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martes, 22 de agosto de 2017

Los niveles de maldad según Michael Stone - Artículos y Videos



Michael Stone es un doctor especializado en psiquiatría forense de la Universidad de Columbia que ha dedicado la mayor parte de su vida a estudiar y analizar en detalle comportamientos de todo tipo de asesinos. Gracias a toda esa investigación, pudo elaborar la escala de la maldad.

Most Evil: elaborando una escala de maldad

Stone dirigió el programa Most Evil (en España, Perfil de un psicópata) en el canal Discovery Max, donde expone dicha clasificación que él denomina “escala de maldad”. En los distintos capítulos del programa se muestra la vida y crímenes de varios asesinos, sobre los cuales se realiza una investigación y se explica cada caso en detalle, teniendo en cuenta todos los factores que hayan podido influir, predisponer y explicar el porqué de su conducta, para poder clasificarlo posteriormente en dicha escala.

Una herramienta para valorar el grado de psicopatía

La escala de la maldad fue creada minuciosamente atendiendo a muchos tipos de factores: ambientales, neurológicos y genéticos. El objetivo era desglosar cada caso en unidades pequeñas, como si de moléculas se tratase, para así tener la mayor precisión posible y determinar la razón por la que una persona puede llegar a cometer algo tan atroz como un asesinato.

En la escala de la maldad se plantean preguntas que ayudan al profesional a conocer las particularidades de cada caso. Por ejemplo, exploran si el sujeto tuvo una infancia traumática, sus motivaciones para cometer asesinatos, por qué tienen preferencias por unas víctimas u otras... Siendo un punto clave y valga la redundancia, la maldad y el sadismo plasmado en el crimen, es decir, la meditación de éste, el método de muerte que se utilizó, etc. Por tanto, se utilizan juicios de valor, de moralidad, de ética y otros para clasificar a los sujetos en un punto en concreto dentro de esta escala.

Analizando la mente y el cerebro del asesino

En adición, Stone nos permite adentrarnos profundamente en la mente del asesino, examinando cómo funciona el cerebro de las personas que cometen delitos de sangre, así como sus sentimientos hacia la víctima en función del grado de maldad en el que se encuentren a partir de su escala de maldad.

En algunas ocasiones se complementa la información con pruebas de escáner cerebral, haciendo visualizar a la persona diferentes fotografías y palabras desagradables emocionalmente, o bien de lo contrario, es decir, imágenes que evocan sentimientos positivos como el amor.

Los 22 niveles de maldad

La escala en cuestión es una jerarquía que asciende progresivamente desde el nivel 1 hasta el 22, siendo mínima o nula maldad (nivel 1) a máxima (nivel 22).

Ahora conozcamos el modelo y sus distintos niveles.

Nivel 1: mataron exclusivamente en legítima defensa, no muestran ningún tipo de tendencia psicopática.

Nivel 2: crímenes pasionales cometidos por amantes celosos. Pueden resultar inmaduros y/o egocéntricos pero no son psicópatas.

Nivel 3: compañeros, socios o amantes entusiastas de peligrosos homicidas. Tienen personalidad impulsiva y aberrante con rasgos antisociales.

Nivel 4: matan en autodefensa, pero provocaron en gran medida que sucediera la agresión hacia ellos.

Nivel 5: individuos traumatizados psicológicamente que están desesperados y asesinan a familiares que abusaron sexualmente de ellos. Pueden incluirse drogodependientes que el motivo de su asesinato es para conseguir dinero o droga, pero no poseen características psicopáticas significativas. Tienen cierto remordimiento por los actos cometidos.

Nivel 6: actúan impulsivamente, “en caliente”. No tienen características psicopáticas marcadas.

Nivel 7: individuos altamente narcisistas, no distinguibles de personas con algún tipo de trastorno psicótico, matan a gente de su entorno principalmente por celos o pasión.

Nivel 8: personas no psicópatas pero con altos niveles de furia reprimida, llegan a matar cuando algún evento la desencadena o enciende.

Nivel 9: amantes celosos despechados con características psicopáticas.

Nivel 10: asesinos que mataron a gente que se interponía en su camino o testigos que pudieran delatarle. Tienen personalidad egocéntrica pero no psicopática claramente distinguible.

Nivel 11: lo mismo que el nivel diez pero esta vez con personalidad psicopática notable.

Nivel 12: psicópatas ansiosos de poder que asesinaron cuando se sintieron acorralados.

Nivel 13: psicópatas repletos de furia, los cuales perdieron el control de ésta.

Nivel 14: conspiradores psicópatas despiadadamente egocéntricos, desean obtener un beneficio de alguien.

Nivel 15: psicópatas multihomicidas que en un día de estallido de furia (spree killing) matan a tantas personas se crucen por delante suyo a sangre fría.

Nivel 16: psicópatas que cometen varios o múltiples actos criminales, no se conforman con asesinar una vez y pueden incluir actos viciosos.

Nivel 17: asesinos seriales sexualmente perversos y torturadores-asesinos, aunque su finalidad principal es la violación pues el homicidio posterior es con el propósito de que la víctima no lo denuncie.

Nivel 18: homicidas que suelen torturar previamente a sus víctimas, aunque su principal motivación es el asesinato.

Nivel 19: psicópatas inclinados hacia el terrorismo, la subyugación, violación e intimidación.

Nivel 20: torturadores y asesinos psicóticos en quienes la tortura es la principal motivación.

Nivel 21: psicópatas interesados en extremo en la tortura, pero de quienes no se sabe a ciencia cierta si han cometido homicidios.

Nivel 22: torturadores extremos y asesinos psicopáticos, los cuales la tortura es la principal motivación. Sus crímenes involucran tortura sexual prolongada, seguida por el asesinato de sus víctimas.


FUENTE: psicologiaymente.net (Por Alba Ramos Cruz) / Video: Psico Vlog (Canal de Youtube)

jueves, 30 de marzo de 2017

Ed Gein, “el carnicero de Plainfield” - Asesinos seriales



Ed Gein fue uno de los asesinos más tristemente célebres de la historia criminal de Estados Unidos, también conocido como “el carnicero de Plainfield” (Wisconsin), en honor a la localidad donde cometió los hechos. Su caso inspiró muchos de los personajes más conocidos e icónicos de obras literarias y cinematográficas de terror y suspense de los años 60, 70, 80 y 90, como por ejemplo, Norman Bates (“Psycho”, de Alfred Hitchcock, 1960), Leatherface (“The Texas Chainsaw Massacre”, de Tobe Hooper, 1974) o Buffallo Bill (“The silence of the lambs", de Jonathan Demme, 1990).

