son, de hecho, híbridos; es decir, hijos de una mujer mortal y una especie de íncubos llamados Mullo.

En este sentido se parecen asombrosamente a los Changelings, hijos mitad humanos mitad seres no humanos del plano astral, cuando no directamente de las hadas. Algunos sostienen que esta anormalidad también puede darse cuando una mujer queda embarazada de un vampiro.

Los Lampijerovic pueden ser tanto masculinos como femeninos, aunque prefieren asumir los rasgos y los hábitos de las mujeres hermosas: esto es, cierto halo de frialdad, de distancia, cuyo propósito es, paradójicamente, adoptar el perfil de víctimas preferido por los vampiros en general.

El único rasgo que los distingue de una mujer humana normal son los ojos, de un azul intenso.

Desde muy jóvenes muestran un particular rechazo por los vampiros, a quienes detectan a muchos kilómetros de distancia. Apenas alcanzan la madurez realizan pequeñas emboscadas y persecusiones. Poseen un instinto muy agudo y un odio feroz, lo cual los convierte en los mejores cazadores de vampiros de la región.

Los Lampijerovic agrupan todas las habilidades típicas de los grandes depredadores especializados. Todos sus sentidos se adaptan a los hábitos y la metodología de los vampiros. De hecho, ni siquiera los vampiros más experimentados se encuentran a salvo de este innato cazador.

Se dice que los Lampijerovic nacen en medio de las comunidades gitanas en momentos de gran desesperación, en especial cuando sus aldeas son atacadas por pequeños clanes de vampiros o por grupos de hematófagos durante sus migraciones.

El Lampijerovic realiza sus expediciones durante el día, como un sabueso, hasta que logra dar con el cubil principal de los vampiros. Normalmente cuentan con la ayuda de un gato negro, es decir, de un espíritu familiar.

Resulta extraño que, una vez eliminada la amenaza, el Lampijerovic pierde todas sus habilidades. Por regla general, se transforma en una cáscara vacía, en algo ausente, sin voluntad. En este estado calamitoso pasará sus últimos días vagando por los cementerios, olisqueando viejas tumbas y evitando que otros vampiros se instalen en la región.

Las comunidades gitanas, al menos hasta bien entrado el siglo XX, llevaban un riguroso registro de los Lampijerovic nacidos en los Balcanes; algunos de ellos son considerados santos, y sus hazañas y prodigios son narrados solemnemente de generación en generación; en algunos casos, con devota adoración.


FUENTE: elespejogotico.blogspot.com.ar

miércoles, 20 de enero de 2016

El Neuntöter, un vampiro del folclore alemán - Articulos y leyendas de terror



El Neuntöter pertenece a esas típicas razas de vampiros de las leyendas alemanas. Su nombre significa literalmente «mata nueve», lo cual hace referencia al período de transformación que atraviesa este vampiro hasta adquirir pleno dominio de su poderes.

Al Neuntöter le toma nueve días convertirse en vampiro desde que su cadáver es enterrado. Cuando finalmente se levanta de la tumba lo hace envuelto en una nube de vapores fétidos, una especie de aura pútrida particularmente repulsiva.

En la Edad Media se creía que el Neuntöter era un heraldo de la peste. Su hedor característico, mezcla de leche cuajada y moho, era asumido como el preludio de una inminente masacre.

Ahora bien, nadie puede convertirse en un Neuntöter; es decir, no estamos aquí en presencia de un vampiro que se produzca mediante algún tipo de transformación a través una mordida o maldición.

Neuntöter se nace.

Sólo los bebés que nacen con al menos dos dientes son potenciales Neuntöter. Precisamente por eso, todos los niños que nacían con dientes eran separados de las aldeas medievales en la región germánica, ya que todos ellos eran potenciales Neuntöter al momento de su muerte.

El hecho de separarlos de sus comarcas, incluso de sus madres, responde a la creencia extendida de que los vampiros sólo atacan en la región en la que nacieron como humanos.

Para asegurarse de que el Neuntöter no se levante de la tumba, los sospechosos eran enterrados con una cuchara de madera en la boca; aunque algunos estudiosos del folklore teutón afirman que ésta era colocada una vez que todos los dientes del muerto eran prolijamente arrancados; quizás para asegurarse de que el vampiro no pudiese morder a nadie durante su regreso.

Si por alguna confusión este procedimiento era olvidado se debía exhumar el cadáver justo a la medianoche del noveno día de su entierro, momento en el que Neuntöter comenzaba a abrir los ojos. Acto seguido se le vaciaba el jugo de un limón sobre los globos oculares; ya que allí, en su mirada, reside la fetidez característica de estos abominables engendros.

El Neuntöter, hay que decirlo, no es uno de los vampiros más terribles que podamos encontrar, de modo que aquellos que hayan nacido con dientes tampoco les aguarda una vida de ultratumba particularmente agradable.

En general se trata de un vampiro inarticulado, casi catatónico, que no recuerda mucho de su vida en la tierra, y lo poco que sí conserva en la memoria no le proporciona ningún consuelo.

Es su destino —anotan los cronistas— rondar por las aldeas en donde se avecina la plaga; ya que los cadáveres de los enfermos son la única vianda que su organismo corrupto logra digerir.


Fuente: elespejogotico.blogspot.com.ar


jueves, 19 de noviembre de 2015

Mercy Brown: la última vampiresa de Nueva Inglaterra - Artículos



Mercy Brown (1873-1892) fue una joven de Rhode Island, Nueva Inglaterra, que falleció prematuramente a causa de la tuberculosis. Si bien este tipo de enfermedad era casi siempre letal, la mayoría de la gente dudaba sobre la veracidad de los especialistas que la diagnosticaron en la joven. Muchos, incluidos sus parientes y amigos cercanos, estaban convencidos de que Mercy Brown no había muerto realmente, y que de hecho era un vampiro.

El caso de vampirismo de Mercy Brown es uno de los mejor documentados del siglo XIX; y no solo eso, sino que además es el que más detalladamente aclara los métodos de exhumación de un cadáver practicando distintos rituales para ahuyentar o matar a un vampiro.

Los periódicos de aquel entonces titularon el caso como La última vampiresa de Nueva Inglaterra. Su historia causó tanta conmoción en la opinión pública que gran parte de los detalles circunstanciales que la conforman se han vuelto moneda común en el folklore de aquella región.

Repasemos la historia de Mercy Brown:

George Brown fue un granjero que repentinamente vio como su vida se derrumbaba. Una rara enfermedad se cebó en todos los miembros de su familia, matándolos uno por uno.

La primera en fallecer fue la madre de Mercy Brown, Mary, en 1883. Luego su hija menor, Mery Olive. Algunos años después, Edwin, el más pequeño, también comenzó a manifestar los síntomas inequívocos de la tuberculosis.

Por aquel entonces los médicos hablaban de «consunción»; es decir, tisis, cuyo tratamiento en general proponía solo un «cambio de aire»; demasiado poco para luchar contra una enfermedad con una tasa de mortalidad espeluznante.

El joven Edwin fue enviado a Colorado, donde su mejoría fue superficial pero progresiva. La última en dar cuenta de aquellos síntomas letales fue Mercy Brown, quien finalmente moriría el 17 de enero de 1892 con apenas diecinueve años de edad.

Desesperado por esta terrible sucesión de pérdidas, George Brown comenzó a prestar oídos a los rumores de vampirismo que rondaban por el pueblo.

Acaso para preservar la vida de su último vástago aceptó la propuesta de un grupo de entusiastas y decidió exhumar los cadáveres de su familia para ratificar si éstos efectivamente habían caído en las garras de un vampiro.

