lunes, 7 de julio de 2014

El miedo a los payasos - Artículos



Desde las viejas cortes griegas y aún antes de eso los payasos han estado entre nosotros. De hecho, su naturaleza esencial no ha cambiado en absoluto. Son intérpretes de lo intangible, de lo que no puede verbalizarse sino a través de lo absurdo.

En realidad, la historia de los payasos es menos grotesca de lo que podríamos pensar. Si bien el arquetipo del Payaso Maligno (Evil Clown) hunde sus raíces en un pasado antiquísimo, su forma externa es relativamente moderna.

Uno de los primeros payasos siniestros de la literatura de hecho estuvo basado en un bufón real que causó alrededor de cien muertes. En la ficción se lo llamó Hop-Frog, y el encargado de darle forma narrativa fue nada menos que Edgar Allan Poe. Al parecer, su relato se basó en un incidente real durante una fiesta de disfraces del siglo XIV, en la cual el rey distribuyó disfraces confeccionados con un material peligrosamente inflamable, asunto que no pasó desapercibido por el bufón de la corte, quien aprovechó la ocasión de cobrar algunas deudas incendiando a prácticamente todos los asistentes a la fiesta.

Otros payasos conocidos, y anónimos, aparecen en las obras: La mujer de Tabarin (La Femme de Tabarin, 1874) del escritor francés Catulle Mendès, y en la famosa tragedia Pagliacci (payaso, en italiano) de Ruggero Leoncavallo. En ambos casos estamos en presencia de dos payasos asesinos.

Pero difícilmente podamos hablar de un arquetipo en personajes de tan reciente manufacturación. Para que algo provoque un horror universal se necesitan otros ingredientes, algo esencial e indefinible que nos perturbe a todos en mayor o menor medida.

Supongamos que se nos permite jugar un poco con alguien que sufra de Coulrofobia, es decir, miedo o fobia a los payasos; y le preguntemos exactamente qué es lo que le asusta de ellos. En general, los estudios que se han hecho sobre el tema resultan poco concluyentes. Algunos sostienen que lo que asusta es el maquillaje excesivo, la sonrisa roja y exagerada, la nariz redonda, el cutis blanco, la forma y el color del pelo; y finalmente están los que sienten un fuerte rechazo por la actitud "juguetona" de los payasos en general.

Con estos datos ya podemos trazar una idea general de por qué los payasos dan miedo.

En primer lugar, los niños son especialmente temerosos de un cuerpo familiar con un rostro desfigurado o sin rostro en absoluto. El maquillaje desproporcionado de los payasos no solo sirve para resaltar una hipotética actitud alegre, sino para ocultar su verdadero rostro. Cuando un niño ve un payaso repara poco y nada sobre los rasgos alegres enfatizados, y mucho en lo que esos rasgos ocultan. Esto mismo ocurre con todos los elementos que conforman al payaso: su cabello, ropa, y sobre todo su actitud. El aire juguetón de los payasos se advierte como un ingrediente de distracción que oculta sus verdaderas intenciones. Este miedo es perfectamente racional si observamos que todos los movimientos, la ropa y la forma de hablar son completamente desproporcionadas.

Pero el miedo a los payasos no surge espontáneamente. No es en modo alguno un condicionamiento social (aunque lo social siempre juega su parte) sino psicológico. El propio Carl Jung realizó un magnífico estudio acerca de la imagen del "Tonto" (Fool), es decir, del bufón, el arlequín y el payaso, dentro de la estructura arquetípica de los temores humanos. En él propone que la imagen de los payasos se acerca peligrosamente a la idea de demonio en casi todas las culturas.

Ahora bien, profundicemos un poco más sobre los aspectos psicológicos que convierten a los ya mencionados en un objeto amenazante.

En primer lugar, los payasos son "algo" integrado a partir de una desintegración. Ninguna de sus partes en sí mismas son completamente anómalas. Nada en él es irreconocible, ni fuera de lugar, ni esencialmente malévolo. Sin embargo, algo indefinible parece sugerir lo contrario. El problema radica en que nunca encontraremos nada en el payaso que explique el rechazo visceral que algunos sienten por él. La única forma de hallar el rastro de su aura macabra es profundizando en nosotros mismos, en nuestra propia psiquis.

Sin intenciones de alarmar innecesariamente a las personas influenciables, lamento decir que el payaso que nos asusta somos nosotros mismos, o al menos una parte de nosotros, a menudo oculta e inaccesible.

Nuestra mente se compone de círculos concéntricos de identidad sobre los que no tenemos ningún tipo de control. Una de esas identidades, tal vez la única completamente silenciosa, según Jung y Freud, es lo que normalmente se denomina Ello (Id), una representación casi idéntica de las características del payaso en nuestra psiquis.