El contexto de la vida y los asesinatos de Ed Gein

Para entender mejor la historia de Gein, debemos trasladarnos a la América profunda de los años 50, una sociedad muy marcada por prejuicios e ideales sexistas ya desfasados en nuestros días. Un claro ejemplo sería la censura que se hacía en las radios y televisiones con respecto a la vida matrimonial (muchos se mostraban en programas o anuncios televisivos durmiendo en camas separadas en la misma habitación), además de una evidente voluntad de eliminar todos aquellos símbolos e imágenes que pudieran incitar a cometer ‘pecados carnales’.

Ed Gein nació y se crió en una granja a las afueras de un pueblo llamado Plainfield (condado de La Crosse, Wisconsin), fruto de la unión de George, un alcohólico maltratador que se caracterizaba por su falta de devoción hacia su familia, y Augusta. Ella, que era una fanática religiosa con fuertes convicciones que despreciaba a los hombres, consideraba a las mujeres el objeto de pecado del que debía mantener alejados a sus dos hijos, Henry (1902) y Ed (1906).

Este matrimonio se caracterizó por un estilo de crianza deficiente que supuso el primer factor relevante que contribuyó a crear la personalidad antisocial de Ed: muchos sociópatas lo son no solo por características inherentes que los moldean de esa forma, sino mucho más importante, por haber recibido una educación de sus progenitores que los han alejado de toda actividad prosocial y los han abocado hacia una socialización desviada, volviéndolos incapaces de asumir responsabilidades y/o adaptarse a las reglas y expectativas de la sociedad en la que viven.

Por ello, la infancia de Ed y su hermano fue muy dura: su madre les impuso una estricta disciplina y constantemente les castigaba y daba palizas, incapaz de mostrar nunca ningún afecto o amor por sus hijos; mientras el padre gastaba todo su dinero en la taberna del pueblo. Contrariamente a lo que años después pudiera parecer, Ed Gein sentía una gran aversión por la sangre y las matanzas o sacrificios de animales, actividades por otro lado típicas en pueblos dedicados a la ganadería. De hecho, quedó muy marcado cuando, de adolescente, presenció a hurtadillas a través del cristal de la puerta del matadero de la tienda de sus padres cómo él sostenía a un cerdo por las patas mientras la otra, armada con un largo y afilado cuchillo, le abría el vientre en canal y le sacaba las tripas con una gran habilidad al animal, que agonizaba entre estridentes chillidos.

La personalidad de Ed Gein: una adolescencia tormentosa

A pesar de esto, también es cierto que Ed se aficionó a leer cómics, revistas y libros acerca de asesinatos, muerte o violencia ("Tales from the Crypt", entre otros) e incluso sobre las torturas que se llevaron a cabo en los Campos de Concentración nazis. Estos temas causaron una gran fascinación en él, llegándole a absorber y aislar hasta perder la noción de la realidad. Aunque asistía a la escuela, su madre le prohibió forjar amistades con sus compañeros (y mucho menos compañeras) alegando, Biblia en mano y a golpe de versículos, que éstos eran pecadores y debía alejarse de ellos.

Si bien la primera responsabilidad parental consiste en proporcionar las necesidades básicas de los hijos (alimentar, cobijar y proteger), la segunda función más importante es la socialización de los mismos, y pueden llevarla a cabo los dos progenitores, el padre o la madre. En este caso, la madre. De modo que debido a la incompetencia de Augusta en educar a Ed, otorgarle los recursos necesarios para poder vivir en sociedad y permitirle socializar con sus pares, éste aumentó su tendencia al retraimiento, la marginalidad y la soledad, refugiándose en las fantasías de muerte y depravación de los cómics y libros que leía encerrado en su cuarto. Esta predisposición ermitaña y obsesiva compondrían el segundo factor que forjó su personalidad y lo definieron para el resto de su vida.

La muerte del padre, George Gein

Tras años de borracheras, palizas a su mujer e hijos, vejaciones y constantes desprecios, George Gein murió en 1940 a los 66 años. Desde ese momento, el negocio familiar empezó a ir mal. Ed y Henry tuvieron que buscar trabajo y aportar dinero a casa. Esto hizo que su relación se estrechara, no obstante se volvió tensa cuando Henry observó la relación de dependencia y el evidente complejo de Edipo desarrollado por su hermano pequeño.

El Complejo de Edipo es una expresión que Sigmund Freud utilizaba para referirse al supuesto conflicto que experimentan los niños al sentir un deseo incestuoso por su madre, mientras que hacia su padre y cualquiera que amenace esa relación los sentimientos son de hostilidad e ira. Por eso Henry optó por alejarse e intentar mantenerse al margen de esa relación tan tóxica, oponiéndose a las órdenes de su madre.

Murió en extrañas circunstancias en un incendio causado por unos rastrojos que él y su hermano quemaron tras el jardín de su granja, y aunque su cadáver presentaba evidentes golpes en la cabeza realizados con un objeto contundente, en el informe de defunción se catalogó la muerte por asfixia. Corría el año 1944. Poco después, Augusta Gein sufrió un ataque al corazón y Ed la cuidó devotamente hasta su muerte doce meses después. Tras lo sucedido, cerró con llave la habitación de su madre, conservándola intacta tal y como ella la había dejado, y empezó a realizar pequeños trabajos para sus vecinos.

La pérdida de su madre significó el tercer factor que moldeó la personalidad de Ed Gein y supuso el detonante de los asesinatos y actos que cometió, que tuvieron dos claros motivos: el primero, la voluntad de mantener viva la idea o ilusión de que su madre seguía con vida y en casa. El segundo, la obsesión por el género femenino producto de años de represión, reprimendas y castigos que Augusta había ejercido sobre él.

Sus primeros asesinatos

El 8 de diciembre de 1954, un granjero del pueblo llamado Seymour Lester entró en la taberna de los Hogan y la encontró desierta a pesar de estar la puerta abierta y las luces encendidas. Al ver que nadie salió a atenderle, indagó por la estancia y encontró un cartucho calibre 32 junto a un rastro de sangre seca que empezaba justo detrás de la barra y conducía hasta más allá la puerta trasera.

El rastro conducía hasta el aparcamiento de detrás del local, donde el hombre pudo observar que el coche de la propietaria, Mary Hogan, seguía aparcado en su sitio habitual y que el río de sangre se perdía junto a unas marcas de neumáticos recién hechas en la nieve.