La exhumación se produjo el 18 de marzo de 1892 en el cementerio de Chestnut Hill. La comitiva iba encabezada por el médico familiar y un periodista de The Providence Journal; el resto, presumiblemente, portaba antorchas y estacas.

Al abrir las tumbas se descubrió que el cuerpo de Mary estaba intacto, perfectamente momificado, al igual que el de Mercy Brown; cuyo aspecto lucía tan radiante que incluso superaba en belleza al que había mostrado en vida.

En medio de una gran agitación se aguardó a las primeras horas de la noche donde varios testigos afirmaron que los ojos de Mercy Brown se abrieron repentinamente en la oscuridad de la fosa.

La comitiva actuó con toda la determinación que uno esperaría encontrar en un turba decidida a cazar vampiros: el cuerpo de Mercy Brown fue profanado de la forma más brutal. Se le arrancó el corazón y se lo redujo a cenizas en un fuego en el que ardían hierbas profilácticas. Los restos luego fueron devueltos a la cavidad torácica de la muchacha, abierta como unas fauces, y el cuerpo, ya horriblemente mutilado, fue enterrado nuevamente.

Algunos rumores indican que aquel ritual blasfemo no tenía como objetivo prevenir que Mercy Brown regresara como vampiro, sino que las cenizas de su corazón fueron preparadas en una infusión diabólica para que sea ingerida por el enfermizo Edwin, que por aquellos días agonizaba en el hospital.

A pesar de estos esfuerzos Edwin Brown moriría dos meses más tarde.

El caso de Mercy Brown tuvo una gran difusión mediática. Se produjo una fuerte controversia pública, que poco a poco fue perdiendo peso a medida que los rumores sobre extrañas apariciones en el cementerio de Chesnut Hill comenzaron a ganar espacio en la prensa.

Se habló de criaturas difusas, oscuras como sombras, moviéndose entre los árboles añosos, devorando ranas, aves y gatos; incluso se hallaron rastros de una mortaja, de un vestido desgarrado y tibias roídas que sugerían la posibilidad de que las profanaciones seguían realizándose de forma sistemática.

La otra posibilidad, demasiado horrorosa siquiera para concebirla, era que Mercy Brown salía regularmente de su tumba.

Se sabe que cuando Bram Stoker viajó a Nueva Inglaterra se interesó vivamente en el caso de Mercy Brown; y que al menos el episodio de la exhumación de Lucy Westenra en la novela de vampiros: Drácula (Dracula), rito encabezado por el profesor Abraham Van Helsing, está parcialmente basados en su historia.

Otro dato a destacar manifiesta que miembro ilustre de la comunidad de Rhode Island, H.P. Lovecraft; se refiere directamente al caso de Mercy Brown en su relato de terror: La casa maldita (The Shunned House).



FUENTE: elespejogotico.blogspot.com.ar


miércoles, 18 de noviembre de 2015

La sangre y los vampiros - Artículos



Las leyendas no suelen ser rígidas respecto a la supuesta necesidad de los vampiros por beber sangre. Más aún, la sangre es apenas una de las tantas posibilidades que conforman los hábitos alimenticios de los vampiros.

Durante la Edad Media se creía que los vampiros comían únicamente la carne descompuesta de los muertos, incluso que roían viejas tibias al estilo de los trolls; y que preferían estos manjares por encima de la sangre de los vivos.

De hecho, abundan los relatos de vampiros que se entretienen en roer sus propias extremidades en las largas horas de hastío de la tumba.

Recién a mediados de la Edad Media se comenzó a hablar de vampiros que bebían sangre despreciando otros fluidos y tejidos humanos.

Beber únicamente sangre es un refinamiento propio de la literatura, no de la leyenda; salvo algunos casos aislados donde se denuncia la presencia de vampiros con necesidades alimentarias que se ajustan a algún trauma de su historia personal, como el caso de Lilith, la madre de los vampiros; o los Bluatsauger, por ejemplo.

Con la llegada de los vampiros a la novela gótica empezó a hablarse de ellos como bebedores de sangre y no como simples carroñeros de ultratumba.

Uno de los primeros ejemplos de vampiros que beben sangre se da en la novela: Varney el vampiro, o El festín de sangre (Varney the Vampire, or the Feast of Blood), de Thomas Peckett Prest, publicada por entregas entre 1645 y 1847.

Pero fue el arribo de Carmilla (Carmilla), de Sheridan Le Fanu, pero sobre todo con Drácula (Dracula), de Bram Stoker, los que determinaron un cambio radical en la naturaleza de los vampiros.

Se volvieron más refinados, más civilizados; perdieron radicalmente aquella naturaleza bestial, anómala, permitiéndoles guardar la compostura entre los mortales salvo que detectaran una pequeña gota de sangre.

El simbolismo de la sangre y los vampiros es bastante claro y no necesita mayores interpretaciones. Pero la ausencia de sangre en las viejas leyendas de vampiros responde a una economía de recursos. El concepto que buscaban reflejar ya era lo suficientemente claro como para recurrir a tales astucias.

Recordemos que en las leyendas de vampiros éstos son seres bastante desagradables, literalmente muertos que caminan y se mueven bajo las sombras de la noche, buscando cadáveres, ratas y viejos huesos para roer.

El horror que despedían era visible y no ofrecía dudas, de forma que acentuar su naturaleza diabólica a través de un rasgo menor, como lo es beber sangre, no solo resultaba peligrosamente redundante sino procaz.

La sangre solo se volvió importante cuando los vampiros fueron perdiendo sus características bestiales y, quizás para sobrevivir, adoptaron los hábitos de sus presas, en este caso, el ser humano. Solo entonces empezaron a beber sangre regularmente.

Podemos pensar que, en cierta forma, se trata de una evolución; es decir, del depredador que cambia radicalmente sus estrategias de cacería para adaptarse a los nuevos tiempos.

Pero también podemos verlo como una degradación, un retroceso en la dignidad del cazador. Imaginemos por un momento lo indigno que podría ser para un lobo disfrazarse de ciervo, comportarse y vivir entre ellos para poder cazarlos.

Esta metamorfosis del vampiro hacia una forma de humanidad inarticulada no evidencia directamente sus características diabólicas, por el contrario, las oculta.

Solo en la sangre, en esa sed inapelable que no es otra cosa que un llamado a las raíces, a regresar a los instintos primarios del depredador nocturno, donde queda de manifiesto que los vampiros son, en definitiva, lo que nunca debieron dejar de ser.


FUENTE: elespejogotico.blogspot.com.ar


miércoles, 2 de septiembre de 2015

La misteriosa desaparición del cráneo de F.W. Murnau director de "Nosferatu"



Las autoridades locales reportan la misteriosa desaparición de la calavera del director alemán F.W. Murnau (1888-1931), creador del gigantesco clásico del expresionismo de los años '20: Nosferatu: una sinfonía del horror (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens), adaptación libre de la novela de vampiros de Bram Stoker: Drácula (Dracula).

Desde su prematura muerte en 1931, a causa de un accidente automovilístico antes de la premiere de su último film, Tabu, el cuerpo de W.F. Murnau fue enterrado en una parcela familiar en el cementerio de Stahnsdorf, Alemania, junto a sus hermanos.

En julio de 2015, un grupo de admiradores del director reportó a las autoridades locales que la tumba de W.F. Murnau había sido profanada.

En principio se hallaron restos de cera negra, tal vez producto residual de velas utilizadas en algún tipo de ritual satánico, justo debajo de la hermosa lápida diseñada por el artista Ludwig Manzel.

Restos similares que sugieren la presencia de ritos negros ya habían sido encontrados en otros cementerios asociados a los vampiros, por ejemplo, en el cementerio de Highgate.

Posteriores investigaciones arrojaron datos aún más escalofriantes.

