
Era su primera noche en el hospital. El bebé dormía en la cuna junto a ella. Había sido un parto difícil, aunque al final todo salió bien. La trasladaron a la sala de maternidad y allí le enseñaron a dar el pecho. Términos que eran totalmente nuevos para ella, como “meconio” o “calostro”, se le hicieron habituales en cuestión de minutos. Y a eso de las diez de la noche, luego de llorar durante casi todo el día, el bebé se durmió. “Ahora descanse, porque mañana será peor”, le sonrió la enfermera. Apagó la luz y se fue. Luisa quedó pensando en la oscuridad, meciendo de vez en cuando la cuna. Pensaba en el padre ausente, y en cómo diablos haría...