La noticia acerca de la desaparición de Mary Hogan causó un gran impacto en la pequeña localidad de Plainfield y se dispersó por los pueblos de los alrededores. Todos los habitantes del pueblo especulaban acerca de lo que le podía haber sucedido. El dueño del aserradero recordó haber visto a Ed Gein sentado al fondo de la barra de la taberna de Hogan, solo y absorto en sus pensamientos, contemplando a la propietaria con ojos fríos e inexpresivos. Él y muchos otros vecinos que habían conversado con Ed, recordaron cómo éste bromeaba frecuentemente sobre el paradero de Mary Hogan con frases como “No ha desaparecido… De hecho está ahora mismo en mi granja”.

Pero ninguno de estos comentarios alarmaron nunca a nadie, puesto que lo atribuían a otra muestra más del comportamiento excéntrico del granjero.

Más asesinatos a sangre fría

El 16 de Noviembre de 1957, cuando el caso ya empezaba a quedar en el olvido, Ed Gein asesinó a la dueña de una ferretería, Bernice Worden, disparándole un tiro en la cabeza con un rifle de caza. De la misma manera que tres años antes, arrastró el cuerpo hasta la parte trasera del local, cargándolo en su furgoneta y llevándoselo de allí. Pero esta vez cometió un error: Ed había entrado con la excusa de comprar líquido anticongelante para su furgoneta y su nombre figuraba apuntado en el libro de contabilidad de la tienda como último cliente.

Mientras dos agentes de policía arrestaban a Ed, otros dos fueron a registrar su granja y lo que vieron al entrar en el cobertizo de las herramientas les heló la sangre: el cadáver de una mujer colgaba boca abajo de unas poleas, decapitado y desnudo. Había sido abierto en canal desde el pecho hasta la base del abdomen y vaciado por dentro. Las tripas estaban metidas dentro de una bolsa de esparto y en otra bolsa apareció la cabeza de Bernice Worden. Tenía unos garfios atravesando las orejas, preparada para colgar del techo a modo de decoración.

La policía se percata de los actos macabros de Ed Gein

Al seguir inspeccionando la granja, además de una gran acumulación de basura y desperdicios, encontraron un espectáculo macabro: una colección de cráneos humanos, algunos enteros y otros cortados transversalmente para ser usados como cuencos, máscaras hechas con piel humana que decoraban la habitación de Ed Gein, así como sillas y varias prendas de vestir confeccionadas de la misma manera. Había cajas con huesos humanos dentro, y en la cocina hallaron una olla hirviendo con el corazón de Bernice Worden en ella. También hallaron La cabeza de Mary Hogan en una de las bolsas. La única habitación de toda la casa que estaba intacta era la de su madre, que estaba sellada con tablones de madera desde que falleció.

Ya en comisaría, Ed admitió que muchas veces sentía la necesidad de acudir al cementerio y exhumar los cadáveres de las mujeres muertas que le recordaban a su madre, muchas de las cuales había conocido en vida. A veces se llevaba los cuerpos enteros, mientras que otras veces simplemente aquellas partes que más le interesaban. Según dijo, nunca había mantenido sexo con los cuerpos, porque decía que “olían mal”.

Asimismo, Ed Gein reconoció que muchas noches oía la voz de su madre antes de dormirse y que de alguna manera, le instaba a matar. De acuerdo con esto, según la clasificación de Holmes y DeBurger (1988) de los asesinos en serie, formaría parte del tipo de asesino “visionario”, que es aquel que mata movido por un trastorno mental evidente. Este trastorno provoca en quien lo padece una ruptura con la realidad y, debido a delirios y alucinaciones (la mayoría de veces de tipo auditivo), cumple las órdenes de matar a un tipo de personas, que suelen reunir unas características comunes entre ellas. Estos mandatos suelen provenir de seres de otro mundo o del mismísimo diablo, pero también de seres que, por una razón u otra, han ejercido un gran dominio sobre los asesinos, los cuales llegan a percibirlos como deidades de innegable autoridad.

Los traumas del carnicero de Plainfeld

En este caso, los sentimientos de amor y odio que Ed tenía hacia su madre lo llevaron a verla como alguien que seguía teniendo una enorme influencia a pesar de llevar años fallecida. Según declaró ante el sheriff, Mary Hogan y Bernice Worden eran el tipo de mujeres que encarnaban todo lo que su madre detestaba, así que siguiendo el estricto código moral que ella le impuso, las asesinó para intentar evitar que continuaran con su (según creía él) indecente vida pecaminosa. La acumulación de pruebas forenses en la escena del crimen (el cartucho de escopeta, rastros de sangre o las marcas en la nieve de la furgoneta, por no hablar de todo lo encontrado en su granja) sería otro factor más a la hora de considerar a Ed Gein dentro de esta tipología.

Sin embargo, parece que hay elementos que no encajan, ya que los asesinos visionarios suelen abandonar el arma y el cadáver en la misma escena del crimen. Asimismo, sus víctimas son elegidas al azar y, por lo que alegaron los testigos y el propio Ed Gein, éste les había estado rondando durante algún tiempo.

Existe un elemento añadido de gran relevancia en esta historia, y es que el propósito de Ed Gein al matar a aquellas mujeres y desenterrar los cuerpos del cementerio no era únicamente el de revivir a su madre, sino que quería convertirse en ella: la confrontación del amor que sentía, con los sentimientos de ira y frustración por negarle el contacto con mujeres, mezclados con un desarrollo sexual tardío y anómalo, causaron que, al morir Augusta, Ed Gein diera rienda suelta a fantasear con la transexualidad. Estas ideaciones de cambio de sexo y su admiración por la muerte y los desmembramientos fue lo que llevó a Ed Gein a confeccionar todas aquellas prendas de vestir con la piel de sus víctimas. Muchas noches se enfundaba en sus trajes y se paseaba por su casa imitando los gestos y voz de Augusta, comportándose como si continuara viva, sentándose en su butaca, etc.

En el interrogatorio policial se le administró la prueba de inteligencia de Weschler, cuyos resultados reflejaron una inteligencia dentro de la media, llegando incluso a superarla. Pero también se detectaron grandes dificultades para expresarse y comunicarse. Complementariamente a estas conclusiones, los psicólogos del hospital donde fue internado dictaminaron que padecía un trastorno emocional que le llevaba a comportarse de forma irracional, combinado con periodos de lucidez durante los cuales sentía remordimientos por los crímenes que acumulaba en su historial.