La calavera de W.F. Murnau había desaparecido misteriosamente, sin dudas sustraída por los perpetradores de aquella misa negra, que en cierta forma recuerdan las viejas leyendas sobre cómo matar a los vampiros.

Recordemos que, en el año 2000, W.F. Murnau ya había sido vinculado a un caso de vampirismo, esta vez en la película: La sombra del vampiro (The Shadow of the Vampire), donde se lo retrata como un despiadado director de cine que utilizó a un vampiro real para interpretar al mítico conde Orlock.

lunes, 31 de agosto de 2015

Atraer a un vampiro



Una de las formas más utilizadas para atraer a un vampiro consistía en elegir un niño o una niña, lo suficientemente jóvenes como para ser vírgenes, y sentarlos sobre un caballo de color negro, preferiblemente casto y que no hubiese tropezado nunca.

Se llevaba al caballo al cementerio y se lo hacía pasar sobre las tumbas sospechosas de albergar a un No Muerto. Si el animal se rehusaba a pasar sobre una de ellas era una clara señal de que allí estaba enterrado un vampiro.

Acto seguido se sentaba a los niños sobre la lápida y luego se los llevaba a un lugar seguro. Cuando cayese la noche el vampiro seguiría invariablemente el rastro odorífero dejado por los infantes; y de este modo caería en una trampa letal.

Esta creencia está muy bien descrita en la novela de vampiros de Ann Rice, Entrevista con el vampiro (Interview With a Vampire).

Algunos folkloristas sostienen que originalmente las lápidas no tenían el propósito de ilustrar sobre la vida pasada del difunto, sino que eran un método para impedir que los vampiros se levanten de sus tumbas.

Existen otros métodos, acaso más modernos, para atraer a los vampiros; los cuales consisten en aplicar inversamente los ritos tradicionales para alejarlos.

Por ejemplo, así como los vampiros odian el ajo, adoran en cambio el aroma de las amapolas. Estas flores ejercen un tremendo magnetismo en los vampiros y los llevan a cometer toda clase de imprudencias para obtenerlas.

En los mitos de Europa del Este encontramos muy pocos remedios tradicionales para convocar a los vampiros, ya que en esa zona los vampiros suelen ser bastante poco agradables y de existencia miserable. Voltaire (escritor, historiador, filósofo y abogado francés) solía burlarse de ellos diciendo que la creencia en vampiros es directamente proporcional a la ignorancia de los pueblos que profesan su fe.

Pero en la iluminada cultura de la Europa de Voltaire también se agitaba el germen del vampirismo, el cual adquiría muchas formas. Las leyendas fueron ganando en sutilezas, en pequeñas contradicciones y desarreglos que aumentaron lentamente la creencia en los vampiros.

Se empezó a considerar que los vampiros pueden ingresar en una habitación sólo cuando la víctima los invitaba, concientemente o no.

Veamos algunas formas en las que un vampiro podía presentarse en el lecho de una dama:

No era necesaria la ausencia de objetos religiosos. Los vampiros no temen a ningún símbolo sagrado en presencia de personas frívolas. Sólo los aborrecen cuando las cruces y relicarios operan como catalizadores en manos de hombres de probada fe.

Las rosas, en cambio, producen en los vampiros un fuerte rechazo, especialmente las blancas. Tampoco es recomendable tener un recipiente con agua en la habitación, particularmente cerca del lecho, ya que los vampiros no pueden cruzar ningún límite marcado con agua; y esto funciona, dentro de la leyenda claro, tanto para los ríos como para un simple vaso con agua.

Es importante destacar que una vez que el vampiro se ha hecho presente, tanto la ignota dama como él son igualmente responsables por el bienestar del otro.

Nos explicamos.

Así como el vampiro necesita una invitación para ingresar en una casa, también requiere una autorización para abandonarla. Motivo por el cual, los vampiros suelen alimentarse visitando el cuarto de sus amantes pero jamás les dan muerte dentro de aquellos límites; ya que sin la autorización de la víctima el vampiro no podrá abandonar el lugar.

Es así que la mujer y el vampiro deben complementarse: él leerá sus deseos más recónditos, incluso de los que ella no es enteramente consciente, y saciará todos sus apetitos a medida que bebe su sangre. Ella le ofrecerá el cáliz de su cuello; se irá diluyendo entre sus abrazos; pero el placer será apenas una anticipación, un preludio, jamás terminará de consumarse; y cuando la sombra del vampiro abandone la habitación nuestra desconocida dama creerá haber tenido un sueño espantoso, sentirá sobre sus labios los ecos de un beso frío, helado como la tumba; su cuerpo temblará, sus dedos recordaran la textura etérea de un cuerpo lívido que se niega a permanecer en la memoria.

Nadie que haya sido mordido por un vampiro recordará plenamente la experiencia, y mucho menos el rostro de su siniestro visitante. La noche será como una pesadilla agitándose en un rincón inaccesible de la mente.

¿Sucedió aquello?

¿Fue un sueño?, se preguntará razonablemente.

Podemos imaginar a esta hipotética mujer luchando por conciliar el sueño, con la mente atribulada por dudas y un horror que se resiste a ser evacuado por la lógica. La habitación parece cerrarse sobre ella, con sus paredes ensombrecidas y las cortinas ondulando suavemente con la brisa nocturna.

Y en el preludio del sueño, donde la conciencia se abre paso hacia lo imposible, tal vez la veamos estirar sus dedos temblorosos para verificar la lubricidad de su sexo envuelto en tinieblas; intentando recordar en vano un momento que acaso jamás tuvo lugar. Entonces verá, sobre la blanca palidez de las sábanas, una diminuta perla púrpura, la joya roja de sus venas; y ya no habrá más incertidumbre.



AUTOR: Aelfwine para elespejogotico.blogspot.com.ar


Ciertas creencias sobre cómo combatir a los vampiros



A veces las leyendas de vampiros sorprenden por su osadía, y otras por su extrañeza.

Por ejemplo, en Europa Oriental se pensaba que los vampiros podían dejar a la gente muda con su presencia; o robar la fuerza y la belleza de los mortales, y hasta la leche de las madres primerizas.

Casi todas las leyendas de vampiros coinciden en afirmar que estas criaturas temen a la luz en casi todas sus formas, con excepción de la luz de la luna, de manera que un buen fuego puede ahuyentarlos.

Con este propósito repelente se colocaban antorchas encendidas sobre las puertas de las casas, aunque esa tradición fue dejando paso a cruces hechas con espinas de rosas silvestres, mucho más efectivas para ahuyentar a los vampiros.

En Rumania existía otra curiosa leyenda de vampiros y sus raras repugnancias. En ciertas partes de Transilvania se afirma que la mejor forma de mantener alejados a los vampiros de las aldeas es esparciendo semillas de amapola en los senderos que unen la iglesia y el cementerio, ya que los vampiros (vaya a saber uno por qué) deben parar a recoger cada una de ellas, y de esta forma se los retrasa fatalmente hasta la salida del sol.

Pintar un par de manchas blancas sobre la frente de un perro negro evitaba que los vampiros se alimenten del ganado. Si un gato o algún otro animal "maldito" saltaba sobre un cadáver antes de ser enterrado podía convertirse en vampiro.

Si el cuerpo de un cadáver se reflejaba involuntariamente en un espejo, desde entonces era considerado como un posible vampiro, y se lo inhumaba con todas las precauciones del caso.

Repasemos un párrafo de la bella obra: La tierra más allá del bosque (The Land Beyond the Forest, 1888), de Emily Gerard:

Aún el linaje más puro no puede asegurar a nadie contra la introducción de un vampiro en la bóveda de la familia, debido a que todas las personas asesinadas por un Nosferatu se convierten igualmente en vampiros después de su muerte. Ellos continuarán succionando la sangre de los inocentes hasta que se haya conjurado al espíritu abriendo la bóveda de la persona sospechada y atravesando el cadáver con una estaca.