El Ello es una identidad esencialmente ambigua que plantea los mismos interrogantes que podríamos proyectar sobre los payasos. ¿Qué es lo que nos asusta de ellos? ¿Qué es lo que nos parece fundamentalmente extraño? En principio, su personalidad. El payaso (y el Ello) son infantiles. Solo persiguen un objetivo: divertirse. Sin embargo, esa misma persecución del placer revela que los payasos (y el Ello) están animados por una fuerza interna, una especie de mal primigenio, básico y no siempre estrictamente malévolo.

Para alcanzar ese estado de placer del que hablamos no prescinden del dolor ajeno. Por el contrario, a menudo la diversión es parte necesaria del sufrimiento del otro. Las actitudes estrambóticas de los payasos y su voz estridente proyectan cierta agresividad, cierto desdén por los demás en favor de su propia diversión.

En cierta manera podemos pensar a los payasos como una combinación equilibrada entre maldad e inocencia. Esta misma combinación es la que subyace en los principios activos del Ello.

¿Dónde podemos encontrar al "payaso" que hay en nosotros? En realidad lo vemos más a menudo de lo que pensamos. Está presente en el humor negro, en la risa incontenible frente a la tragedia de alguien; ya sea ínfima, como la caída de un tercero en la vía pública, o en aquellas cosas que mueven a risa aún cuando sabemos que hay alguien que las está sufriendo.

Esa es la actitud del payaso. Esa es la actitud primordial de una parte nuestra. La única diferencia entre ambos es que el payaso no siente culpa. Actúa como un psicópata que no calcula la responsabilidad y el alcance de sus actos. Se burla sin ningún tipo de autocontrol. El payaso es, en definitiva, un reflejo de lo que podríamos hacer si no sintiéramos culpa. Tal vez por eso nos asustan.

jueves, 26 de junio de 2014

La famosa broma del payaso asesino - Videos



Un vídeo de la productora italiana DM Pranks se ha convertido en uno de los fenómenos del canal de vídeos de YouTube con más de 18 millones de reproducciones.

Imagina esta situación: Bajas a un estacionamiento solitario a recoger tu coche. Cruzas la puerta y al girarte ves a una persona tendida en el suelo, continuas observando detenidamente la situación con la sensación de que algo "extraño" esta pasando y te das cuenta que al lado del cuerpo se asoma un terrorífico payaso con un gran martillo, el cual se ve sorprendido mientras ejecuta su presunta víctima con la maza aplastándole la cabeza. Acto seguido te mira. Tú te quedas paralizado. Y de repente sale corriendo detrás de ti. Tú reacción la dejamos para tu imaginación.

Esta es una de las escenas preparadas por la productora italiana DM Pranks que realizó para grabar una broma un tanto macabra.

La misma fue subida al canal de vídeos de YouTube en mayo y ya lleva más de 18 millones de reproducciones convirtiéndose en viral.

Tal ha sido su éxito que este mes de junio lanzó una segunda parte en el que añadieron una motosierra a su personaje. Y también podrán verlo a continuación.

Según explicaron sus productores, la reacción habitual de las víctimas era salir corriendo. Tanto que una de ellas huyó a tal velocidad que nadie logró alcanzarla para explicarle que todo era una broma. Pero el actor que interpreta al falso payaso asesino también se jugó la vida cuando una de las víctimas de la cámara oculta en lugar de salir corriendo cogió un cuchillo que tenía en su coche y le preguntó quién era y qué hacía.


Primera parte


Segunda parte

martes, 24 de junio de 2014

Una noche en el hospital - Historias de terror



Al despertar sobre aquella cama en el hospital, lo primero que vino a mi mente fue el coche rojo apareciendo de súbito en la esquina, mi moto chocando y estallando en llamas cerca de un poste de luz. Recordé las interminables volteretas en el aire y finalmente el doloroso choque contra el asfalto mojado. Luego, la oscuridad.

Me incorporé de la cama y miré hacia los pies. Esperaba encontrar mi cuerpo cubierto de yeso, pero me sorprendió descubrir que ni siquiera tenía una escayola en el brazo. Había salido milagrosamente ileso del accidente, y apenas me dolía la cabeza, aunque sentía un leve mareo. Giré la vista hacia la ventana; pese a que las celosías estaban cerradas supuse que debía ser de noche, porque el hospital estaba en calma y no se escuchaba el bullicio habitual de un sanatorio durante las horas diurnas.

-Parece que fue un accidente con suerte- dijo una voz a mi derecha. Miré en esa dirección, y vi a un anciano recostado en la cama vecina, que leía un libro. Le dije que sí, que probablemente así había sido, y luego le pregunté si sabía cómo llamar a las enfermeras.

-Tienes un timbre ahí al costado- dijo el viejo, con gestos sorprendidos-. ¿Acaso le duele algo?.

-No, pero tengo sed. Mucha sed. ¿Hace mucho que estoy aquí?

-No tengo idea, amigo. A mí me trajeron esta mañana, y usted ya estaba en la sala.