Internamiento y muerte

Ed Gein ingresó en el manicomnio de Mendota en 1958 por tiempo indefinido, decisión que no gustó a los familiares de las víctimas, que pedían un juicio que nunca llegó a celebrarse. Tras convertirse en un recluso modélico, destacando por su buen comportamiento tanto con guardias como con el resto de los internos, así como realizando labores y varios trabajos que le valieron una buena reputación, en 1974 pidió la libertad. El juez que llevaba el caso solicitó que se le practicara un segundo informe llevado a cabo por cuatro psicólogos, que determinaron unánimemente que Gein continuara confinado.

Ed Gein murió por una insuficiencia respiratoria el 26 de Julio de 1984 en el Hospital Geriátrico para Enfermos Mentales de Mendota. De la vida de Ed Gein podemos extraer ciertas conclusiones acerca de los factores de riesgo que condujeron su vida criminal hasta el extremo de ser catalogado como un asesino en serie:

-Su procedencia de un hogar disfuncional, con una historia familiar de desatención parental, abuso de alcohol y malos tratos, entre otros, fue el primer componente que posibilitó el desarrollo de su personalidad psicopática y violenta.

-En segundo lugar, el aislamiento social sufrido durante la adolescencia le incapacitó para entablar las relaciones sociales necesarias durante este periodo y así ser capaz de conectar emocionalmente con las personas.

-Y por último, el retraimiento y la soledad que le llevaron a la generación de fantasías y al desarrollo del comportamiento antisocial, basado en la creencia de que el mundo es un lugar hostil. Cuanto más solitario se volvía Ed Gein, más incrementaba la dependencia hacia sus fantasías. Con el tiempo, estas fantasías se volvieron más violentas y retorcidas.



FUENTE: psicologiaymente.net (por Alex Grandío)

jueves, 9 de marzo de 2017

7 datos inquietantes sobre Elizabeth Bathory - Artículos



1. Fue testigo infantil de crueldades indescriptibles

En la antigüedad había un método de ejecución verdaderamente demencial. Se abría el estómago de un caballo y se introducía vivo al condenado en el vientre del animal muerto y luego se suturaba dejando afuera la cabeza del hombre. El cadáver del caballo era expuesto al sol para que el condenado se sancochara entre hedores y gusanos. Se cree que Elizabeth Bathory presenció una de estas ejecuciones siendo niña.

2. Regaló a su primer hijo

Cuando tenía 15 años de edad, Elizabeth Bathory quedó embarazada del hijo de un campesino. Fue enviada lejos a tener el bebé, el cual fue dado a otra familia para que el hecho no perjudicara su matrimonio ya concertado con Ferenc Nadasdy, otro miembro de la nobleza.

3. Una asesina muy especial

Las asesinas en serie son muchísimo menos frecuentes que los del sexo masculino. Bathory es la primera asesina en serie de la historia y también fue la primera conocida que mataba por necesidades sexuales sin la dirección de un socio masculino dominante. Tiene el record Guinness como la mujer con más asesinatos, con 650.

4. Tenía una amplia colección de torturas

Bathory tenía en su castillo una cámara de tortura donde practicaba las cosas más aberrantes. Mordía a sus prisioneros hasta la muerte, le quemaba los genitales con velas y con barras al rojo vivo, y le hincaba alfileres. En invierno, le gustaba arrojar a los niños a la intemperie, sin ropa y con un baño de agua helada.

5. Fue una madre amorosa

Excluyendo al hijo que regaló a los 15 años, Bathory, fue madre amorosa de los 4 —Anna, Úrsula, Katherina y Paul— que tuvo con su esposo, Ferenc Nadasdy. Se cree que los niños no conocieron los espantosos hábitos de su madre.

6. Procuraba entierros cristianos para sus víctimas

Al comienzo de su vida criminal, Bathory entregaba los cadáveres de sus víctimas a un pastor protestante para que les diera cristiana sepultura, mencionando distintas causas de muerte. Sin embargo, el pastor entró en sospechas y se negó a seguir recibiendo cadáveres. Entonces Bathory empezó a enterrar los cuerpos en su propiedad.

7. Solo sufrió arresto domiciliario

La influyente familia Bathory consiguió mantener a su asesina lejos de la cárcel. Sus cómplices fueron ejecutados por decapitación y quemados en la hoguera, o condenados a cadena perpetua. Elizabeth Bathory murió en su castillo, a los 54 años, tras dictar testamento en favor de sus hijos frente a dos sacerdotes.


FUENTE: www.vix.com (por Alcides Gonzalez)

lunes, 4 de julio de 2016

La sanguinaria Magdalena Solís - Articulos



Todos albergamos un poco de maldad en nuestro interior, pero en ciertos individuos no hay más que una densa oscuridad en sus almas. Para sopesarlo, a lo largo y ancho de la historia se han registrado millares de actos, de una naturaleza tan bestial, que nos conduce a pensar que a algunos humanos les compone un adn especial consumado en el mismísimo averno.

Seguro has escuchado alguna vez, entre tantos relatos espantosos, sobre la condesa sangrienta Elizabeth Bathory, que asesinó con todo el sadismo que la caracterizaba a un número catastrófico de jovencitas y se bañó con su sangre para “rejuvenecer”, por lo que es considerada una vampiresa real. Como lo es también Magdalena Solís, una mujer despiadada de la cual se dice iguala a Bathory en vileza.

“La Gran Sacerdotisa de la Sangre”, como apodaron a Magdalena Solís, fue una asesina en serie mexicana que, a medida que sumaba víctimas, se volvía más abominable en sus prácticas para infligir dolor hasta matar.

Nació entre 1933 ó 1945, en Tamaulipas, México, bajo el yugo de la pobreza y de una familia disfuncional. Quizá fue esto lo que la llevó a vender su cuerpo desde la niñez, con el respaldo de su hermano Eleazar Solís que le servía como proxeneta. Ambos abandonaron al mismo tiempo el mundo de la prostitución para unirse a la secta Santos y Cayetano Hernández, en 1963. Un cambio de rumbo que significó la maldición para los habitantes de un pueblo aislado.

Los hermanos Santos y Cayetano eran un par de delincuentes y estafadores que llegaron a una pequeña comunidad rezagada al norte de México, conocida como Yerba Buena, para vender con eficiencia una mentira que atraería a los pueblerinos hasta convertirlos en súbditos, prestos a generarles ganancias usando artilugios religiosos. Los hombres de poca monta lograron ser reconocidos por ellos como profetas y altos sacerdotes designados, supuestamente, por los dioses Incas, aunque no se tratase de una creencia autóctona.