AUTOR: Aelfwine para elespejogotico.blogspot.com.ar


Sobre la conversión y el alma de un vampiro



La manera más común de convertirse en vampiro es, por supuesto, ser mordido por un vampiro. Pero no todos los métodos de transformación son tan conocidos y accesibles; algunos, de hecho, son bastante complicados de comprender, ya que resulta prácticamente imposible establecer un vínculo entre ciertos hechos y actos, en apariencia inocentes, y su naturaleza como disparador de una transformación vampírica.

En Hungría, por ejemplo, se condenó a una mujer en el siglo XIII por haber concebido durante un Viernes Santo y luego destetar al bebé prematuramente. Como todos sabemos, o simulamos saber, esta es una clara señal de que el niño se convertirá en un vampiro.

Las sucesión de incongruencias continúa, aunque algunas mantienen algún atisbo de racionalidad.

En Europa Occidental, si alguna mujer no consumía suficiente sal durante el embarazo sería la madre de un vampiro. En esta tradición se asocia un remedio tradicional contra el demonio, y se lo aplica ante la posible gestación de uno de sus agentes.

Pero las formas más populares de convertirse en un vampiro estaban vinculadas a lo irreversible: el suicidio y la brujería; actos que, en la mayoría de los casos, eran vistos como una condena eterna para el alma humana.

Hoy podemos burlarnos de tales supercherías, pero en su época operaban como verdades incuestionables para el común de la gente.

Durante el reinado de la Inquisición, donde se quemaron a miles de personas basándose en principios y argumentos absurdos, el clero había asignado a un asistente para todos los verdugos de Europa, cuya tarea consistía en evitar que las brujas y magos negros se apropiaran del semen que brotaba de los condenados a la horca; el cual era utilizado en distintas pociones, ungüentos y filtros amorosos, con el único fin de conseguir que los muertos se levanten de sus tumbas.

Claro que no todos lo métodos para convertirse en vampiros eran tan espantosos. Por ejemplo, los errores gramaticales del latín, pronunciados durante la ceremonia previa al entierro, también eran factores a tener en cuenta.

Recordemos que durante la Edad Media, y aún en épocas posteriores, la educación de los monjes y sacerdotes no era particularmente profunda. Muchos de ellos pronunciaban un latín incomprensible, aprendiéndolo por fonética y repetición, sin entender realmente lo que estaban diciendo. A veces un error involuntario en un enunciado sagrado podía, según la creencia popular, hacer que el cadáver de alguien sin máculas en la vida mundana se levantara del sepulcro y comenzara a acechar a sus familiares y vecinos.

Existía también algo que sucedía realmente poco, incluso en aquella época llena de prodigios de ultratumba; y era la transformación por la pasión.

El vampiro que se convierte a sí mismo mediante la pasión no tiene nada que ver con maldiciones adquiridas, ni como consecuencia de oscuros ritos y abominables salmos al amparo de la noche; sino de un llamado de la sangre, algo predestinado en su ser, como si en los espacios más insignificantes de su alma se agitase un germen que pugna por salir a la superficie; un algo si nombre que flota sobre la conciencia y reclama de ella el sacrificio máximo: renunciar a la humanidad para integrarse a los ejércitos de la noche.

Este raro tipo de conversión en vampiro promueve la idea de que existe un alma de los vampiros, que algo insustancial pero poseedor de una fuerza irresistible late en el corazón de algunos humanos con capacidades extraordinarias.

El alma de un vampiro puro gravita sobre el cuerpo de ciertos humanos con las condiciones adecuadas; a menudo practicantes del ocultismo y el esoterismo más escandaloso; influyendo primero en sus pensamientos, luego en sus actos, avivando sus deseos más inconfesables y agudizando al extremo sus sentidos.

Con el tiempo llega la derrota de la voluntad, tan inevitable cómo anhelada. El hombre se abandona con dulzura a esa pasión irresistible que roe su mente, y sus ojos, narra la leyenda, finalmente se abren a los misterios de la Noche que no conocen siquiera el preludio del alba.


AUTOR: Aelfwine para elespejogotico.blogspot.com.ar


miércoles, 26 de agosto de 2015

Dos casos curiosos y rebuscados de vampirismo



Existen muchas formas de convertirse en vampiro. De hecho, quizás demasiadas.

Si nos guiásemos por las leyendas urbanas existen tantas formas de transformarse en vampiro que lo realmente asombroso sería encontrarse con alguien que no fuese un vampiro.

Dentro de las conversiones más formidables está el caso de una mujer húngara del siglo XIII.

Su marido, acaso por despecho, la denunció ante las autoridades seculares y eclesiásticas afirmando que había concebido durante el Viernes Santo, fecha escandalosa para el comercio amoroso, aunque sea dentro del marco lícito del matrimonio, y luego de haber destetado al bebé prematuramente.

Estos delitos más bien austeros tenían como propósito denunciar no solo a esta mujer transgresora, sino también la posibilidad de que el fruto de su pecado fuese un vampiro, ya que ambas cosas; el amor en una fecha prohibida y el destete prematuro de un infante, se incluyen en una larga lista de causas por las que alguien puede convertirse en vampiro.

Otro caso extraño de transformación involucra a una mujer de Rumania, que, según una crónica del siglo XII, no había consumido suficiente sal durante el embarazo, gestando de este modo a un vampiro particularmente desagradable.

Recordemos que la sal era considerada un arma notablemente eficaz contra el demonio, y, en consecuencia, contra cualquiera de sus esbirros terrenales, entre ellos, los vampiros.

Concepciones cronológicamente inoportunas, destetes prematuros, ausencia de sal en la dieta gestacional... las formas de convertirse en vampiro son, como decíamos... demasiadas.

Autor del artículo: Aelfwine para elespejogotico.blogspot.com.ar

lunes, 21 de octubre de 2013

De Masticatione Mortuorum in Tumulis (Tratado de vampirismo) - Artículos



De masticatione mortuorum in tumulis (De la masticación de los muertos en sus tumbas) es un curioso tratado sobre vampirismo compuesto en 1725 por el pastor luterano Michaël Ranft.

El libro, utilizado por H.P. Lovecraft en su abultada biblioteca apócrifa, es una refutación del Dissertatio historico philosophica de masticatione mortuorum (Disertación histórico filosófica de la masticación de los muertos), escrita cincuenta años antes, donde se afirmaba que el diablo suele cebarse con la carne de ciertos cadáveres.

Ranft, por su parte, aplica un racionalismo excéntrico, y afirma que los cementerios no son en modo alguno un sitio de descanso. Por el contrario, desliga al pobre Lucifer de todo placer por esta dieta cadavérica, y señala que los verdaderos causantes de la mutilación que revelaban las exhumaciones eran consecuencia del apetito insaciable del propio muerto. Acto seguido, se burla de los remedios folklóricos para retener a los muertos en sus tumbas, tales como enterrarlos boca abajo, llenarles la boca con tierra o piedras, en incluso sellarles la mandíbula mediante tiras de cuero húmedas.

De Masticatione Mortuorum in Tumulis, casi sin desearlo, se convierte en un magnífico recorrido por estas creencias necrófagas.

Eran pocos los que creían en la resignación de los muertos. Al contrario, era común pensar que la vida de intratumba hervía con una actividad sobrenatural. Los muertos tienen un apetito feroz, apunta el mito, implacable, eterno; lo cual los impulsa a efectuar pequeños reconocimientos en torno a sus sepulcros. Muchos enterradores y sepultureros aseguran haber extraído jirones de mortajas de las bocas de los muertos, incluso restos de su propia carne pútrida. Ranft cita un caso muy interesante sobre la exhumación de una tumba ocupada por un matrimonio que se devoró mutuamente en la oscuridad.