Toqué timbre varias veces, pero la enfermera nunca apareció. De verdad estaba sediento, así que me levanté, me metí al baño y tomé agua del grifo. Cuando regresé, el viejo parecía dormido y su cuerpo flotaba, como un globo, a unos cuarenta centímetros de la cama. Comenzó a convulsionar. Cuando abrió los ojos vi que los tenía ensangrentados, y su rostro hacía muecas de dolor o sufrimiento. Salí de la habitación y cerré la puerta detrás de mí, con el corazón enloquecido en mi pecho. En ese momento, por el largo pasillo del pabellón, un paciente caminaba apoyado en un trípode. Tenía la bata abierta y había cosas que se movían en su espalda; volteó para mirarme, y su cara era un cráneo sin ojos. Corrí en dirección opuesta y me encontré con la sala de enfermeras al final del pasillo. No había nadie allí, aunque me llamó la atención que el lugar estuviese tan sucio y desordenado, como si no se usara durante años. Algunos azulejos habían caído de las paredes y el mueble del escritorio estaba cubierto de polvo y de trozos de mampostería desprendidos del techo. Ante mi desconcertada mirada, el lugar se fue haciendo más y más vetusto, las paredes se fueron cubriendo de moho, las luces del techo titilaron y luego se apagaron, más trozos de mampostería cayeron y algunos vidrios de los ventanales estallaron hacia adentro con un estridente chirrido. Seguí corriendo y me encontré con una escalera: la bajé a toda prisa mientras percibía que el hospital entero temblaba sobre sus cimientos, como si fuera a desplomarse de un momento a otro. Finalmente encontré la salida y me abalancé sobre ella. Corrí unos metros en la noche y luego me detuve y miré hacia atrás, pero mi sorpresa fue completa al descubrir que allí no había ningún hospital, sólo un terreno cubierto de pastizales tan altos como hombres.

Caminé unos pasos por la calle desierta, sin saber qué hacer. Enseguida me encontré con el vigilante del barrio que refugiado en su garita trataba de encender un cigarrillo.

-Hombre, no sabe lo que acabo de ver- le dije con voz temblorosa. El vigilante no me prestó atención, por lo que seguí caminando. Dos cuadras más adelante me topé con un grupo de personas reunido en la calle. Cuando me arrimé vi el coche rojo destrozado, y mi motocicleta hecha un amasijo de hierros retorcidos en la acera. Había un cuerpo inerte sobre una camilla, bañado por las luces intermitentes de la ambulancia. Me acerqué a tiempo para contemplar mi rostro ensangrentado y desfigurado, los ojos ya sin vida, antes de que uno de los paramédicos lo cubriera con una sábana.

Sucesos paranormales en hospitales - Historias cortas de terror



Las historias de terror en los hospitales son abundantes, enfermeras y médicos suelen relatar con mucha frecuencia sucesos paranormales que ocurren en sus centros de trabajo, historias que involucran a una variedad de fantasmas provenientes del más allá.

¿Por qué estos fenómenos son tan habituales allí? Según los investigadores de lo paranormal, se debe a que se trata de lugares claves entre la vida y la muerte, portales entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos.

El hecho de que las personas sufran sus últimos días de vida en estos sitios los hace puntos idóneos para energías negativas y malignas que repiten los eventos traumáticos que llevaron a la muerte a los pacientes, y atrapan a las almas en el espacio y el tiempo. Afortunadamente, también son lugares donde inicia la vida y, aunque de forma menos frecuente, es posible escuchar historias de seres benevolentes como ángeles y espíritus blancos que ayudan a los enfermos a curar sus enfermedades. Dale un vistazo a esta compilación de historias publicadas en un foro de enfermeras que relatan las inquietantes historias sobrenaturales que experimentaron en diversos hospitales.



No dejes que me lleven.

Es la historia sobre una practicante de enfermería que relató una noche en la cual fue asignada al área de oncología en el hospital donde solía trabajar. Allí le encargaron un paciente que estaba agonizando y que se mantuvo inconsciente durante varios días. En cierto momento del turno de noche, la enfermera entró en la habitación y vio al hombre en la parte superior de la cámara, este la miró y le dijo “No dejes que me lleven”. La mujer se asustó y le preguntó quien quería hacerlo, él le respondió, apuntando hacia arriba: la cosa negra que está flotando en el aire. El señor murió en cuestión de minutos.




Llamada desde la tumba.

Tuvimos un paciente que siempre estaba apretando el botón de llamada. Ya sabes, el tipo de persona que para todo requiere ayuda. Nosotras, las enfermeras, debemos tomar turnos durante las solicitudes de forma que a la primera llamada los enfermos sean atendidos de inmediato.

Trabajo de 7:00 p.m. a 7:00 a.m. El hombre murió alrededor de las 8:00 p.m. La expresión de su rostro era como diciendo “¡Cómo pudieron dejarme morir!”. Como si fuera nuestra culpa. En fin, la familia vino y se fueron alrededor de las 9 p.m. Cerca de las 22:00hs., el botón de llamada de la habitación comenzó a encenderse. Yo estaba allí – el botón se activaba cada 5 minutos.

Una de nuestras enfermeras es una mujer muy espiritual. Alrededor de las 2 de la madrugada, unas 4 horas luego de observar tal circunstancia extraña, Mary dijo: suficiente.

