miércoles, 30 de octubre de 2013

Halloween (Origen e historia) - Artículos



Para hablar de Halloween tenemos que remontarnos mucho años atrás, tiempo antes que empiece el Cristianismo. Sus orígenes fueron Célticos (Irlanda, Escocia, Gales). Halloween era en ese tiempo el conocido Festival de la Cosecha (Harvest) o la Fiesta de Samhain (so-wen).

En este particular día (31 de Octubre), se conmemoraba el final del verano y el último día del año, así mismo la llegada del nuevo año que según el calendario Celta comenzaba el 1 de Noviembre.

Esta fiesta con cientos de años de tradición no solamente tenía como motivo celebrar "la cosecha", esta conmemoración involucraba más que eso, el nombre en sí que lleva esta fiesta es "Samhain" nombre que se le da al dios de la muerte (en español posiblemente conocido como "la muerte con la hoz", "la vieja parca", o en inglés con el de "Grim Reaper"), la gente realizaba esta fiesta en este particular día del 31 de Octubre, por diferentes factores; festejaban el fin y principio de año, celebraban las buenas cosechas y ese era el primer día del invierno, día por en el cual la noche empezaba más temprano, el frío se agudizaba y las hojas de los árboles se caían. Todos estos factores naturales hacían más peso para creer que esa noche los poderes de la naturaleza tenían suficiente fuerza para acabar con ellos, ya que la madre tierra y la muerte se aliaban para castigar a los seres vivientes.

Los Celtas tenían que adorar la muerte y pagar tributo a ella, creían que los espíritus de los muertos se apoderaban y rondaban la tierra, realizaban ceremonias especiales dirigidas por los Druidas,los cuales venían durante generaciones inculcando y adiestrando a la gente a seguir una serie de ceremonias, sacrificios y ritos.

Ellos eran considerados como los hombres más sabios de la época, conocedores de todo lo oculto y los únicos que tenían el enlace entre el mundo espiritual y el mundo terrestre. Por lo tanto los seguían ciegamente.

A aquellos que no cumplían con sus demandas se les hacía pagar un gran precio. Considerados por los Celtas como la máxima autoridad les obedecían en todo.

Los Celtas estaban llenos de sumisión, temores y supersticiones debido a la influencia de los Druidas, creían que ese día de Samhaín, la puerta del mundo de los espíritus se abría y las almas de los muertos rondaban por sus hogares, (para alejarlos tenían que tener una luz encendida en la entrada de sus casas con el fin de asustarlos, en lo posible en forma de una cara o algo distintivo para hacerse familiar a la muerte) (aquí es donde viene la famosa vela en la calabaza, también de esta tradición se derivan historias como la de "Jacko lanters").

Otra versión dicta que los Druidas llevaban consigo un gran nabo hueco al que le esculpían un rostro en la parte frontal, esto para representar el espíritu demoníaco en el cual dependían para obtener poder y conocimiento. Este espíritu es llamado "un espíritu familiar".

El nabo encendido con una vela que va por dentro era usado por los Druidas como una linterna conforme iban de casa en casa por la noche, ellos creían que dicho espíritu habitaría en los nabos y los ayudaría a llevar a cabo los hechizos que habían proferido sobre los hogares y vidas de aquellos que se rehusaban ante sus demandas. Cuando esta practica vino a América, en los siglos XVIII y XIX, los nabos no eran conocidos, pero si tenían un vegetal nativo: LA CALABAZA.

El nombre dado al espíritu que habitaba en el nabo era “Jock” y al llegar a América cambio a “Jack” quien vive en la linterna.


Por otra parte los demonios buscaban dominios o personas, cuerpos a quien poseer, matar, o llevárselos con ellos al otro mundo, es por eso que los Celtas hacían grandes fogatas en las calles para saber por donde pisaban. Muchos se cubrían con pieles de animales o fabricaban máscaras con expresiones feas para confundirse con los demonios (de esta práctica salen los disfraces).