Ya el título del libro, De Masticatione Mortuorum in Tumulis hace referencia a una costumbre habitual entre los espíritus intrépidos de la época: pasear por el cementerio, de noche, y detenerse a oir el ruido de los muertos al masticar sus propias extremidades bajo tierra.

Pero De Masticatione Mortuorum in Tumulis es algo más que un intento de explicar porqué los muertos royen sus huesos. Su verdadera intención es explicar el vampirismo como un fenómeno natural. Para ello se basa en el famoso caso de Peter Plogojowitz.

Kisilova, Hungría, 1724. Peter Plogojowitz es acusado de levantarse periódicamente de la tumba para asesinar a sus vecinos. Las muertes, que para algunos ascienden a nueve, generaron una histeria como nunca antes de había visto. En ningún lugar, antes o después, se creyó en vampiros tanto como en aquella remota región de Hungría.

De Masticatione Mortuorum in Tumulis racionaliza estos hechos, aunque de un modo que escandalizaría a nuestros sabios modernos. Ranft menciona que todos los muertos relacionados al caso habían tenido contacto con el cadáver de Peter Plogojowitz, ya sea físico, es decir, táctil, o bien ocular; y relaciona sus muertes con alguna enfermedad que elude las interpretaciones ortodoxas. Aquellos afortunados que no habían visto el cuerpo de Peter Plogojowitz, organizaron una expedición al cementerio de Kisilova. Armados con hazas y palas e iluminados por antorchas abrieron la tumba del vampiro.

Michaël Ranft describe el hecho de este modo:

"Estos valientes hombres perecieron de una muerte súbita y violenta. Esta muerte, sea cual sea su origen, parece causar terribles visiones en los que han atestiguado su faz. Repentinamente, el occiso se alza del sepulcro e inquieta a su círculo familiar, la inquietud trae dolor, el dolor trae melancolía, la melancolía engendra noches de sobresaltos y sueños tortuosos. Estos sueños, sin duda, producen una extraña enfermedad que conduce eventualmente a la muerte."

De Masticatione Mortuorum in Tumulis continúa su largo periplo por la dieta de los muertos. A continuación cita un caso de Leipzig, donde un verdugo, no se sabe bajo qué condiciones, desentierra el cadáver de un hombre enterrado junto a su mujer. De su garganta extrajo una larga cinta de seda blanca que habria sido colocada en la cabeza de la mujer durante la inhumación. En Bohemia, durante 1345, una mujer fue exhumada bajo orden judicial. En su boca se encontró la mitad de la mortaja que la envolvía. Otro caso interesante es el de ciertos cadáveres de Moravia con la inoportuna tendencia a roer sus propias entrañas.

Ranft no se deja llevar por vanas tradiciones populares, y enfoca el problema del vampirismo desde una óptica científica; claro que la ciencia de aquella época variaba notablemente con las férreas normas aceptadas hoy en día, de modo que sus argumentos pueden sonar insólitos al académico fundamentalista. Según el autor, el vampirismo podría ser un residuo psicológico de los muertos en el mundo de los vivos, especialmente de aquellos que han muerto de forma repentina, causando inquietud y horror entre familiares y vecinos que, sugestionados, darían la forma del muerto a ese terror vago e informe que sigue a los dolores espirituales intensos.

No existen, que yo sepa, traducciones al español del De Masticatione Mortuorum in Tumulis, ni existirán jamás. La única manera de estudiar el libro es acercarse a una biblioteca especializada y manejar ciertos rudimentos del latín. Los que sepan leer francés pueden encontrar una traducción del libro llamada De la mastication des morts leurs tombeaux.

Artículo creado por Aelfwine integrante del staff de El Espejo Gótico.

Fuente: http://elespejogotico.blogspot.com.ar/

Tratado sobre los vampiros (por Dom Agustin Calmet) (2da Parte) - Artículos


Artículo creado por Jose Luis Pereyra

En el “Dictionnarie Philosophique” (1764), Voltaire se permitía llamar la atención acerca de la calamidad que en pleno siglo de las Luces se había desatado, la creencia acerca de los vampiros. Y atribuía mucha de la culpa de esta epidemia al ilustre benedictino de la congregación de S. Vannes y de San Hidulfo, el abate de Senone, el reverendo padre Dom Augustin Calmet.

En 1746, Calmet se permitió publicar un largo tratado, la “Dissertation sur les apparitions des esprits et sur les vampires et revenants”, texto que podemos traducir como el Tratado acerca de las apariciones de espíritus y acerca de los vampiros y revinientes, en dos volúmenes. El libro logró un amplio éxito.

El Tratado del padre Calmet en su parte dedicada a los vampiros, no deja de prescindir de los espectros y apariciones; mas puede aseverarse que es el primer estudio amplio respecto a los vampiros en Europa.

En el texto de Voltaire al que hacíamos referencia, se comentaba un hecho curioso, que muestra el interés del filósofo por erradicar una creencia “que provenía de la Grecia cristiana”. Traduzco parte de la argumentación:

“Después de algún tiempo, los cristianos del rito griego imaginan que los cuerpos de los cristianos del rito latino enterrados en Grecia no se pudren, porque están excomulgados. Lo cual es precisamente lo contrario por parte de nosotros, los cristianos del rito latino. Creemos que los cuerpos que no se corrompen están marcados por el sello de la beatitud eterna…

“Los griegos están persuadidos que esos muertos hacen sortilegios, los llaman brucolacas o vrucolacas, dependiendo como pronuncian las letras del alfabeto. Estos muertos griegos van a las casas para chupar la sangre de los niños, comer la sopa de los padres y madres, beber su vino y romper todos los muebles. Sólo se pueden matar quemándolos cuando los atrapan. Pero debe metérseles al fugo tras haberles arrancado el corazón, que se quema aparte”.

La principal queja de Voltaire, resumamos, es la facilidad con que se comunican la superstición, el fanatismo, los sortilegios y los cuentos de revinientes. Mas agrega un dato de interés: sólo se oyó hablar de vampiros y no de broculacas en Europa a partir de 1730.

Calmet advierte en su opúsculo que el término vampiro proviene de upyr, que significa en lengua eslava “sanguijuela”. Y advierte que es el nombre que se les da en las regiones de Moravia, Polonia, Hungría y Silesia, principalmente, a los revinientes.

Asimismo, los lectores de Calmet coinciden en subrayar el interés del tratadista por hacer un análisis de las circunstancias que favorecían el origen de las supersticiones en Europa y las diversas narraciones alrededor del tema, para contrarrestarlas al modo de los grandes disertadores; sin embargo, su trabajo fue un excelente compendio de las leyendas que él deseaba desterrar, aunque prevalecieron.

Veamos algunas de las más notables. Una de las más antiguas inspira ciertamente el opúsculo de Calmet cuando refiere que Charles Ferdinand de Schertz escribió e imprimió en Olmuz –en 1706– un pequeño trabajo intitulado Magia póstuma, dedicada al príncipe Carlos de Lorena, obispo de Olmuz y Osnabruch.

Relevante de la historia contada por Charles Ferdinand de Schertz –conforme al tratado de Calmet– es el siguiente episodio:

Había muerto en un pueblo una mujer. Se le habían administrado los sacramentos y se le enterró en el cementerio de manera ordinaria. Mas pasados cuatro días del suceso, los habitantes del lugar escucharon un gran ruido y un extraordinario tumulto, “y vieron un espectro que se aparecía, tanto bajo forma de perro como bajo forma de hombre, no a una persona sino a varias, a las que causaba grandes dolores, apretándoles la garganta y comprimiéndoles el estómago hasta sofocarlas; casi les rompía el cuerpo, y los reducía a una extrema debilidad, de suerte que se los veía pálidos, flacos y extenuados.”