Bajó y prácticamente gritó en la habitación vacía: “Sr. X, usted ya ha muerto. No puede quedarse molestándonos más aquí. Váyase. En el nombre de Jesús, yo le exorcizo de este plano de existencia. Vaya a la luz y sea feliz”.

Y no bromeo, el botón de llamada se apagó desde entonces.



Hora de morir.

No sé si esto califica como una historia de fantasmas, pero aquí está. Yo estaba al cuidado de una niña de 12 años con anemia aplásica. Una semana antes de morir, todos los días, a las 12:15 p.m. solía sentir un escalofrió que recorría toda mi espalda y me ponía la piel de gallina. Le mencione esto a la enfermera del turno de noche, quien estaba convencida de que la niña moriría a esa hora.

Algunos días después, sus padres decidieron detener todos los tratamientos. Ella entró en coma. A las 12 del mediodía se despertó; me pidió que la sostuviera, dijo adiós a sus padres, abuelos y hermanos y murió en mis brazos. Fue exactamente a las 12:15 p.m.



Betty ha vuelto.

Trabajo como Enfermera Asistente Certificada (CNA) en atención a largo plazo para un asilo de ancianos. Tuvimos a una residente, su nombre era “Betty”, y era totalmente independiente, todas las actividades diarias las hacía por su cuenta y las realizaba muy bien, nunca tuvo un incidente. La única ocasión en que solicitaba ayuda era a la hora del baño, requería que alguien estuviera a su alrededor para asegurarse de que no resbalara y cayera.

Betty enfermó de neumonía y tuvo que ser hospitalizada. Cuando regreso, estaba demasiado débil para hacer las cosas por su cuenta, pero era demasiado terca como para pedir ayuda. Lo último que la CNA le dijo antes de irse de su cama fue “Si usted quiere levantarse, presione el botón de llamado. Vendré a ayudarla”. Por supuesto que no lo hizo, se deshizo de la alarma, salió de la cama y cayó. Betty murió a causa de la caída. Su cama estuvo vacía desde entonces.

Una semana después la luz de llamada de la habitación comenzó a encenderse. Pensando que era el residente de la cama B caminé a la habitación para ver que deseaba. Entré para observar que la luz de la cama B y A estaban apagadas, la luz encendida venía de la cama C (la cama de Betty). Mis ojos se llenaron de lágrimas, salí de la habitación e hice que otra persona apagara la luz de la cama.



No me dejen morir.

Realmente esto se trata más de una historia de posesión que de fantasmas. Estaba auxiliando a una enfermera con un paciente que había tenido una vida muy dura. Tenía muchas afecciones, desde enfermedades cardíacas hasta insuficiencia renal. Este hombre tenía mucho miedo de morir. Cada vez que el monitor de su corazón sonaba, entraba en un estado de euforia y rabia. “¡No me dejen morir!, ¡No me dejen morir!”. La otra enfermera y yo nos enteramos de las razones por las que no quería hacerlo.

Cerca de las 2 a.m. su monitor cardíaco empezó a avisar de una taquicardia ventricular. Ambos nos apresuramos a la habitación. Yo llevaba el desfibrilador detrás de mí. Cuando entre, la enfermera estaba completamente en blanco. El hombre se hallaba sentado por sobre 2 pulgadas encima de la cama y reía a carcajadas. Todo su aspecto había cambiado por completo. Sus ojos tenían una mirada de pura maldad y en su rostro asomaba una sonrisa siniestra. Él se río de nosotros y dijo: “Estúpidos, ¿Ustedes son los que no me dejaran morir?” y río nuevamente. Estábamos congelados. Logre salir del trance y presione el botón de Código Azul (el paciente requiere de atención especializada) y cuando hice esto, el hombre volvió a entrar en una taquicardia ventricular. Empezamos el proceso de resucitación, pero luego de 20 minutos se había ido.

Cinco minutos después de declarado como muerto, con el equipo de especialistas aún en la habitación, este hombre se sentó arriba de la cama y dijo “Tú me dejaste morir. Qué pena”. Y luego comienza a reír. El hombre se desploma de nuevo en la cama y en seguida escuchamos un terrible grito de agonía (realmente todos los pacientes de esa noche en la unidad comentaron sobre el grito), y luego se pudo escuchar un susurro de “no me dejen morir” por toda la unidad. Cada una de las enfermeras de esa noche estaba pálida y asustada. Nadie quería moverse de su lugar sin compañía. Por la mañana los susurros se habían ido. Las practicantes del turno nocturno realizaron un servicio de oración en la sala de descanso antes de irnos a casa y luego todos tuvimos pesadillas durante semanas.

miércoles, 11 de junio de 2014

La historia detrás de "The Conjuring" ("El Conjuro", "Expediente Warren") - Artículos



"The Conjuring" es una película que llegó a nuestras salas de cine traducida como "Expediente Warren" o "El Conjuro", en la que se nos narra una historia basada en hechos reales. Sin embargo podemos observar cambios sustanciales con respecto a la historia original. Fue creada a partir de los extraños acontecimientos que rodearon el hogar de la familia Perron a finales de los años 70, y en la pareja de demonólogos que investigó los sucesos, Edward y Lorraine Warren. También existe un libro acerca del caso titulado "Casa de la Oscuridad, Casa de la Luz" que fue publicado en el año 2011.