También como forma de placer o hacer un trato con la muerte ofrecían una serie de ritos y sacrificios para que durante el año no los toque ni los desfavorezca. Estos rituales eran organizados por los Druidas, antes que la luz se desapareciera el día 31 de Octubre la víspera de la noche tan temida; hacían altares de piedras en lugares específicos, se vestían de blanco y otros colores significativos, se adornaban con brazaletes y coronas preferiblemente bajo grandes robles, una olla de bronce y muchos mas símbolos eran piezas imprescindibles en sus ceremonias, traían animales y personas para el sacrificio; los cuales consistían en horribles torturas colocando las víctimas en el altar principal de piedra. Entonces comenzaban a desgarrar pedacitos de piel para que empiecen a desangrarse y sacaban algunos huesos mientras estos estaban aún vivos.

También en aquellas ceremonias las personas (por lo general campesinos) que querían tener un buen año en sus siembras se les eran reclamados prendas de dinero, ofrendas de sus cosechas, o si no tenían nada de valor para dar, se les obligaba a ofrecer a uno de sus hijos para la muerte a cambio de buenaventura, este mismo "precio" se les exigía a las personas que no asistieran a la ceremonias, e iban tocando de puerta en puerta. Este era el famoso "trato o castigo" en ingles (trick or treating) treat or treat/.

Alone (Short-film) - Videos de terror



Corto dirigido por Damaine Radcliff con una atmósfera muy bien lograda y una tensión que abunda en prácticamente todo el short-film, en el cual una chica que se encuentra sola en casa empieza a ser asechada por alguien.

Morgue (Terror japonés) - Videos de terror



Yohei, un estudiante de medicina, intenta salvar la vida de un joven que ha sufrido un accidente de tráfico. Tras no conseguirlo su existencia se convierte en un infierno...

Los subtítulos en la introducción del video no se ven muy bien pero dice lo siguiente:

"¿El mundo delante tuyo es en la actualidad un mundo de realidad? Si alguien te pregunta eso te reirás. Pero puede haber algunos que perdieron la confianza un momento. Sii, no eres tú... El que está a tu lado."

Lo demás se distingue fácilmente. Disculpen las molestias y la calidad del video.

martes, 29 de octubre de 2013

Un extraño tras la puerta (Noches de terror japonés) - Videos de terror



Los visitantes, pueden venir inesperadamente. Lo desees o no. Solo una delgada puerta te separa del mundo exterior. Y Nunca se sabe quién puede estar detrás...
Así comienza el video que están por ver a continuación.



Disculpen la calidad si encuentran uno mejor notifiquen a Oscuridad Oculta. Muchas Gracias.

La muñeca japonesa (Noches de terror japonés) - Videos de terror



Keiko tiene fiebre y su familia debe salir. De todas formas su tía pasará pronto a cuidarla. Antes de que se vayan la agradable chica pide a su hermana que le traiga la muñeca de su tía, para que le haga compañía en su ausencia. Encantada la deja a su lado y se retiran. Es entonces cuando empiezan a suceder cosas extrañas...

Disculpen la calidad, si encuentran uno mejor no duden en notificarlo.



Para los interesados les dejo la precuela. Ahora sí me despido hasta luego extraños visitantes.

domingo, 27 de octubre de 2013

La Osa (leyenda urbana japonesa) - Videos de terror



Las estudiantes Mami y Rika encuentran una extraña nota en un túnel que advierte la presencia de "La Osa". El mito dice que si te cruzas con una mujer que lleva un oso de peluche en ciertos lugares por la noche, deberás correr para salvar tu vida.



jueves, 24 de octubre de 2013

De Daemonialitate et Incubis et Succubis (Tratado de demonología) - Artículos



De Daemonialitate et Incubis et Succubis es un tratado sobre demonología del sacerdote franciscano Ludovico María Sinistrari, editado en 1680.

De Daemonialitate et Incubis et Succubis es un título complicado de traducir. En español sería algo así: Relativo a los demonios, íncubos y súcubos. La voz Demonialidad, afortunadamente, no ha sobrevivido.