El remedio contra estos revinientes era el método explicado por Voltaire: el fuego. Aunque en una narración posterior, atribuida al Conde de Cabreras en 1730 se notifica de un segundo procedimiento: cortar la cabeza. Pero tenemos uno más parecido al método adoptado por la literatura procede de la misma época, 1730, cuando un comisario hizo desenterrar a un reviniente y ordenó que con un clavo de gran tamaño le atravesasen las sienes y lo volvieran a enterrar en su tumba.

Cita Calmet el libro del Marqués d’Argens: las Cartas judías referentes a 1738 y alude a la carta 137 donde se menciona una epidemia de vampirismo ocurrida en Kisilova, aldea próxima a Belgrado, donde se solicitó la presencia de dos oficiales y un verdugo para erradicarla. Se abren las tumbas, y “cuando se llegó a la del anciano, lo encontraron con los ojos abiertos, de color bermeja, la respiración natural, aunque inmóvil como muerto; de lo que se concluyó que era un vampiro señalado. El verdugo le atravesó el corazón con una estaca, se hizo una hoguera, y redujeron el cadáver en cenizas.”

Por lo general, las historias de vampiros que cita Calmet deben atribuirse a una publicación o a algún personaje ilustre. Sin embargo las referencias históricas que permitieran una adecuada interpretación de las anécdotas pocas veces ocurren: o bien ha muerto el narrador o contador, o las referencias a los pueblos y personas que involucra la historia son imprecisos.

Esto no ocurre con Arnold Paul, heiduque de Medreïga en Hungría, quien fuera aplastado por un carro de heno cerca de 1729. Al mes de su muerte hubo cuatro fallecimientos súbitos, que debieron atribuirse al vampiro. En este caso fue sencillo identificar que el culpable era Arnold Paul, quien alguna vez había relatado que en una época de su vida había sido atormentado por un vampiro turco cerca de Cassova, en las lindes de la Servia turca.

Arnold Paul confió en la receta de que para curarse del hostigamiento de un vampiro debe comerse la tierra de su sepulcro y frotarse con su sangre. Y ahora él era un vampiro activo. Por ello la autoridad del lugar hizo que clavaran su corazón con una estaca, y se le oyó dar un espantoso grito. Luego, cortaron su cabeza y quemaron el cuerpo. Se hizo lo mismo con aquellos que Arnold Paul había atormentado.

Basten estas citas para subrayar la minuciosa colección de ejemplos que integran el trabajo de Calmet, donde se concentran ciertamente la mayor parte los comentarios y referencias de la primera mitad de su siglo respecto a las historias de vampiros.

Volver a la primera parte.

Fuente: http://www.revistainfotigre.com.ar

Tratado sobre los vampiros (por Dom Agustin Calmet) (1era Parte) - Artículos



Mucho se ha escrito acerca del Tratado sobre los vampiros del monje benedictino y exégeta francés Dom Agustín Calmet, de modo que no entraremos en opiniones subjetivas. Basta decir que la obra fue minuciosamente despedazada por Voltaire, quien acusó a Dom Calmet de candoroso, entre otras valoraciones menos simpáticas.

Dom Agustín Calmet escribió dos libros que analizan el tema de los vampiros, y que luego se fundieron en una sola obra monolítica: Disertaciones sobre las apariciones de ángeles, demonios, espíritus, resucitados, y vampiros de Hungría, Bohemia, Moravia, y Silesia (Dissertations sur les Apparitions des Anges, des Démons et des Esprits, et sur les revenants, et Vampires de Hongrie, de Boheme, de Moravie, et de Silésie).

El estudio fue publicado en 1746, y con el tiempo se transformó en una especie de Biblia de los vampiros, un compendio donde se reunía todo el saber -dudoso, por cierto- sobre los vampiros y sus andanzas en Europa oriental. Claro que los vampiros de Dom Calmet no siempre son los espectros necrófagos que uno esperaría encontrar. Por el contrario, muchas de las historias de vampiros vertidas en el tratado no pasan de meras anécdotas etílicas, como aquella en la cual un vampiro retorna al hogar, no para cebarse en la sangre de sus familiares, sino para exigir que se le siga colocando un plato en la mesa.

El Tratado sobre los vampiros -título que posteriores traducciones han considerado más oportuna- versa sobre estas cuestiones pueriles: apariciones mezquinas y vampiros de personalidad inocua. Veamos una de las descripciones de Dom Calmet sobre ellos:

(Los vampiros) "son hombres muertos desde hace un tiempo considerable, más o menos prolongado, que salen de sus tumbas e inquietan a los vivos, les chupan la sangre, se les aparecen, provocan golpes en sus puertas y en sus casas, y, en fin, a menudo les causan la muerte. Se les da el nombre de vampiros o de Upires, que significa en eslavo, según dicen, sanguijuela."

Hasta dónde sabemos, no existen versiones digitales completas del Tratado sobre los vampiros, al menos en español, de manera que les dejamos apenas un breve párrafo de la obra, y nos retiramos señalando el camino hacia cualquier buena biblioteca dedicada a estos confusos estudios.

Tratado sobre los vampiros, Dom Calmet.
-Fragmento-.

"...Quieres ser informado de todo lo que acontece en Hungría a propósito de algunos que resucitan y dan muerte a muchas gentes del país.

Puedo hablar de ello con fundamento, ya que he estado varios años en esas tierras y soy curioso por naturaleza. He escuchado muchas veces narrar historias infinitas, o hechas pasar por tales, sobre los espíritus y sus sortilegios, pero apenas he creído una sola. Sobre este punto conviene ser cauteloso, y siempre se corre peligro de resultar engañado. Hay, sin embargo, ciertos hechos que no se puede menos que creerlos. En fin, en cuanto a los resurrectos de Hungría el asunto es el siguiente:

Una persona enferma, pierde el apetito, adelgaza evidentemente, y al cabo de ocho, diez, a lo sumo quince días, muere sin fiebre, sin ningún otro síntoma fuera de la magrez y la extenuación.

Se dice comúnmente en esos países que ello proviene de un resucitado que le asalta y le chupa la sangre. La mayor parte de los atacados de este mal cree ver un espectro blanco que lo sigue por todas partes, como la sombra al cuerpo. Cuando estábamos acuartelados en el banato de Temeswar, entre los valacos, dos soldados de la compañía en la cual yo era corneta, murieron de este mal, y muchos también que estaban atacados habrían muerto, si un cabo de nuestra compañía no hubiera hecho cesar el mal con un remedio que suelen practicar los paisanos.

Es uno de los más singulares, y si bien es infalible, jamás lo he leído en ningún ritual. Escuche.

Se busca un joven que pueda creerse aún virgen: se le hace montar en pelo sobre un caballo que nunca haya sido apareado, y de pelo enteramente negro, y se le pasea por el cementerio pasando encima de todas las sepulturas; aquella sobre la que el animal se resista a pasar, no obstante forzárselo a ello con insistencia, se juzga que contiene un vampiro.

Se abre el sepulcro y allí se encuentra un cadáver tan carnoso y bello como si fuera un hombre en tranquilo, dulcísimo sueño; se rompe con una zapa el cuello del cadáver y brota en abundancia sangre viva y roja. Se juraría que el hombre que se degüella fuese de los más sanos y vivientes. Se cubre de nuevo la sepultura, con la seguridad que la enfermedad cesa, y cuantos estaban afectados de ella recuperan poco a poco las fuerzas, como personas extenuadas por una larga dolencia.