El matrimonio (Roger y Carolyn) y sus cinco hijas (Andrea, Nancy, Christine, Cynthia y April), habitó en su casa de campo de Harrisville (Rhode Island) durante una década, entre 1970 y Junio de 1980. La familia afirmaba que la casa estaba habitada por varios espíritus, algunos de los cuales podían resultar peligrosos o violentos. En una entrevista hace pocos años sostuvieron que los espectros parecían especialmente enfadados con la señora Perron, quien sufrió extrañas heridas en varias ocasiones.

Sus testimonios hablan de sonidos inexplicables, puertas que se cierran y abren de golpe, voces que parecen producirse desde otra habitación y de una silla del vestíbulo que se movía sola. A todo esto se le suma los ruidos povocados cada noche en la puerta principal, como si alguien invisible estuviese llamando.

El único fenómeno visual que experimentaron fue una rara niebla azulada que cruzó el salón, ante la atónita mirada del matrimonio.

La presencia más inquietante correspondía a una supuesta bruja del siglo XIX llamada Betsabé Sherman, a la que los Warren identificaron como el espíritu más peligroso de la casa, y el cual se cree sacrificó a su propio hijo al demonio. El hecho de que utilizase una aguja de tejer para hacerlo y que en la pantorrilla de la señora Perron apareciese misteriosamente una herida de perforación dio a los Warren una pauta para asegurar que fue obra de ella, por la similitud de la herida en la pierna con la que dejaría tal instrumento. Carolyn describió a esta entidad como una mujer con el cuello roto y la cabeza siempre inclinada de lado, con una cara espantosamente deforme en la que no se distinguían ojos ni boca.

La antigua residencia fue vendida tras una explosión de la caldera, pero aun se mantiene en pie. Según cuenta la familia, la persona encargada de las obras de restauración huyó de la casa dejando atrás sus herramientas, las cuales nunca reclamó. Curiosamente, el matrimonio con sus hijos no quisieron abandonar la casa hasta que fuese "limpiada" por un sacerdote, ya que en ella habían ocurrido demasiadas muertes y suicidios en el pasado. De todas formas no todos los espíritus eran malvados o violentos.

El exorcismo no terminó con las presencias, ya que posteriores dueños de la casa han vivido en mayor o menor medida algún suceso inquietante, y nadie parece querer quedarse mucho tiempo en un lugar tan misterioso e inquietante.

jueves, 5 de junio de 2014

"The cat with hands" (El gato con manos) (Corto 2001) - Videos de terror


Corto escalofriante dirigido por Robert Morgan, creado a partir de una pesadilla de su hermana mayor.

El video cuenta la leyenda de un gato que quería convertirse en humano.

Versión subtitulada:


Versión original (en inglés pero con mejor calidad):


Y por último les dejo un extra muy interesante. Se trata del video piloto:


miércoles, 4 de junio de 2014

"El Necronomicón astral" ¿vínculo entre Lovecraft y Aleister Crowley? - Artículos



El ocultista británico Kenneth Grant plantea una hipótesis tan interesante como deliciosamente irracional.

En su libro de 1972, "El renacimiento mágico" (The Magical Revival), Grant teoriza sobre una posibilidad inquietante: que el escritor norteamericano H.P. Lovecraft y el ocultista inglés Aleister Crowley, en realidad escribían sobre las mismas entidades monstruosas; el primero en su celebre Mitos de Cthulhu, y el segundo en distintas obras esotéricas.

El resultado de esta hipótesis, a la que no le faltan ingredientes escabrosos, apunta hacia la existencia etérea de un manuscrito que contiene toda la historia del universo.

Para explicarnos en detalle debemos retroceder en el tiempo e indagar en esta supuesta conexión entre H.P. Lovecraft y Aleister Crowley.

Las experiencias sobrenaturales de Kenneth Grant comienzan en 1939, durante la Segunda Guerra Mundial; época en la que recibe "mensajes" de una entidad no humana llamada S'lba. En 1944, ya a salvo de las vicisitudes de la guerra, Grant, de veinte años de edad, conoce a Aleister Crowley, que contaba con sesenta y nueve, y rápidamente se convierte en su mentor. De él aprende los arcanos de una fe antiquísima, tan antigua como el más remoto de los lunáticos, asimilando además una sensibilidad que supuestamente le permitía entrar en contacto directo y discrecional con diversas entidades extrahumanas.

Tras la muerte de Aleister Crowley, Grant se convierte en la cabeza de otra secta de corte esotérico: "la Orden Tifoniana", cuyo profeta era nada menos que H.P. Lovecraft.