La promesa de compartir los presuntos tesoros ocultos en las cuevas de las montañas que bordeaban al pueblecito, a cambio de ser adorados y diezmados, hizo de la secta un negocio rentable para estos criminales y también lo parecía para los creyentes. Pues llegaron a servir de esclavos sexuales, participando en orgías aberrantes, para que las deidades Incas les otorgaran bonanzas.

Pero pronto los habitantes comenzaron a desesperarse al no recibir los beneficios prometidos. Fue entonces cuando la dupla de criminales reclutó a Magdalena y Eleazar, durante un viaje que realizaron a Monterrey en busca de prostitutas, para preparar una cuartada que evitara el desmantelamiento de la gran estafa.

Los hermanos presentaron a Magdalena en Yerba Buena como la reencarnación de la diosa Azteca Coatlicue, sin siquiera anticipar que este falso rol provocaría en ella una espantosísima psicosis teológica, que le hizo tomar el liderazgo religioso y, con ello, desencadenar una de las matanzas más grotescas de las que el ser humano haya podido documentarse.

Sus delirios de grandeza, en combinación con su acentuada perversión sexual, le hicieron aburrirse de los simples rituales con orgías para trascender a los sacrificios humanos, estimulada, luego de orquestar sus dos primeros asesinatos que se produjeron linchando a fieles que se opusieron a la toma de posesión de la Gran Sacerdotisa de la Sangre. La imposición de su autoridad dentro de la secta despertó en ella un apetito voraz de muerte, por lo que sus actos religiosos fueron más perversos que los de sus antecesores.

Las matanzas se producían mayormente entre desertores. No había forma de que pudieran librarse de la secta, a no ser que fueran maniatados, golpeados brutalmente, cortados y quemados por todos los miembros del culto. Incluso llegaron a extirpar sus corazones mientras se encontraban con vida. Como si no bastara tanta brutalidad, Magdalena ordenaba hacerlos sangrar hasta morir para consumir todo el fluido en una copa, tal y como una vampiresa real. Pues como la mitología Azteca manifiesta: la sangre es el único alimento decente para los dioses, ya que preserva su inmortalidad.

La matanza duró seis semanas seguidas, sin que nadie sospechara sobre lo que ocurría en el interior de la cueva donde cursaban los sacrificios. Hasta que en mayo de 1963, Sebastián Guerrero, un niño de 14 años, sigilosamente presenció uno de los rituales y los denunció en la estación policial más cercana.

El investigador Luis Martínez se tomó seriamente el testimonio y se dirigió con el pequeño al lugar donde presenció el festín sangriento. A partir de ese momento nadie los volvió a ver con vida. Sin embargo, la desaparición del chico y del oficial dio paso a que las autoridades locales, junto a la armada, dieran con el paradero y posteriormente arrestaran a Magdalena y Eleazar.

Santos Hernández recibió un disparo letal por resistirse al arresto y su hermano Cayetano Hernández había sido asesinado tiempo antes por Jesús Rubio, un integrante de la secta que esperaba ser alto sacerdote.

En la escena del crimen hallaron los cuerpos desmembrados de Guerrero y Martínez, y los de seis personas más en lugares aledaños a la cueva. Con la crueldad de Magdalena, la vampiresa real mexicana, la suma de homicidios seguramente apuntaría a la estratosfera de no ser por el pequeño héroe Sebastían Guerrero, que condenó su sadismo Aunque, tristemente, tal acto de valentía le costó la vida.


FUENTE: http://supercurioso.com (por Olga Villanueva)

jueves, 3 de septiembre de 2015

Madame Delphine LaLaurie, "El monstruo de Louisiana" - Articulos



Muchas teorías y suposiciones rodean a la famosa Madame Delphine LaLaurie, una adinerada matrona y dama de sociedad que sembró el terror en la ciudad de Nueva Orleans durante mucho tiempo. Cuando un siniestro destruyó parte de su residencia en 1834, la población se asqueó cuando descubrió que en su residencia, LaLaurie solía torturar a sus esclavos.

Forzada a escapar de la ciudad, no hubo dudas de su culpabilidad, y los relatos de sus prácticas se fueron tornando cada vez más grotescos y extraños al paso de las décadas. Incluso hasta nuestros días, la mansión LaLaurie es considerada la casa más embrujada de la localidad.

Marie Delphine LaLaurie, fue conocida con el mote de Madame LaLaurie, fue una socialité influyente y poderosa que vivió su vida entera en el estado de Louisiana. Su tétrica fama la hizo notable como una cruel asesina en serie, involucrada con la tortura y el asesinato de esclavos.

Oriunda de Nueva Orleans, LaLaurie contrajo matrimonio tres veces a lo largo de su vida. Siempre mantuvo una posición envidiable en las altas esferas de la sociedad hasta abril de 1834, cuando los pobladores que ayudaban a rescatar heridos después de un incendio en su mansión en Royal Street, encontraron a esclavos atados que mostraban signos evidentes de tortura. Furiosos por el hallazgo, la población invadió la propiedad, saqueando y destruyendo todo a su paso. Debidamente informada de lo sucedido, la Madame se refugió en casa de unos parientes y luego cambiaría de nombre para no ser conocida debido a la desaprobación social que desencadenó el descubrimiento de sus secretos. Temiendo que las repercusiones la colocarían en un inminente peligro, huyó a París, donde murió en un accidente de caza.

La suntuosa mansión en Royal Street, uno de los sitios históricos más importantes de Nueva Orleans, fue reformada y subastada después de su muerte. Aun existe y es considerada como uno de los monumentos más famosos de la ciudad.

Pero, ¿quién era la mujer que recibió el apodo de “el ciudadano más odiado de Nueva Orleans“, y también pasaría a la historia como “La Bruja de Royal Street“?

La historia de un monstruo.


Delphine Macarty nacería en algún punto del año 1775, era una de las cinco hijas de Luis Macarty Barthelmy, un inmigrante irlandés que se estableció en los Estados Unidos hacía el 1740. Su madre fue Marie Jeanne Lovable, también conocida como “viuda Lecomte”, pues había estado casada con un importante comerciante que murió en un accidente de carruaje. Ambos eran miembros destacados de la alta sociedad de blancos descendientes de inmigrantes europeos llamada Créole. El primo de Delphine, Augustin Macarty, fue alcalde de Nueva Orleans entre el periodo de 1815 y 1820.