Nacido en Ameno, Italia, Ludvico María Sinistrari fue uno de los exorcistas más experimentados de su época. Sus conocimientos sobre demonología eran requeridos a lo largo y ancho de Europa. Fue el consejero principal de la Congregación por la Doctrina de los Santos, y un miembro ilustre de la rama académica de la Santa Inquisición.

Semejante currículum queda prolijamente destacado en su obra fundamental: De Daemonialitate et Incubis et Succubis.

Este libro prohibido no sólo incluye consejos y sugerencias para los exorcistas, sino que utiliza algunos remedios paganos (oportunamente sacralizados) que resultan efectivos en la batalla del sacerdote con el demonio. También explora cuestiones aberrantes tales como relaciones sexuales entre mujeres y demonios, hombres y súcubos, y distintas combinaciones azarosas.

Ludovico María Sinistrari es uno de esos nombres forjados en acero candente. Sus opiniones a menudo son citadas en diversos procesos judiciales, siempre en un sentido condenatorio, bestial, por la cual no se permite ninguna desviación del orden establecido por Dios en las relaciones humanas sin convertirse en un pecado capital.

Obsesionado con la sexualidad, Ludovico María Sinistrari convirtió al sexo en la herramienta predilecta de Lucifer. Redactó libelos incendiarios, como el Peccatum Mutum (Pecado mudo), que condena la homosexualidad y la asocia exclusivamente con la sodomía. El De Daemonialitate et Incubis et Succubis, por su parte, es menor virulento en cuestiones mundanas. El diablo y su corte son descritos en detalle, incluso sus deseos más íntimos, sus traiciones y miserias, son rigurosamente detalladas por este verdadero martillo de las brujas.

Pero el brazo armado que con tanta pasión ayudó a forjar terminó volviéndose en su principal enemigo. En 1700, un año antes de su muerte, Ludovico María Sinistrari publicó su De Delictis et Poenis Tractatus Absolutissimus (El Tratado Absoluto sobre el Crimen y el Castigo), por el cual condenaba la elección de jueces en base a comisiones y favores. La Santa Iglesia Católica lo incluyó en su Índice de Libros Prohibidos, el Index Librorum Prohibitorum.

Artículo creado por Aelfwine.

Fuente: elespejogotico.blogspot.com.ar/

lunes, 21 de octubre de 2013

De Masticatione Mortuorum in Tumulis (Tratado de vampirismo) - Artículos



De masticatione mortuorum in tumulis (De la masticación de los muertos en sus tumbas) es un curioso tratado sobre vampirismo compuesto en 1725 por el pastor luterano Michaël Ranft.

El libro, utilizado por H.P. Lovecraft en su abultada biblioteca apócrifa, es una refutación del Dissertatio historico philosophica de masticatione mortuorum (Disertación histórico filosófica de la masticación de los muertos), escrita cincuenta años antes, donde se afirmaba que el diablo suele cebarse con la carne de ciertos cadáveres.

Ranft, por su parte, aplica un racionalismo excéntrico, y afirma que los cementerios no son en modo alguno un sitio de descanso. Por el contrario, desliga al pobre Lucifer de todo placer por esta dieta cadavérica, y señala que los verdaderos causantes de la mutilación que revelaban las exhumaciones eran consecuencia del apetito insaciable del propio muerto. Acto seguido, se burla de los remedios folklóricos para retener a los muertos en sus tumbas, tales como enterrarlos boca abajo, llenarles la boca con tierra o piedras, en incluso sellarles la mandíbula mediante tiras de cuero húmedas.

De Masticatione Mortuorum in Tumulis, casi sin desearlo, se convierte en un magnífico recorrido por estas creencias necrófagas.

Eran pocos los que creían en la resignación de los muertos. Al contrario, era común pensar que la vida de intratumba hervía con una actividad sobrenatural. Los muertos tienen un apetito feroz, apunta el mito, implacable, eterno; lo cual los impulsa a efectuar pequeños reconocimientos en torno a sus sepulcros. Muchos enterradores y sepultureros aseguran haber extraído jirones de mortajas de las bocas de los muertos, incluso restos de su propia carne pútrida. Ranft cita un caso muy interesante sobre la exhumación de una tumba ocupada por un matrimonio que se devoró mutuamente en la oscuridad.