Habiendo conocido en persona a Aleister Crowley, y acaso a H.P. Lovecraft, Kenneth Grant comenzó a esbozar una idea que iría ganando terreno en su círculo de adeptos: que Aleister Crowley, hombre vigoroso que vivía su fe en criaturas preternaturales con total decisión, era en realidad el extremo opuesto de un mismo principio, en este caso, narrativo, soñado por H.P. Lovecraft.

Ambos, según Grant, se acercaron a la misma realidad, las mismas criaturas amorfas, las mismas arquitecturas demenciales, sólo que eligieron caminos distintos para llevarlas al plano de la realidad. El primero escribió sobre ellas de un modo directo, mientras el segundo, mediante los sueños y la literatura.

La conexión Crowley-Lovecraft es de naturaleza etérea, sutil, ya que no se conocieron personalmente; aunque ambos estaban familiarizados con la obra del otro. Grant sostiene que Aleister Crowley y H.P. Lovecraft no sólo aludieron a las mismas fuerzas oscuras, sino al mismo manuscrito cósmico en donde quedan registradas, con total crudeza, las realidades, mundos, civilizaciones y criaturas que hierven en el universo desde que éste emergió de la noche primigenia.

A este manuscrito, similar en su concepción a los Archivos Akásikos, lo llamó "el Necronomicón Astral" (The Astral Necronomicon).

Existen dos formas de acceder a ese saber prohibido: mediante la meditación profunda (Aleister Crowley) y a través de sueños autoinducidos (H.P. Lovecraft).

H.P. Lovecraft, debido a su constitución racional y lógica, se habría escandalizado frente a esta teoría, aunque en el terreno práctico no hubiese tenido alternativa más que admitir que el origen de sus Mitos de Cthulhu son nétamente oníricos.

La idea de que cada hebra del universo vibra en todos los átomos, y que su historia puede rastrearse tanto en una mota de polvo estelar como en las células epidérmicas que se renuevan por millones a cada día, no es nueva, e incluye a hombres de la talla de Emanuel Swedenborg y William Blake. La constitución física del hombre, pensada únicamente para desarrollarse en la Tierra, también puede acceder a esa Totalidad al silenciar su conciencia, ya sea a través de la meditación o del sueño, abriéndose con nuevos sentidos a una impresión indeleble que habita incluso en él mismo.

El poeta traerá esas visiones a su realidad banal y las imprimirá en su obra mediante imágenes que, a simple vista, parecen irracionales, imposibles, que repugnan a la razón, pero que bajo ciertos estados emocionales pueden penetrar en nosotros como un viento frío que sacude los postigos o el lamento de un perro en la distancia, es decir, cosas y sonidos naturales que repentinamente se tornan ominosos sin una razón aparente.

El mago, por su parte, llevará las visiones con un espanto aún mayor, ya que no las cree un producto de su imaginación subconsciente, sino como jirones de una realidad inabarcable para su intelecto pugnando por adueñarse de su personalidad.

Los hechos: H.P. Lovecraft y Aleister Crowley escribieron sobre lo mismo pero con diferentes nombres, así como tú y yo pensamos en rosas distintas si alguno de los dos dice la palabra "rosa". Ambos sabemos a qué nos referimos, aunque las texturas, el volumen y la tonalidad de nuestras flores discrepen por completo.

Jamás sabremos a ciencia cierta si sobre lo que consideramos "real" existe un infinito universo de posibilidades, incluso ocupando el mismo espacio que nosotros; y al que algunas mentes, excesivamente despiertas, pueden acceder para acercarnos sus maravillas con total -o nula- discreción.

Autor: Lord Aelfwine de "El Espejo Gótico" (blog)

"The magical revival" (El renacimiento mágico) por Kenneth Grant (Libro prohibido) - Artículos



"El renacimiento mágico" (The Magical Revival) es un libro prohibido del ocultista británico Kenneth Grant, publicado en 1972.

Este libro maldito es el primero de la Trilogía tifoniana (Typhonian Trilogy), seguido de "Aleister Crowley y el dios oculto" (Aleister Crowley and the Hidden God) y "Cultos de la sombra" (Cults of the Shadow).

Recordemos que de hecho existe una Orden Tifoniana, y que H.P. Lovecraft es considerado como un profeta.

Este libro desarrolla una teoría muy extraña, pero que sin embargo ha ido ganando adeptos con el pasar de los años.

Kenneth Grant propone que el autor de los Mitos de Cthulhu, H.P. Lovecraft, no fue en realidad un escritor de magníficas y horrorosas ficciones, sino una especie de psíquico que presentó sus revelaciones a través de la narrativa.

Más aún, "El renacimiento mágico" plantea un vínculo entre H.P. Lovecraft y Aleister Crowley, uno de los ocultistas más célebres de la historia.

Según Kenneth Grant, tanto H.P. Lovecraft como Aleister Crowley conocían los mismos reinos abisales del cosmos, aunque cada uno expresó sus impresiones a través de distintas vías.