A mitad de la década de 1800, Don Ramón de López y Angulo contrajo nupcias con Delphine Macarty, Don Ramón era un oficial de alto rango en la Real Orden de Carlos de España. La ceremonia tuvo lugar en la Catedral de Saint Louis en Nueva Orleans. En al año de 1804, Don Ramón ascendió a una prominente posición, convirtiéndose en el cónsul general de España en Luisiana. En el transcurso de ese mismo año, Delphine y Don Ramón emprendieron un viaje a España. Los informes sobre el viaje resultan bastante contradictorios. Según la versión de algunos historiadores, el viaje habría sido un castigo al cónsul por las fallas en las formas en cómo había tratado diversos asuntos diplomáticos. En esa ocasión, Delphine logró justificar las malas acciones de su marido e impresionar a la Reina con su belleza e inteligencia. La pareja recibió el consentimiento para retornar a los Estados Unidos, pero en el transcurso de vuelta Don Ramón contraería una terrible enfermedad y moriría víctima de esta en La Habana.

Delphine, que estaba en estado de gravidez, decidió permanecer en Cuba, donde dio a luz a su primogénita Marie Borgie Delphine López y Angulo de la Candelaria, apodada “Borquita”. Tiempo después decidió volver a Nueva Orleans y establecerse en la propiedad que su marido le había heredado. Ella misma se convirtió en administradora de la hacienda que plantaba caña de azúcar y tuvo mucho éxito en los negocios.

A tres años de la muerte de su primer esposo, Delphine volvería a casarse con Jean Blanque, un prominente hombre de negocios de ascendencia francesa. El hombre llevó a su esposa a la lujosa Villa Blanque y allí tendría otros cuatro hijos, todas mujeres.

Blanque falleció en medio de circunstancias tan misteriosas que algunos creen se trató de un envenenamiento en el año 1816. Nueve años después, en 1825, Delphine se casó con su tercer marido, el doctor Leonard Louis Nicolas LaLaurie, que era bastante más joven que ella. Para 1831, la familia se adjudicaría la famosa propiedad en el número 1140 de Royal Street, que la mujer mantendría a su nombre sin involucrar demasiado a su esposo. Algunos rumores indican que el propietario original de esta mansión, un médico llamado Nicholas Gerry, no tenía intención de vender la propiedad, pero que Delphine se las había arreglado para negociar con los acreedores del hombre y convertirse en dueña de los derechos sobre las deudas que tenía Gerry con estos. Haciendo uso de su conocimiento financiero, terminó por quedarse con la casa y varias posesiones más del doctor que viéndose en la ruina, terminó por cometer suicidio.



La mansión fue totalmente remodelada y no se escatimó en lujos para transformar la construcción en un verdadero palacio. Maderas preciosas y portones de hierro fueron traídos desde Francia, cortinas de tejido ingles en las ventanas, muebles y demás mobiliario italiano adornaban los aposentos que finalmente fueron decorados con alfombras persas y antigüedades. En 1832 un tercer piso fue añadido a la mansión y un sector especialmente dedicado a los esclavos en la parte superior.

Las fiestas que solía ofrecer Madame Lalaurie eran verdaderos sucesos en el candelario social de Nueva Orleans. Un sinfín de cenas y conciertos tuvieron lugar en los pasillos y jardines de la opulenta mansión, donde se codeaban los estratos más altos de la sociedad. La fiesta de compromiso de una de sus hijas fue uno de los eventos sociales más comentados de 1832 y contó con la asistencia de políticos, artistas y otras personas influyentes.

En esa época, era muy frecuente que las familias más acomodadas del sur de los Estados Unidos mantuvieran esclavos negros como mano de obra en sus fincas. Los LaLaurie eran dueños de varios esclavos que servían a la familia y, de hecho, se supone que negociaban directamente con los comerciantes de esclavos involucrándose en el lucrativo tráficos de negros. Los informes sobre la forma en que Delphine LaLaurie trataba a sus esclavos entre 1831 y 1834 varían.

El historiador Harriet Martineau, reunió desde 1838 testimonios de habitantes de New Orleans sobre los esclavos que pertenecían a LaLaurie. Muchas personas notaban que estos esclavos estaban “inusualmente cansados y delgados”, sin embargo, en sus apariciones públicas Delphine siempre era amable con los negros y se mantenía al tanto de la salud de sus esclavos. Los registros judiciales de la época contenían notas de que los LaLaurie habían emancipado a dos de sus esclavos (uno llamado Jean Louis en 1819 y otro de nombre Devince 1832).

Pero también había rumores de que Delphine trataba a sus esclavos de una manera muy diferente cuando estaban en privado. Autoridades policiales visitaron la mansión en Royal Street en más de una ocasión para devolver a algún esclavo que se había desmayado intentado hacer alguna tarea. Un número considerable de los que habían intentado escapar y la mayoría de las veces, cuando eran devueltos, nunca más se les volvía a ver. La legislación vigente en aquella época en Nueva Orleans regulaba el trato entre esclavos y amos, prohibiendo que “esclavos de casa” recibieran castigos considerados crueles. Una amiga de Delphine, sin embargo, recordó que una de las criadas de la casa, una esclava, le rogó por ayuda, porque temía que LaLaurie la matara.

Varios testigos más recordaron historias que involucraban la crueldad de Madame LaLaurie. Un abogado amigo de la familia dijo que cierta vez había atestiguado cómo una esclava llamada Leah, de sólo 12 años, huía al techo de la casa aterrorizada diciendo que su señora pretendía arrancarle la piel. Mientras lloraba aterrorizada, Delphine la esperaba con un látigo jurándole que el castigo sería mucho peor si no se callaba inmediatamente. Cuando la niña se negó, su dueña tuvo que lanzarle piedras para obligarla a obedecer. La niña perdió el equilibrio y cayó rompiéndose el cuello. Furiosa, Delphine mandó a atar el cadáver de la niña en un poste y en seguida lo azotó repetidas veces. El pecado de Leah había sido jalar el pelo de la señora mientras le pasaba un cepillo para el pelo.

En otra ocasión, Delphine quedó insatisfecha con la comida servida a sus invitados ilustres a la mansión. Como forma de castigo, ordenó que los esclavos no fueran alimentados durante días, pero los obligaba a ver mientras la familia ingería sus alimentos. Cuando uno de ellos desmayó, Delphine mandó a que la pobre mujer fuera retirada, colocada en un ataúd y enterrada en el jardín. La preocupación de Madame respecto al supuesto robo de comida de sus esclavos se convirtió en paranoia. Ninguno de ellos podía comer nada sin que ella personalmente lo autorizara, muchos sufrieron horriblemente y languidecieron hasta morir.