Ya el título del libro, De Masticatione Mortuorum in Tumulis hace referencia a una costumbre habitual entre los espíritus intrépidos de la época: pasear por el cementerio, de noche, y detenerse a oir el ruido de los muertos al masticar sus propias extremidades bajo tierra.

Pero De Masticatione Mortuorum in Tumulis es algo más que un intento de explicar porqué los muertos royen sus huesos. Su verdadera intención es explicar el vampirismo como un fenómeno natural. Para ello se basa en el famoso caso de Peter Plogojowitz.

Kisilova, Hungría, 1724. Peter Plogojowitz es acusado de levantarse periódicamente de la tumba para asesinar a sus vecinos. Las muertes, que para algunos ascienden a nueve, generaron una histeria como nunca antes de había visto. En ningún lugar, antes o después, se creyó en vampiros tanto como en aquella remota región de Hungría.

De Masticatione Mortuorum in Tumulis racionaliza estos hechos, aunque de un modo que escandalizaría a nuestros sabios modernos. Ranft menciona que todos los muertos relacionados al caso habían tenido contacto con el cadáver de Peter Plogojowitz, ya sea físico, es decir, táctil, o bien ocular; y relaciona sus muertes con alguna enfermedad que elude las interpretaciones ortodoxas. Aquellos afortunados que no habían visto el cuerpo de Peter Plogojowitz, organizaron una expedición al cementerio de Kisilova. Armados con hazas y palas e iluminados por antorchas abrieron la tumba del vampiro.

Michaël Ranft describe el hecho de este modo:

"Estos valientes hombres perecieron de una muerte súbita y violenta. Esta muerte, sea cual sea su origen, parece causar terribles visiones en los que han atestiguado su faz. Repentinamente, el occiso se alza del sepulcro e inquieta a su círculo familiar, la inquietud trae dolor, el dolor trae melancolía, la melancolía engendra noches de sobresaltos y sueños tortuosos. Estos sueños, sin duda, producen una extraña enfermedad que conduce eventualmente a la muerte."

De Masticatione Mortuorum in Tumulis continúa su largo periplo por la dieta de los muertos. A continuación cita un caso de Leipzig, donde un verdugo, no se sabe bajo qué condiciones, desentierra el cadáver de un hombre enterrado junto a su mujer. De su garganta extrajo una larga cinta de seda blanca que habria sido colocada en la cabeza de la mujer durante la inhumación. En Bohemia, durante 1345, una mujer fue exhumada bajo orden judicial. En su boca se encontró la mitad de la mortaja que la envolvía. Otro caso interesante es el de ciertos cadáveres de Moravia con la inoportuna tendencia a roer sus propias entrañas.

Ranft no se deja llevar por vanas tradiciones populares, y enfoca el problema del vampirismo desde una óptica científica; claro que la ciencia de aquella época variaba notablemente con las férreas normas aceptadas hoy en día, de modo que sus argumentos pueden sonar insólitos al académico fundamentalista. Según el autor, el vampirismo podría ser un residuo psicológico de los muertos en el mundo de los vivos, especialmente de aquellos que han muerto de forma repentina, causando inquietud y horror entre familiares y vecinos que, sugestionados, darían la forma del muerto a ese terror vago e informe que sigue a los dolores espirituales intensos.

No existen, que yo sepa, traducciones al español del De Masticatione Mortuorum in Tumulis, ni existirán jamás. La única manera de estudiar el libro es acercarse a una biblioteca especializada y manejar ciertos rudimentos del latín. Los que sepan leer francés pueden encontrar una traducción del libro llamada De la mastication des morts leurs tombeaux.

Artículo creado por Aelfwine integrante del staff de El Espejo Gótico.