Fuente de información: El Espejo Gótico (blog)

lunes, 2 de junio de 2014

"La ciencia secreta de la magia" por Idries Shah (Libro prohibido) - Artículos



"La ciencia secreta de la magia" (The Secret Lore of Magic) es un libro prohibido del inveatigador persa Idries Shah, publicado en 1957.

Se trata de un minucioso estudio de la magia y distintos grimorios y libros malditos relacionados con ella. Junto a otro texto fundamental de Idries Shah, titulado Magia Oriental (Oriental Magic), este compendio es uno de los más interesantes abordajes antropológicos sobre el tema de la literatura arcana.

Los hechizos y la magia negra vienen practicándose desde el amanecer de los tiempos. Los libros que contienen estos saberes antiquísimos, llamados Libros Negros (Black Books) por Idries Shah, conforman una especie de canon de las tinieblas; una biblioteca oscura y siniestra que nunca permanece quieta.

"La ciencia secreta de la magia" examina de cerca los grandes libros esotéricos de la historia, entre ellos: El libro de los espíritus (Book of the Spirits), Armadel (Armadel), Clavicula Salomonis, Lemegeton Clavicula Salomonis y El grimorio de Honorio.

Idries Shah sostiene que toda práctica magia que habita al margen de las religiones dominantes es forzada, casi por desplazamiento, a ocupar un rol vacante y necesario para el normal desarrollo de las fantasías colectivas. En otras palabras, que cuando una institución se apropia de la Verdad, cuando la hace únicamente suya, el resto de las creencias son precipitadas a una especie de lado oscuro del paganismo; donde el bien y el mal a menudo convergen en un mismo nombre impronunciable.


Fuente: Blog El Espejo Gótico.

viernes, 30 de mayo de 2014

La Maldición de Carmen Winstead - Historias de terror




Cuenta la leyenda que un grupo de amigas queriendo gastar una broma a una de sus compañeras de curso la tiraron por el hueco de una alcantarilla. La chica se partió el cuello en la caída y desde entonces comenzaron a suceder cosas extrañas…

Finalizada la hora del almuerzo, la maestra les comunicó a los colegiales que la junta directiva había planificado un simulacro de incendio en el que todos debían participar.

Poco después sonó la alarma y los alumnos salieron para reunirse en el patio. Era un día caluroso, con el cielo despejado y un sol que hacía arder la piel, llenando las frentes de los estudiantes con pequeñas gotas de sudor.

La maestra comenzó a leer la lista de nombres. Todos alzaban la mano y decían “presente” de forma mecánica, consumidos por el aburrimiento. Sin embargo, una de las chicas que estaba en un grupo de cinco amigas concentró la atención en Carmen (una compañera de clase) que se hallaba de pie junto a la alcantarilla destapada desde hacía semanas. Aún faltaba bastante para que la maestra leyera su nombre. Sus ojos brillaron. Carmen estaba entre las últimas de la larga lista organizada en orden alfabético: ¿qué pasaría si cayera en la alcantarilla justo cuando la llamaran? pensó, podrían corear "está en la alcantarilla" y entonces todos reirían a carcajadas y la pobre Carmen sería el hazme reír. Quién sabe, incluso podrían terminar por bautizarla como “La Chica de la Alcantarilla”. La oportunidad de romper el aburrimiento y hacer historia era perfecta, así que les comunicó discretamente la idea a sus cuatro amigas y todas empezaron a arrimarse en torno a Carmen, fingiendo torpeza para empujarla y hacerla caer sin que aquello pareciese premeditado…

La maniobra fue perfecta, Carmen apenas emitió sonidos de queja mientras caía y, cuando escucharon su nombre, las cinco chicas empezaron a gritar: “¡está en la alcantarilla¡ ¡está en la alcantarilla!”.

Un mar de carcajadas se desató, pero las risas empezaron a silenciarse cuando la maestra se acercó a ver y, antes de que emitiera palabra alguna, se giró y miró a todos con una mueca impregnada de angustia y terror. La situación no inspiraba risa: Carmen había caído de cabeza en el hueco y al aterrizar su cabeza se había torcido hacia un lado en una posición totalmente imposible, su cara no tenía piel después de haberse raspado contra las paredes de la alcantarilla y poseía una mueca espantosa como si hubiera tratado de gritar y no hubiese tenido el tiempo suficiente. La sangre se dispersaba en un charco que se mezclaba con el excremento húmedo y maloliente que impregnaba todo su cuerpo.

Las cinco chicas se acercaron a ver. Una lágrima asomó tímidamente en la mejilla de la autora de la broma mientras sus ojos atónitos contemplaban como una gorda cucaracha yacía sobre lo que alguna vez fue el rostro de Carmen, moviendo sus antenas como para ver si todo estaba bien. Pero nada estaba bien, ella y cada una de sus amigas se sintieron como uno de esos repulsivos insectos cuando la Policía vino y determinó que Carmen tenía el cuello roto y estaba muerta. Según deducían, al caer Carmen se golpeó con las escaleras metálicas, de tal forma que perdió la cara y después se rompió el cuello al estrellarse contra el cemento.