Buenas fuentes también aseguran que Delphine llegó a ser procesada por malos tratos a nueve esclavos que trabajaban en una plantación de la familia. Supuestamente estos esclavos fueron vendidos a otra plantación, pero algunos dicen que nunca llegaron a su nuevo destino. Fueron asesinados en el camino y enterrados en los pantanos de Louisiana. Hay muchos otros relatos que cuentan desde maltrato a las criadas con látigos hasta esclavos cuyos dedos, manos y pies fueron cortados con una hoja de hacha por haber cometido faltas, como no pulir correctamente la platería de la casa.

El incendio de abril.






















El 10 de abril de 1834, se desató un incendio en la cocina de la mansión de Royal Street.

Los propietarios no se encontraban en el lugar y las autoridades fueron requeridas para combatir el fuego. En la cocina encontraron a una mujer negra de setenta años, la cocinera preferida de los Lalaurie, encadenada de las manos y tobillos. Más tarde, la anciana dijo que había iniciado el incendio como un intento de suicidio por temor a su dueña. Sus palabras fueron: “Tengo miedo de ser llevada a la última planta. Ninguno de los que han ido allí ha regresado.”

Una vez que esto se publicó en el New Orleans Bee, la población intentó entrar en la residencia para evacuarlos. Como nadie sabía dónde estaban las llaves, rompieron las cerraduras y se encontraron con “siete esclavos en un estado deplorable, algunos horriblemente mutilados… habían cadáveres colgados del cuello pendiendo de cuerdas, brazos y piernas cortadas aún presas de las cadenas y numerosos instrumentos de tortura dispersos por la cámara. Los esclavos confesaron que habían sido llevados a aquella cámara de horrores donde sufrieron horriblemente. Algunos habían estado allí durante meses“.



Uno de los primeros hombres en descubrir esta cámara de tortura fue el juez Jean-Francois Canonge, que más tarde dio testimonio de lo que vio en la mansión: “Había una mujer desnuda con un collar de hierro lleno de espinas prisionera a la pared por una cadena. Las abundantes heridas en la espalda evidenciaban el uso de látigos y hierros al rojo vivo. Una mujer contó que Madame Delphine acostumbraba a cortarla con una navaja y beber su sangre. A veces hundía sus manos y rostro en una vasija llena de sangre creyendo que así podría rejuvenecer“.

Canonge continuó su testimonio: “Una anciana negra tenía una herida profunda en la cabeza y estaba demasiado delgada como para hablar o caminar. Un hombre había sido castrado y la herida cosida con hilo, la lengua también se le había cortado para que no pudiera quejarse.”

Uno de los hombres de confianza de Madame LaLaurie al ser interrogado, confesó que la cámara de torturas había sido utilizada durante años y que su dueña se divertía casi a diario atormentando a sus esclavos. “Nada le daba más placer” contó.

Los espeluznantes y fríos relatos enfurecieron a la población y luego de que la casa fuera apedreada, una turaba armada con palos arrasó con todo, excepto con las paredes inferiores. La ropa y las joyas de la familia fueron saqueadas, los pasillos con sus muebles de lujo devastados y por casi nada la casa era enteramente quemada por la población. Una de las hijas de Delphine que se encontraba en la mansión fue atacada y si no fuera por la intervención de las autoridades habría sido linchada.


Los esclavos torturados fueron llevados a la prisión local, donde rindieron testimonio sobre todo lo que habían pasado. Las audiencias públicas fueron bastante concurridas – más de 4,000 personas según el New Orlean Bee, se presentaron a los procedimientos. 

Durante la audiencia, las personas se desmayaban conmocionadas por la nauseabunda narrativa al punto en que el sheriff decidió restringir la presencia del público.

El Pittsfield Sun, citando al New Orleans Advertiser dijo que semanas después del incendio y la evacuación de los esclavos, se empezaron a desenterrar cuerpos del patio trasero de la residencia. Ocho osamentas humanas completas fueron encontradas en el sitio donde los capataces de los LaLaurie dijeron haber enterrado los cadáveres en tumbas poco profundas. Como si este resultado no fuera terrible en sí mismo, otro capataz confesó que había muchas otras víctimas cuyos cuerpos fueron arrojados a un pozo seco en la parte trasera de la propiedad. Para agregar una nota aún más brutal a esta tragedia, cuando abrieron el pozo, las autoridades encontraron huesos de niños que habían sufrido torturas similares.

La huida de LaLaurie

Pero, ¿qué pasó con Madame Delphine después del macabro descubrimiento en su mansión?

La vida de los LaLaurie luego del incidente de 1834 no está bien documentada, hay poca información, en parte porque ellos mismos intentaron desaparecerla desesperadamente de circulación.

Tras el aterrador descubrimiento, Delphine y sus hijas habrían huido a la ciudad de Mobile, en Alabama, donde fueron protegidas por parientes lejanos. Allí, su esposo Leonard las abandonó por temor a represalias si continuaba con ellas. Delphine se quedó con los familiares durante unas pocas semanas, pero incluso estos temían a las acusaciones y no las querían cerca. A mediados de junio, temiendo ser descubierta, Delphine envió a sus hijas para que se quedarán con sus amigos y agendó un pasaje en un barco que la llevó a París.

Supuestamente LaLaurie tenía dinero en los bancos franceses, pero nunca se supo el tamaño de su fortuna. Lo que había en Louisiana se perdió para siempre. A pesar de estos, todavía tenía los recursos suficientes como para permitirse establecerse en la capital de Francia y mantener un alto nivel de vida. Sus hijas nunca se unieron a ella en Europa, afirmando que ya no querían tener ninguna relación con la “Bruja de Royal Street”

Las circunstancias de la muerte de Delphine LaLaurie no están claras. El historiador George Cable escribió una historia que se volvió popular afirmando que ella habría muerto en un accidente de caza en Francia. Habría sido asesinada por un jabalí furioso que la tiró del caballo y la embistió. Algunos afirman que regresó a los Estados Unidos y murió en San Francisco en la decadencia, pero nadie lo sabe a ciencia cierta. Sea cual sea la verdad, en la década de 1930, Eugene Backes, un enterrador de un cementerio en St. Louis descubrió una placa de cobre con la inscripción:

“Madame LaLaurie, née Marie Delphine Macarty, décédée à Paris, le 7 Décembre, 1842, à l’âge de 6-.”