Fuente: http://elespejogotico.blogspot.com.ar/

Tratado sobre los vampiros (por Dom Agustin Calmet) (2da Parte) - Artículos


Artículo creado por Jose Luis Pereyra

En el “Dictionnarie Philosophique” (1764), Voltaire se permitía llamar la atención acerca de la calamidad que en pleno siglo de las Luces se había desatado, la creencia acerca de los vampiros. Y atribuía mucha de la culpa de esta epidemia al ilustre benedictino de la congregación de S. Vannes y de San Hidulfo, el abate de Senone, el reverendo padre Dom Augustin Calmet.

En 1746, Calmet se permitió publicar un largo tratado, la “Dissertation sur les apparitions des esprits et sur les vampires et revenants”, texto que podemos traducir como el Tratado acerca de las apariciones de espíritus y acerca de los vampiros y revinientes, en dos volúmenes. El libro logró un amplio éxito.

El Tratado del padre Calmet en su parte dedicada a los vampiros, no deja de prescindir de los espectros y apariciones; mas puede aseverarse que es el primer estudio amplio respecto a los vampiros en Europa.

En el texto de Voltaire al que hacíamos referencia, se comentaba un hecho curioso, que muestra el interés del filósofo por erradicar una creencia “que provenía de la Grecia cristiana”. Traduzco parte de la argumentación:

“Después de algún tiempo, los cristianos del rito griego imaginan que los cuerpos de los cristianos del rito latino enterrados en Grecia no se pudren, porque están excomulgados. Lo cual es precisamente lo contrario por parte de nosotros, los cristianos del rito latino. Creemos que los cuerpos que no se corrompen están marcados por el sello de la beatitud eterna…

“Los griegos están persuadidos que esos muertos hacen sortilegios, los llaman brucolacas o vrucolacas, dependiendo como pronuncian las letras del alfabeto. Estos muertos griegos van a las casas para chupar la sangre de los niños, comer la sopa de los padres y madres, beber su vino y romper todos los muebles. Sólo se pueden matar quemándolos cuando los atrapan. Pero debe metérseles al fugo tras haberles arrancado el corazón, que se quema aparte”.

La principal queja de Voltaire, resumamos, es la facilidad con que se comunican la superstición, el fanatismo, los sortilegios y los cuentos de revinientes. Mas agrega un dato de interés: sólo se oyó hablar de vampiros y no de broculacas en Europa a partir de 1730.

Calmet advierte en su opúsculo que el término vampiro proviene de upyr, que significa en lengua eslava “sanguijuela”. Y advierte que es el nombre que se les da en las regiones de Moravia, Polonia, Hungría y Silesia, principalmente, a los revinientes.

Asimismo, los lectores de Calmet coinciden en subrayar el interés del tratadista por hacer un análisis de las circunstancias que favorecían el origen de las supersticiones en Europa y las diversas narraciones alrededor del tema, para contrarrestarlas al modo de los grandes disertadores; sin embargo, su trabajo fue un excelente compendio de las leyendas que él deseaba desterrar, aunque prevalecieron.

Veamos algunas de las más notables. Una de las más antiguas inspira ciertamente el opúsculo de Calmet cuando refiere que Charles Ferdinand de Schertz escribió e imprimió en Olmuz –en 1706– un pequeño trabajo intitulado Magia póstuma, dedicada al príncipe Carlos de Lorena, obispo de Olmuz y Osnabruch.

Relevante de la historia contada por Charles Ferdinand de Schertz –conforme al tratado de Calmet– es el siguiente episodio:

Había muerto en un pueblo una mujer. Se le habían administrado los sacramentos y se le enterró en el cementerio de manera ordinaria. Mas pasados cuatro días del suceso, los habitantes del lugar escucharon un gran ruido y un extraordinario tumulto, “y vieron un espectro que se aparecía, tanto bajo forma de perro como bajo forma de hombre, no a una persona sino a varias, a las que causaba grandes dolores, apretándoles la garganta y comprimiéndoles el estómago hasta sofocarlas; casi les rompía el cuerpo, y los reducía a una extrema debilidad, de suerte que se los veía pálidos, flacos y extenuados.”