Así sucedió con nuestros soldados que estaban enfermos. Yo era en aquel tiempo comandante de la compañía, en ausencia de mi capitán y del lugarteniente, y me desagradó en extremo que sin mí el cabo hubiera hecho esa experiencia. Me contuve con esfuerzo para no obsequiarle con múltiples bastonazos, mercancía que se da a muy buen precio en las tropas del emperador. Hubiera pagado muchísimo por encontrarme presente en aquella operación, pero fue necesario tener paciencia."

Dom Calmet (1672-1757)

Ir a la segunda parte.

Fuente: elespejogotico.blogspot.com.ar

domingo, 20 de octubre de 2013

Vampiros (Historia, origen, folclore) - Artículos



Un vampiro es, según el folclore de varios países, una criatura maligna que se alimenta de sangre de seres vivos para mantenerse activo. En algunas culturas orientales y americanas aborígenes el vampiro es una deidad demoníaca o un dios menor que hace parte del Panteón siniestro en sus mitologías.

En la cultura europea y occidental, así como en nuestra cultura global contemporánea, el prototipo de vampiro más popular es el de origen eslavo, y es el de un ser humano convertido después de morir en un cadáver activo o reviniente depredador chupasangre.

Etimología

La palabra "vampiro", que comenzó a ser usada en Europa en el siglo XVIII, fue incluida por primera vez en diccionario de la Real Academia de la lengua española en la 9a edición de 1843, con origen en el término "vampire" que ya era usado en inglés y francés, proveniente a su vez del término vampir en lenguas eslavas y del alemán, que se deriva del polaco wampir y éste a su vez del eslavo arcaico oper, con raíces indoeuropeas paralelas en el turco y en el persa. Significa a la vez "ser volador", "beber o chupar" y "lobo", además de hacer referencia a cierto tipo de murciélagos hematófagos.

Orígenes del mito

Probablemente el vampiro presente en el folclore de muchas culturas desde tiempos inmemoriales, proviene inicialmente de la necesidad de personificar uno de los arquetipos primordiales en lo inconsciente colectivo, según la concepción de Carl Gustav Jung, como es el denominado "Sombra", que representa los instintos o impulsos humanos reprimidos más primitivos y así sería la encarnación del mal como entidad y una representación del lado salvaje del hombre o su atavismo bestial, latente en su sistema límbico y en conflicto permanente con las normas sociales y religiosas.

Pero el mito, como es conocido en nuestros días, realmente es una combinación compleja de varios temores y creencias humanas que además del citado temor a los bajos instintos, incluye la atribución a la sangre de ser fuente de poderío o vehículo del alma, el temor a la depredación, a la enfermedad o a la muerte y a su expresión más palpable como es el cadáver, así como a la fascinación temerosa por la inmortalidad y el instinto de supervivencia.

Algunos estudiosos sugieren que el mito del vampiro, sobre todo el que se popularizó en Europa después del siglo XVII, se debe en parte a la necesidad de explicar, en medio de una atmósfera de pánico colectivo, epidemias que asolaron Europa causadas por enfermedades reales, antes de que la ciencia lograra explicarlas racionalmente.

Características y atributos

La descripción de estas criaturas varía de autor en autor y de mitología en mitología. La mayoría de atributos de un vampiro que forman parte del folclore contemporáneo, que a veces incluso contradicen la naturaleza primordial del vampiro tradicional original, provienen de la literatura, sobre todo de la novela Drácula y las películas basadas en ella, así como de los comics y videojuegos. Por eso, de las siguientes características, solo algunas son las esenciales o comunes en el folclore general o como parte de las creencias de ciertas regiones, y otras inventadas por los novelistas y libretistas de cine o diseñadores de videojuegos.

1- Fueron humanos mortales, pero ahora están en un estado intermedio entre la vida y la muerte, de ahí que se les llame no-muertos, revinientes o redivivos. Esta naturaleza determina su aspecto básico:

      a- Entre los eslavos, griegos y pueblos de Europa del este, un cadáver desenterrado era considerado vampiro si su cuerpo parecía hinchado y le salía sangre (presuntamente de sus víctimas) de la boca o la nariz. También si notaban que sus uñas, pelo y dientes eran más largos que cuando había sido enterrado e incluso poseía un aspecto más saludable de lo esperado, mostrando piel sonrosada y pocos o ningún signo de descomposición.

      b- En Transilvania (Rumanía) se consideraba que los vampiros eran flacos, pálidos, y poseían unas largas uñas y largos y puntiagudos caninos (colmillos).

      c- En Bulgaria se les puede reconocer por poseer un solo agujero en la nariz.

      d- Según algunas culturas, tienen la posibilidad de transformarse en insectos, murciélago, rata, lobo o en niebla. La forma más mencionada en la cultura popular es la del murciélago.

2- Se alimentan primordialmente de la sangre de sus víctimas aunque hay descripciones de que también son antropófagos y en algunas culturas se consideraba que la sangre no era la base de su sustento, sino el "fluido vital" humano, o la energía psíquica. Actualmente algunos autores denominan vampiros psíquicos o emocionales a los perpetradores de acoso laboral o mobbing.

3- No se reflejan en los espejos ni tienen sombra, tal vez como una manifestación de la carencia de un alma. Este atributo no es universal, pues por ejemplo el vampiro griego vrykolakas/tympanios poseía tanto sombra como reflejo, pero es muy popular gracias a novelistas como Bram Stoker que lo menciona en su novela Drácula.

4- No toleran el ajo. En algunas tradiciones, también pueden ser alejados con rosas silvestres.

5- Los vampiros, por su naturaleza demoniaca, no soportan los símbolos cristianos y por ello pueden ser alejados usando una cruz cristiana o con agua bendita y no pueden cruzar por terrenos consagrados como los de una iglesia.

6- Son indestructibles por medios convencionales y son extremadamente fuertes y rápidos pero se debilitan junto a las corrientes de agua.

7- Aunque en general se supone los vampiros son vulnerables a la luz del sol, entre los eslavos se creía que no solo pueden resistir la misma, sino que en algunos casos podían viajar a otro pueblo y llevar allí una vida normal.

8- Algunas tradiciones sostienen que un vampiro no puede entrar en una casa si no es invitado por el dueño; pero que una vez es invitado puede entrar y salir a placer.

9- En algunas zonas de Europa del este, se cree que el vampiro es un ser lujurioso que vuelve al lecho conyugal a procrear con su esposa, criaturas con características especiales (que varían en cada región), que se conocen como dhampiros.

10- Tienen una afinidad natural con la magia , en especial con la magia negra y concretamente la necromancia, siendo capaces de dominarla con mayor facilidad que el hechicero no vampiro más diestro.

Origen de un vampiro

En el conjunto de creencias populares se pueden distinguir unas formas básicas, a veces complementarias entre sí, para que un ser humano se convierta en vampiro:

Por predisposición desde el nacimiento: En Rumanía tenia más posibilidades de ser un strigoi, el séptimo o duodécimo hijo cuyos hermanos mayores eran todos del mismo sexo. O tener unas marcas de nacimiento como el hueso sacro pronunciado, abundante vello corporal y haber nacido encapuchado, es decir con la cabeza envuelta en parte de la membrana placentaria, o haber ingerido parte de la misma. Entre los eslavos también tenían mayor probabilidad de convertirse en vampiros los nacidos en Sábado Santo.

Por muerte prematura o violenta: En la antigua Grecia en donde se denominaban vrykolakas o brucolacos a los así originados, al igual que entre búlgaros y eslavos, así como en ciertas culturas africanas y en Indonesia, se creía que los niños, adolescentes y en general las personas que habían tenido una muerte prematura o en circunstancias anormales, por suicidio o violencia, podían convertirse en fantasmas vagabundos o vampiros.