Algunas personas dicen que el fantasma de Madame LaLaurie todavía se pasea por las calles de Nueva Orleans, pero en este caso, las supersticiones y las leyendas se mezclan con la realidad fabricando historias de miedo.

martes, 17 de marzo de 2015

¿Sobrevivirían en una película de terror?

Estoy seguros que muchos de ustedes morirían en una película de terror. Hagan lo que hagan, la van a cagar, van a terminar sufriendo, desangrándose y al final, serán comida de gusanos. Varios no tendrán una mínima oportunidad, sea lo que sea les aparecerá por detrás y los rebanará sin previo aviso para su sorpresa, mientras que otros harán gala de sus habilidades en el "sprint" para al final toparse con un asesino serial enmascarado o un monstruo horrible sediento de sangre que dictará una gran lección de cocina difícil de olvidar (al menos hasta que estén muertos). 
Si lo sé no sonó muy optimista que digamos, pero debo serles sincero, al fin y al cabo soy un admin muy serio y respetuoso con los visitantes.
Diviértanse con esta infografía para los entendidos (aunque no tanto) con el inglés (media pila señores es básico) ;)

SURVIVE

miércoles, 26 de junio de 2013

John Wayne Gacy (El payaso asesino "Pogo") - Artículos


No es la primera vez que frente al descubrimiento de un asesino en serie salen declaraciones de muchos de sus vecinos insistiendo en la idea de que “parecía una persona normal, incluso agradable”. Y es que existen muchos perfiles distintos de asesinos, y no siempre son personas reservadas e insociables. Un buen ejemplo de esto podría ser el caso de John Wayne Gacy, o como se le conoció posteriormente “el payaso asesino".

Éste sería un ejemplo perfecto de como una persona que intentaba constantemente ganarse el aprecio y reconocimiento social, terminó arrojando su máscara de “buen hombre” y dio paso, ante el asombro de todos, a un personaje totalmente desalmado con un gran número de atroces crímenes a sus espaldas.

Al parecer, John Wayne no disfrutó de una infancia feliz. Es cierto que estaba muy unido a sus hermanas y madre, pero su padre alcohólico lo agredía constantemente ridiculizándolo asiduamente. Al contrario de lo que se pueda esperar, John no guardaba ningún tipo de rencor a su padre, es más, lo amaba por encima de todas las cosas e intentaba por cualquier medio ganarse su afecto y reconocimiento. Para frustración de Gacy, esto no llegó a ocurrir nunca.

Su vida estuvo constantemente marcada por rumores de homosexualidad, algo que lejos de admitir escondía. Rumores que tras su primer matrimonio se transformaron en acusaciones de abusos sexuales y que finalmente lo condujeron a la cárcel con una condena de 10 años. No obstante, tras pasar poco más de un año entre rejas fue puesto en libertad por buen comportamiento. Al parecer todo el mundo pensaba que John era un claro ejemplo de recuperación y estaban convencidos que lograría reinsertarse a la perfección en la sociedad. Lo que ignoraban es que su comportamiento iría a peor y daría lugar a uno de los asesinos en serie más famosos de Chicago.

Tras su salida de la cárcel volvió a su casa materna, y con la ayuda de esta y sus hermanas comenzó una nueva vida adquiriendo una pequeña casa en las afueras de la ciudad. Empezó a trabajar nuevamente (era un vendedor excelente) y a realizar todo tipo de actividades sociales. Los fines de semana acudía vestido de payaso a diversos hospitales para entretener a los niños enfermos, realizaba obras benéficas y fiestas para todos sus vecinos. En resumen, Gacy llegó a ganarse el corazón de todo su barrio como un buen samaritano preocupado por los demás.

Tras otro matrimonio fallido comenzaron nuevamente los rumores de homosexualidad y agresiones a jóvenes del barrio, algo que sin duda alguna nadie creía. Pero al parecer algo hizo saltar la alarma sobre el payaso Pogo (que era como se hacía llamar).

Un gran número de desapariciones constantes alerta a la policía de que algo está pasando. Posteriormente la madre de Robert Piest de 15 años de edad (uno de los desaparecido) asegura que la última entrevista que mantuvo su hijo antes de desaparecer era con un tal Gacy que quería ofrecerle trabajo. Fue en ese momento cuando comenzaron las sospechas. La policía encontró objetos relacionados con esta y otras desapariciones gracias a un allanamiento y finalmente John confesó haber violado y matado a 33 jóvenes en menos de 6 años. Luego declaró haber asesinado por primera vez en enero de 1972, cuando al clavar el cuchillo en un joven y ver como la sangre brotaba del cuerpo, sintió una sensación de excitación que le agradó. Asimismo también dio detalles del lugar en el que había enterrado parte de sus cuerpos (la mayoría en su sótano y jardín).

Durante el juicio el abogado de Gacy intentó por todos los medios alegar que su cliente tenía problemas mentales, algo que no pareció cuadrar tras los informes médicos. Así que finalmente fue acusado y condenado a pena de muerte. Sus últimas palabras fueron “Besadme el culo, jamás encontrareis el resto de los cuerpos”.

Algunos señalan la pobre relación con su padre alcohólico, un trauma en la cabeza y unos subsecuentes desmayos en su adolescencia como la base de sus actos. También se especula que la matanza de hombres y niños era la expresión subconsciente del odio a sí mismo por su propia homosexualidad. A menudo declaró que se desinhibía en el momento del sexo. De todos modos, sus víctimas fueron mayoritariamente hombres heterosexuales y el atributo común entre ellos era la juventud y la belleza.

Después de su ejecución, el cerebro de Gacy fue extraído. Actualmente es propiedad de la Dra. Helen Morrison, quien entrevistó a John y a otros asesinos seriales en un intento por aislar los rasgos comunes en su personalidad. Los abogados de Gacy contrataron a un psiquiatra forense para que examinara el cerebro de Gacy después de morir. Los resultados revelaron que no había anormalidades. El especialista afirmó que John no encajaba en ningún perfil psicológico propio de los asesinos en serie y que probablemente la razón de su actuación no se sabrá jamás. Durante el juicio, la Dra. Morrison apareció como testigo psiquiátrico y declaró que Gacy tenía "la estructura emocional de un infante".

Fuentes: Wikipedia, sobreleyendas.com

 
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