El remedio contra estos revinientes era el método explicado por Voltaire: el fuego. Aunque en una narración posterior, atribuida al Conde de Cabreras en 1730 se notifica de un segundo procedimiento: cortar la cabeza. Pero tenemos uno más parecido al método adoptado por la literatura procede de la misma época, 1730, cuando un comisario hizo desenterrar a un reviniente y ordenó que con un clavo de gran tamaño le atravesasen las sienes y lo volvieran a enterrar en su tumba.

Cita Calmet el libro del Marqués d’Argens: las Cartas judías referentes a 1738 y alude a la carta 137 donde se menciona una epidemia de vampirismo ocurrida en Kisilova, aldea próxima a Belgrado, donde se solicitó la presencia de dos oficiales y un verdugo para erradicarla. Se abren las tumbas, y “cuando se llegó a la del anciano, lo encontraron con los ojos abiertos, de color bermeja, la respiración natural, aunque inmóvil como muerto; de lo que se concluyó que era un vampiro señalado. El verdugo le atravesó el corazón con una estaca, se hizo una hoguera, y redujeron el cadáver en cenizas.”

Por lo general, las historias de vampiros que cita Calmet deben atribuirse a una publicación o a algún personaje ilustre. Sin embargo las referencias históricas que permitieran una adecuada interpretación de las anécdotas pocas veces ocurren: o bien ha muerto el narrador o contador, o las referencias a los pueblos y personas que involucra la historia son imprecisos.

Esto no ocurre con Arnold Paul, heiduque de Medreïga en Hungría, quien fuera aplastado por un carro de heno cerca de 1729. Al mes de su muerte hubo cuatro fallecimientos súbitos, que debieron atribuirse al vampiro. En este caso fue sencillo identificar que el culpable era Arnold Paul, quien alguna vez había relatado que en una época de su vida había sido atormentado por un vampiro turco cerca de Cassova, en las lindes de la Servia turca.

Arnold Paul confió en la receta de que para curarse del hostigamiento de un vampiro debe comerse la tierra de su sepulcro y frotarse con su sangre. Y ahora él era un vampiro activo. Por ello la autoridad del lugar hizo que clavaran su corazón con una estaca, y se le oyó dar un espantoso grito. Luego, cortaron su cabeza y quemaron el cuerpo. Se hizo lo mismo con aquellos que Arnold Paul había atormentado.

Basten estas citas para subrayar la minuciosa colección de ejemplos que integran el trabajo de Calmet, donde se concentran ciertamente la mayor parte los comentarios y referencias de la primera mitad de su siglo respecto a las historias de vampiros.

Volver a la primera parte.

Fuente: http://www.revistainfotigre.com.ar

Tratado sobre los vampiros (por Dom Agustin Calmet) (1era Parte) - Artículos



Mucho se ha escrito acerca del Tratado sobre los vampiros del monje benedictino y exégeta francés Dom Agustín Calmet, de modo que no entraremos en opiniones subjetivas. Basta decir que la obra fue minuciosamente despedazada por Voltaire, quien acusó a Dom Calmet de candoroso, entre otras valoraciones menos simpáticas.

Dom Agustín Calmet escribió dos libros que analizan el tema de los vampiros, y que luego se fundieron en una sola obra monolítica: Disertaciones sobre las apariciones de ángeles, demonios, espíritus, resucitados, y vampiros de Hungría, Bohemia, Moravia, y Silesia (Dissertations sur les Apparitions des Anges, des Démons et des Esprits, et sur les revenants, et Vampires de Hongrie, de Boheme, de Moravie, et de Silésie).

El estudio fue publicado en 1746, y con el tiempo se transformó en una especie de Biblia de los vampiros, un compendio donde se reunía todo el saber -dudoso, por cierto- sobre los vampiros y sus andanzas en Europa oriental. Claro que los vampiros de Dom Calmet no siempre son los espectros necrófagos que uno esperaría encontrar. Por el contrario, muchas de las historias de vampiros vertidas en el tratado no pasan de meras anécdotas etílicas, como aquella en la cual un vampiro retorna al hogar, no para cebarse en la sangre de sus familiares, sino para exigir que se le siga colocando un plato en la mesa.