Por incumplimiento de rituales funerarios y religiosos: En Bulgaria y Rumanía también se creía que alguien se puede convertir en vampiro después de su muerte si los que se deben ocupar de preparar y vigilar debidamente el cadáver no cumplen bien su tarea y no impiden que un animal, especialmente un perro o gato, e incluso una persona pasen sobre el mismo. Esta creencia es similar a la de los hindúes que consideraban los espíritus o Pitrs que se encuentran a la espera de reencarnar pueden convertirse en vampiros si nadie les recuerda y realiza los rituales funerarios de rigor conocidos como shraadh y que son para facilitar su reencarnación.

Como maldición por acciones criminales o sacrílegas: En la antigua China también se creía que se convertían en vampiros ciertos criminales tradición similar a la existente entre los eslavos y los griegos quienes creían que los vampiros eran brujas o personas que se habían rebelado contra la Iglesia mientras estaban vivos, vendiendo su alma al diablo y que al morir sus cuerpos podían ser poseídos por demonios. A esta creencia ayudaron indudablemente los conceptos desarrollados por el cristianismo que, basados en la idea neoplatónica de la vida después de la muerte, fomentaron la idea de la corrupción del cuerpo y la supervivencia del alma hasta el día del Juicio Final, teniendo la posibilidad de acceder a este estado todos aquellos que murieran arrepentidos de sus pecados y que hubieran recibidos los últimos sacramentos.

Por las formas anteriores, en la Europa cristiana y especialmente entre los griegos y pueblos eslavos, todos aquellos que no fueran enterrados en tierra consagrada (en particular los suicidas y los excomulgados) y los que no hubieran recibido la extremaunción, tenían la mayor posibilidad de convertirse en espectros corpóreos vampiros o tympaniaios.

Por mordedura de un vampiro: Según casi todas las tradiciones, especialmente entre los eslavos, aquella persona que moría después de ser mordida por un vampiro se convertiría a su vez en uno. Los escritores ocultistas aducen que esta manera solo es posible si hay aceptación por parte de la víctima. Los autores de literatura de ficción le han dado a esta manera una connotación sexual muy intensa, muy atractiva para propósitos dramáticos.

Identificación del vampiro

Existen numerosos y variados rituales que se utilizaban para identificar a un vampiro. La comprobación mas socorrida consistía en la exhumación del cadáver sospechoso para verificar directamente si tenia las características tradicionales y destruirlo. Práctica que llegó a ocasionar numerosas profanaciones de tumbas.

Uno de los métodos descrito por el abate Calmet, citado por el padre Feijoo, para localizar la tumba de uno consistía en guiar a un muchacho virgen montado en un caballo también virgen a través de un cementerio; el caballo se negaría a avanzar sobre la tumba en cuestión. Generalmente se requería que el caballo fuera negro, aunque en Albania era necesario que fuera blanco. Que aparecieran agujeros en la tierra sobre la tumba era tomado como un signo de vampirismo.

Otra evidencia de la actividad de un vampiro en la localidad incluía la muerte del ganado, de familiares y conocidos. Algunos podían hacer evidente su presencia mediante pequeños actos similares a los de un poltergeist, tales como mover muebles de la casa.

Protección contra un vampiro

Prácticas preventivas

Existen muchos ritos tradicionales para evitar que un muerto se convirtiera en un vampiro.

- Entre los celtas el enterrar el cuerpo cabeza abajo era una de las más extendidas, como también colocar hoces o guadañas cerca de la tumba, para evitar que los demonios poseyeran el cuerpo o para apaciguar al muerto y que no se levantara de su ataúd. Con igual propósito se acostumbraba cortar los tendones de las rodillas.

- En la Grecia moderna se pone una cruz de cera y una pieza de cerámica con la inscripción "Jesucristo conquista" sobre el pecho del cadáver para evitar que se convierta en vampiro o vrykolakas.

- En Europa Oriental, era frecuente introducir un diente de ajo en la boca, y a veces en los nueve orificios corporales, de los muertos así como atravesarles el corazón con un objeto cortopunzante, antes de inhumarlos y en las regiones sajonas de Alemania, se colocaba un limón en la boca del sospechoso de ser un vampiro. Los gitanos clavaban agujas de hierro y acero en el corazón del cadáver y colocaban pequeños fragmentos de acero dentro de la boca, sobre los ojos, en las orejas y entre los dedos durante el entierro. También introducían espino en el calcetín del muerto, o le clavaban una estaca de espino en las piernas.

Talismanes, sustancias y objetos protectores

Variados objetos y sustancias, que varían de región en región, son mencionados en las leyendas sobre vampiros por su efecto apotropaico, es decir por tener la propiedad de alejarlos o destruirlos. En Europa se dice que una rama de rosa silvestre o de espino pueden dañar al vampiro, así como el ajo o el azufre y objetos sagrados como un crucifijo, un rosario o el agua bendita.

En algunas regiones de Sudamerica, cuando una mujer deja en la casa a su hijo dormido, pone sal y unas tijeras al lado del niño para ahuyentar a vampiros y brujas.

Otros métodos comunes en Europa incluían esparcir semillas de mostaza o arena sobre el tejado de la casa a proteger o en la tierra de una tumba sospechosa de contener a un vampiro para mantenerlo ocupado durante toda la noche contando los granos caídos. Historias chinas similares relatan que si un vampiro se encontraba con un saco de arroz, tendría que contar todos los granos uno a uno; es una temática que se puede encontrar en los relatos del subcontinente indio y en Sudamérica, sobre brujas y otros tipos de espíritus malignos o traviesos.

Aunque no se consideran como un objeto de protección, debido a que no se reflejan en ellos los espejos han sido utilizados para alejar a los vampiros cuando se situaban en una puerta, mirando hacia afuera.

Destrucción de un vampiro

En los Balcanes, existía el cazador de vampiros que podía ser un religioso o un dhampiro que según la tradición gitana es el hijo o descendiente de un vampiro con el poder de detectarlos, aunque fueran invisibles y destruirlos. Hasta principios del siglo XX, eran ofrecidos a los viajeros que iban a visitar Europa del este en particular, unos estuches o "kits" con las herramientas tradicionales para destruir vampiros y que ahora son propiedad de ciertos museos de curiosidades o de coleccionistas aficionados a lo esotérico.


Métodos:

Clavar una estaca en el corazón de los cadáveres sospechosos de ser vampiros es el método más citado, particularmente en las culturas eslavas del sur. El fresno era la madera preferida en Rusia y en los estados bálticos, el espino en Serbia, y el roble en la región de Silesia. La estaca solía clavarse apuntando a la boca en Rusia y en el norte de Alemania, o al estómago en el noreste de Serbia. Atravesar la piel del pecho era una manera de "desinflar" al vampiro hinchado; es similar al acto de enterrar objetos afilados, como hoces, junto al cadáver, de forma que penetrara en la piel si el cuerpo se hinchaba lo suficiente mientras el cuerpo se transformaba en un no-muerto.

La decapitación era el método preferido en las áreas germanas y eslavas del oeste, enterrando la cabeza junto a los pies, tras las nalgas o alejada del cuerpo. Este acto se veía como un modo de acelerar la marcha del alma, que, en algunas culturas, se creía que permanecía en el cuerpo.

La incineración completa del cadáver o del corazón y rociar agua hirviendo sobre la tumba eran medidas adicionales frecuentes. También, sobre todo en casos recalcitrantes, se desmembraba el cuerpo y se quemaban las partes, y las cenizas mezcladas con agua se suministraban a los familiares a modo de cura.

Repetir el funeral, rociando agua bendita sobre el cadáver, o con un exorcismo era una medida frecuente en los Balcanes.

Disparar una bala a través del ataúd, y colocar un ajo en el interior de la boca, eran precauciones que se tomaban en Rumania hasta una época tan reciente como el siglo XIX.

 
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