Minutos posteriores se llevaron el cadáver de Carmen, acompañado por una procesión de moscas cuyos zumbidos eran casi el único ruido en medio del fúnebre silencio. Ese día hubo un interrogatorio a continuación de clases. Todos debían ir.

Las cinco chicas dijeron que se trató un accidente y que habían sido testigos del mismo. La Policía les creyó y el caso de Carmen Winstead se cerró, pero algo aún más siniestro había comenzado…

Meses después, compañeros de clase de la alumna fallecida empezaron a recibir correos electrónicos que se titulaban “La tiraron” y afirmaban que a Carmen la habían empujado, tratándose de un asesinato y no de un accidente como afirmaban. También mencionaban que los culpables debían asumir la responsabilidad del crimen, pues de lo contrario habría terribles consecuencias. La mayoría pensó que los correos eran una farsa elaborada por alguien que quería divertirse causando temor, pero otros no estaban tan seguros.

Transcurridos unos pocos días tras la cadena de emails, la chica que ideó el plan para ridiculizar a Carmen estaba bañándose cuando de pronto oyó una extraña risa. Cerró el grifo para oír mejor: la misma parecía venir del interior de la ducha. ¿Acaso se estaba volviendo loca? Aterrada, se secó rápidamente, se vistió y se fue a dormir más temprano que de costumbre. Cinco horas después su madre se despertó al oír un portazo en la puerta de entrada. Su hija no estaba en la habitación ni en lugar alguno de la casa. Llamó a la Policía, pero los agentes poco podían hacer al respecto, ya que no se podía interponer una denuncia en personas desaparecidas hasta que transcurrieran 48 horas, aún así prometieron a la desconsolada madre patrullar las calles cercanas para encontrarla. La búsqueda de familiares y amigos tampoco tuvo éxito y la chica no apareció aquella noche.

La mañana siguiente mientras el conserje del colegio limpiaba las hojas secas del patio, se encontró que la tapa de la alcantarilla (que habían vuelto a colocar después de producirse la trágica muerte de Carmen) había sido levantada y apartada a un lado. Al asomarse descubrió algo realmente escalofriante. Al parecer la chica desaparecida se había lanzado de cabeza por el conducto después de retirarla y se encontraba en el fondo con el cuello roto y la cara destruida, borrada por los golpes que se había dado al caer. Una muerte idéntica a la que sufrió Carmen.

El mismo destino les esperaba a las otras cuatro cómplices del fallecimiento de Carmen. Tras la muerte de las dos primeras un equipo del ayuntamiento soldó la tapa de la alcantarilla para que nadie más pudiera abrirla. Sin embargo eso no pareció impedir a la tercera víctima arrancarla del suelo, algo que requería una fuerza sobrehumana. Por supuesto esa fue la gota que colmó el vaso y se decidió colocar vigilancia las 24 horas del día en ese peligroso punto de encuentro para “suicidas”.

Las dos víctimas restantes murieron de la misma forma, pero en esta ocasión el espíritu de Carmen las guió hasta las alcantarillas cercanas a sus domicilios, la vigilancia podría frustrar sus planes. Una por una cayeron en los pozos, perdiendo el rostro y rompiéndose el cuello. Todas se habían quedado dormidas antes de su trágica muerte. En ese momento de mayor vulnerabilidad, Carmen aprovechaba para poseer sus cuerpos y encaminarlas como si se tratara de un caso de sonambulismo, hacia una muerte tan cruel como la que ella había sufrido. Un destino atroz en el cual podían sentir todo lo que ocurría aunque no tuviesen control sobre su cuerpo.

Pero la cadena de muertes no se detuvo ahí. Posteriormente más compañeros de clase fueron encontrados sin vida en distintas alcantarillas, con las mismas características que el trágico final de Carmen. Además, como había sucedido con las últimas dos chicas del grupo de amigas, fueron conducidos mientras dormitaban antes de aparecer muertos.

Resultaba muy inquietante pensar que todos esos ellos no habían creído en los correos electrónicos que afirmaban que Carmen fue empujada. ¿Acaso su espíritu se estaba vengando? ¿Podría eso explicar muertes tan extrañas en las que no se entendía cómo diablos los cuerpos habían ido a parar a la alcantarilla sin que nadie advirtiese con claridad el rumbo que las víctimas tomaban antes de ser asesinadas? El fantasma de Carmen Winstead andaba suelto y, quien no creyese que fue empujada, corría el riesgo de ser castigado con una muerte semejante a la que tuvo, durante las horas de sueño y con un sigilo que solo se rompería al caer por la alcantarilla…

. NOTA: Esta leyenda reciente, se empezó a propagar en el año 2006 mediante una cadena de correos en los que afirmaban que si no enviabas la historia a tus amigos Carmen Winstead regresaría del mundo de los muertos a por ti, por no creer su historia. Actualmente está resurgiendo en Estados Unidos gracias a cadenas efectuados a través de publicaciones en los muros de Facebook.

 
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