El Tratado sobre los vampiros -título que posteriores traducciones han considerado más oportuna- versa sobre estas cuestiones pueriles: apariciones mezquinas y vampiros de personalidad inocua. Veamos una de las descripciones de Dom Calmet sobre ellos:

(Los vampiros) "son hombres muertos desde hace un tiempo considerable, más o menos prolongado, que salen de sus tumbas e inquietan a los vivos, les chupan la sangre, se les aparecen, provocan golpes en sus puertas y en sus casas, y, en fin, a menudo les causan la muerte. Se les da el nombre de vampiros o de Upires, que significa en eslavo, según dicen, sanguijuela."

Hasta dónde sabemos, no existen versiones digitales completas del Tratado sobre los vampiros, al menos en español, de manera que les dejamos apenas un breve párrafo de la obra, y nos retiramos señalando el camino hacia cualquier buena biblioteca dedicada a estos confusos estudios.

Tratado sobre los vampiros, Dom Calmet.
-Fragmento-.

"...Quieres ser informado de todo lo que acontece en Hungría a propósito de algunos que resucitan y dan muerte a muchas gentes del país.

Puedo hablar de ello con fundamento, ya que he estado varios años en esas tierras y soy curioso por naturaleza. He escuchado muchas veces narrar historias infinitas, o hechas pasar por tales, sobre los espíritus y sus sortilegios, pero apenas he creído una sola. Sobre este punto conviene ser cauteloso, y siempre se corre peligro de resultar engañado. Hay, sin embargo, ciertos hechos que no se puede menos que creerlos. En fin, en cuanto a los resurrectos de Hungría el asunto es el siguiente:

Una persona enferma, pierde el apetito, adelgaza evidentemente, y al cabo de ocho, diez, a lo sumo quince días, muere sin fiebre, sin ningún otro síntoma fuera de la magrez y la extenuación.

Se dice comúnmente en esos países que ello proviene de un resucitado que le asalta y le chupa la sangre. La mayor parte de los atacados de este mal cree ver un espectro blanco que lo sigue por todas partes, como la sombra al cuerpo. Cuando estábamos acuartelados en el banato de Temeswar, entre los valacos, dos soldados de la compañía en la cual yo era corneta, murieron de este mal, y muchos también que estaban atacados habrían muerto, si un cabo de nuestra compañía no hubiera hecho cesar el mal con un remedio que suelen practicar los paisanos.

Es uno de los más singulares, y si bien es infalible, jamás lo he leído en ningún ritual. Escuche.

Se busca un joven que pueda creerse aún virgen: se le hace montar en pelo sobre un caballo que nunca haya sido apareado, y de pelo enteramente negro, y se le pasea por el cementerio pasando encima de todas las sepulturas; aquella sobre la que el animal se resista a pasar, no obstante forzárselo a ello con insistencia, se juzga que contiene un vampiro.

Se abre el sepulcro y allí se encuentra un cadáver tan carnoso y bello como si fuera un hombre en tranquilo, dulcísimo sueño; se rompe con una zapa el cuello del cadáver y brota en abundancia sangre viva y roja. Se juraría que el hombre que se degüella fuese de los más sanos y vivientes. Se cubre de nuevo la sepultura, con la seguridad que la enfermedad cesa, y cuantos estaban afectados de ella recuperan poco a poco las fuerzas, como personas extenuadas por una larga dolencia.

Así sucedió con nuestros soldados que estaban enfermos. Yo era en aquel tiempo comandante de la compañía, en ausencia de mi capitán y del lugarteniente, y me desagradó en extremo que sin mí el cabo hubiera hecho esa experiencia. Me contuve con esfuerzo para no obsequiarle con múltiples bastonazos, mercancía que se da a muy buen precio en las tropas del emperador. Hubiera pagado muchísimo por encontrarme presente en aquella operación, pero fue necesario tener paciencia."

Dom Calmet (1672-1757)

Ir a la segunda parte.

Fuente: elespejogotico.blogspot.com.ar

 
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